Hernández de Cos y Knot se disputan el BCE: el Eurogrupo examina sus candidaturas

Los ministros de Economía de la eurozona abren el proceso sin decisión prevista y trasladan la negociación a la cumbre del 26 y 27 de noviembre. La salida anticipada de Schnabel y el final del mandato de Lane amplían el reparto de puestos.

El Eurogrupo examina este lunes las candidaturas de Hernández de Cos y Klaas Knot a la presidencia del BCE. Sin votación, sin foto de familia y sin ganador. Los ministros de Economía de la eurozona se reúnen en Bruselas para un primer intercambio de opiniones sobre la sucesión de Christine Lagarde, según adelanta Expansión.

El plazo para presentar candidaturas se cerró el viernes con dos nombres y ningún tapado: el exgobernador del Banco de España y el exresponsable del banco central neerlandés. Ambos acumulan currículum de primera fila y un problema idéntico. Ninguno tiene amarrado el apoyo de los Veintisiete.

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Dos candidatos para un relevo con tres huecos

La hoja de ruta comunitaria fija dos hitos. El primero, la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del 26 y 27 de noviembre, donde se busca un acuerdo político. El segundo, cerrar el nombramiento formal antes de que termine el año, con consulta previa al Parlamento Europeo y al Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo.

El margen es estrecho. Lagarde comunicó el 29 de octubre su intención de abandonar el cargo antes del 7 de febrero de 2027, casi nueve meses antes de que expirase su mandato. Quien salga designado tendrá unas semanas para instalarse en Fráncfort antes de la primera reunión de política monetaria del ejercicio.

Y no es el único hueco. La salida anticipada de Isabel Schnabel en enero y el final del mandato del economista jefe, Philip Lane, en mayo dibujan una renovación en bloque de la cúpula. Los gobiernos pueden negociar los tres puestos de forma conjunta si eso desatasca el acuerdo, según ha explicado un alto funcionario europeo.

La sucesión del BCE no la decide un discurso: la cierra un reparto de equilibrios entre capitales que llevan meses moviendo ficha.

Dos perfiles y una votación que es política

Hernández de Cos llega con el aval de seis años al frente del Banco de España, hasta 2024, y una trayectoria volcada en la supervisión y en la política macroprudencial. Su etapa estuvo marcada por la defensa de los colchones de capital bancario y por la vigilancia sobre el crédito. En Bruselas se le atribuye un talante institucional y previsible, virtud en un cargo que se juega buena parte de su credibilidad en la comunicación.

Knot, que dirigió De Nederlandsche Bank, se ha labrado fama de técnico riguroso y de voz incómoda en los debates monetarios. Los analistas lo sitúan habitualmente en el ala más restrictiva del consejo, lo que en un ciclo de inflación condicionada por la energía no es un detalle menor.

La decisión final corresponde a los jefes de Estado y de Gobierno, que se pronuncian por mayoría cualificada tras consultar al Parlamento Europeo. España nunca ha presidido la institución; Países Bajos tampoco. En un consejo de gobierno donde Alemania está a punto de perder a su consejera y varios gobiernos pugnan por colocarse, el nombre que salga dependerá tanto del perfil del candidato como del mapa de equilibrios que cada capital quiera recomponer.

Al margen del relevo, el Eurogrupo revisará la salud de la eurozona con la mira puesta en el encarecimiento de la energía y su traslado a la inflación y al crecimiento, mientras la Comisión Europea ultima sus previsiones de otoño. El Ecofin abordará la reforma de la fiscalidad del tabaco, con tipos mínimos más altos y extensión a nuevos productos de nicotina, y debatirá con Mark Rutte la eficiencia del gasto en defensa. Habrá hueco además para el euro digital, el sector bancario, el coste de la guerra en Ucrania y la simplificación normativa.

Por qué este relevo pesa más que un nombre

La presidencia del BCE no es un cargo técnico más. Define el tono con el que la institución interpreta su mandato, marca la velocidad de las rebajas de tipos y decide cuánta paciencia se concede a los gobiernos acostumbrados a financiarse barato. Con la energía otra vez en el centro del debate, el próximo presidente heredará un consejo dividido entre quienes leen el encarecimiento como un shock transitorio y quienes ven un riesgo de persistencia. Elegir a un tecnócrata de la estabilidad financiera o a un halcón ortodoxo no es lo mismo, y el mercado lo descontará en cuanto haya fumata blanca.

Me parece, y no es una impresión aislada en Fráncfort, que el Eurogrupo llega a esta cita con más urgencia que convicción. Si la cumbre de noviembre termina sin acuerdo, el proceso se solapa con el cierre del ejercicio y con el resto de nombramientos pendientes. La experiencia de 2019, cuando el paquete de altos cargos europeos se cerró en una cumbre maratoniana, advierte de que estos asuntos se resuelven por cansancio mutuo más que por entusiasmo.

Queda una pregunta que el Eurogrupo no va a resolver este lunes: si el nuevo presidente será capaz de sostener la cohesión de un consejo donde las sensibilidades sobre tipos conviven con dificultad. La primera prueba llegará en el primer consejo de política monetaria de 2027, con Lagarde ya fuera. Hasta entonces, cada declaración y cada cena de trabajo contarán. Las cumbres se ganan en los pasillos.


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