El precio de la gasolina ha caído casi un 11% en el último mes. El del diésel, en cambio, ha vuelto a subir hasta rozar los 1,9 euros por litro, de modo que llenar un depósito medio de 55 litros ya cuesta más de 104 euros.
La gasolina se desinfla y el diésel se pega a los 1,9 euros
Los carburantes en España llevan semanas moviéndose en direcciones opuestas. La gasolina de 95 octanos encadena varios recortes y acumula un abaratamiento cercano al 11% en el último mes, según la serie de precios medios que vienen publicando cabeceras como La Voz de Galicia y 20minutos. El gasóleo A, el que se reposta en cualquier surtidor de carretera, ha hecho exactamente lo contrario.
Después de varias semanas de tregua, el precio del diésel ha vuelto a repuntar y se queda a céntimos de la barrera psicológica de los 1,9 euros por litro, una referencia que ya recoge El Periódico de la Energía. Traducido a un depósito corriente de 55 litros, eso son más de 104 euros cada vez que se apura el indicador de reserva. El umbral de los cien euros por depósito, que ya se vio durante la crisis energética de 2022, vuelve a estar sobre la mesa.
En la gasolina la película es distinta. Un recorte de casi el 11% sobre el precio por litro equivale a algo más de 11 euros menos en ese mismo depósito de 55 litros. No es un alivio menor para quien usa el coche a diario, aunque llega después de varias semanas en las que el surtidor se ha notado en la economía doméstica.
Conviene precisar qué significa ese 11%. Los medios que siguen la serie semanal comparan el precio medio del litro con el de hace cuatro o cinco semanas, no con el de ayer. El dato, por tanto, describe una tendencia sostenida y no el movimiento puntual de una sola estación de servicio.
La distancia entre los dos carburantes no es un capricho estadístico: es la foto de un mercado donde la oferta de gasóleo se ha quedado corta en Europa.
Por qué el crudo baja y el surtidor no siempre lo acompaña
La pregunta se repite cada vez que el barril se hunde y el panel de la gasolinera apenas se inmuta: si el petróleo baja, ¿por qué no baja la gasolina con la misma fuerza? La respuesta tiene dos capas visibles y una tercera que casi nunca aparece en los titulares.
La primera es el tiempo. Los precios de venta al público se construyen sobre cotizaciones mayoristas que se fijan con días de desfase, así que un desplome del crudo tarda en llegar al surtidor. La segunda es el crack de refino, el margen que se queda la refinería entre el crudo que compra y el combustible que vende. Ese margen no se comporta igual en la gasolina que en el gasóleo, y en los últimos meses ha jugado en contra del diésel.

Hay una razón estructural detrás. Europa ha ido cerrando capacidad de refino durante la última década y las existencias de gasóleo se han movido en niveles ajustados. Cada tensión geopolítica, cada parón de una planta o cada frío adelantado se traslada antes al mercado del diésel que al de la gasolina. El gasóleo mueve camiones, autobuses y maquinaria: su demanda es menos elástica y digiere peor los sustos.
El impuesto fijo que amortigua el alivio en el surtidor
La tercera capa es la fiscal, y es la que menos titulares produce. El Impuesto sobre Hidrocarburos se aplica como una cantidad fija por litro y no como un porcentaje: ronda los 0,38 euros en el gasóleo y los 0,47 en la gasolina, a los que se suma el 21% de IVA sobre el conjunto. Cuanto más pesa esa parte fija, menos se nota en el precio final cualquier variación porcentual del producto refinado.
Dicho de otro modo: de los 1,9 euros que cuesta hoy un litro de gasóleo, más de un tercio son impuestos. Por eso una caída del 10% en la cotización internacional se convierte en un descenso de apenas el 7,5% en el surtidor. Y por eso también las subidas se quedan pegadas al panel durante más tiempo del que dictaría la aritmética del crudo.
El umbral de los 100 euros importa porque el diésel sigue moviendo la economía real: el transporte de mercancías, el reparto de última milla, y la maquinaria agrícola que reposta gasóleo B bonificado. Cuando este combustible se encarece y la gasolina se abarata, el efecto no es simétrico. El primero encarece el coste de producir y distribuir casi todo lo demás; la segunda alivia el bolsillo particular de quien va al trabajo en coche.
He visto pasar tres ciclos así desde 2008 y el patrón se repite: el diésel tarda más en bajar, baja menos y vuelve antes a la casilla de salida. La diferencia de esta vez es que el abaratamiento del crudo coincide con un refino europeo en cuadro, lo que deja al gasóleo con menos margen de maniobra del habitual.
El riesgo inmediato no es el crudo. Es el mercado del gasóleo de calefacción, que en el norte de Europa empieza a tirar de inventarios con la llegada del frío y que compite por la misma molécula que el diésel de automoción. Si ese tirón coincide con cualquier parón de refino, el gasóleo tiene recorrido para instalarse por encima de los 1,9 euros sin que el barril se mueva un céntimo.
Para el lector que solo quiere saber cuándo le toca pasar por caja, la referencia práctica son los precios medios que publica cada semana el Geoportal de Gasolineras, el registro público donde se consultan las tarifas de todas las estaciones de servicio. Ahí se ve la horquilla real entre una gasolinera de autopista y una de polígono, que en diésel puede superar los 15 céntimos por litro.
La incógnita real no es cuándo volverá el diésel por debajo del euro y medio, sino si la brecha entre gasolina y gasóleo se cierra antes de que acabe el año. Con el refino europeo como está, apostaría a que no. Y mientras tanto, el depósito de 55 litros seguirá por encima de los cien euros.




