Las semillas y los cabellos confirman el cannabis como ritual escita hace 2.800 años en Siberia

El análisis de cannabinol en cabello humano, publicado en Science, sitúa el consumo psicoactivo a principios del siglo VIII a.C. dentro de un complejo funerario del valle de Uyuk, en Tuvá.

El cannabis ritual escita ya tiene su prueba directa más antigua: cabellos y casi 1.500 semillas recuperados en un túmulo de Siberia. Un equipo del Instituto Max Planck ha identificado cannabinol, el compuesto en que se degrada el THC, en muestras de pelo humano depositadas junto a los difuntos hace unos 2.800 años. El trabajo se publica en la revista Science.

El escenario es Tunnug 1, un complejo funerario del valle de Uyuk, en la república rusa de Tuvá, al sur de Siberia. Allí se levanta un kurgán, el túmulo característico de la cultura escita, cubierto de piedras y rodeado de caballos sacrificados que los investigadores describen como una cabalgata funeraria. Bajo ese manto aparecieron ataúdes de madera, estructuras de entierro, y ajuares. Y semillas. Muchas semillas.

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Casi 1.500 semillas y cabello con cannabinol en el kurgán de Tunnug 1

El recuento arqueobotánico habló de casi 1.500 semillas de cannabis. De ellas, 965 se conservaban completas o pudieron recogerse a mano, y 516 aparecieron fragmentadas. Su morfología apunta a variedades silvestres, no necesariamente domesticadas: plantas que, según los autores, podrían haber producido concentraciones relativamente elevadas de compuestos activos. La datación por radiocarbono sitúa el depósito a principios del siglo VIII a.C., coincidiendo con la construcción del sitio.

Pero el dato que cierra el argumento no está en las semillas. Está en el pelo. En las tumbas se recuperaron muestras de cabello humano que conservaban cannabinol, el marcador químico del consumo de THC. No se trata de una inferencia a partir de recipientes quemados ni de pipas halladas junto a unos huesos: es química absorbida por un cuerpo y conservada durante 28 siglos.

‘El consumo temprano de esta planta psicoactiva no solo es una curiosidad farmacológica, sino un indicio de cómo las sociedades antiguas experimentaron con las cualidades alucinógenas del mundo botánico y las incorporaron a sus rituales’, explica Gino Caspari, autor principal del artículo. El equipo del Max Planck sostiene que estos restos constituyen la evidencia directa más antigua y mejor datada del uso psicoactivo del cannabis en un contexto ceremonial.

Un compuesto que solo nace del THC degradado, conservado en el pelo de quienes participaron en la ceremonia, no es una conjetura etnográfica: es evidencia química.

Las concentraciones permiten hacerse una idea de la intensidad. La media de las muestras prehistóricas fue de 0,56 microgramos por gramo de cabello, pero una de ellas alcanzó los 100 microgramos por gramo, casi 180 veces más. Para calibrar la escala: en un experimento de 2014, tres voluntarios expuestos al humo de un porro diario durante tres semanas, sin inhalarlo, terminaron con 0,53 microgramos por gramo. Un orden de magnitud parecido al de la media escita.

La media escita de cannabinol se parece a la de quien convive con el humo; uno de los cabellos multiplica esa cifra por 180.

Cómo se data un ritual de hace 2.800 años en el valle de Uyuk

kurgán Siberia

Fechar una ceremonia exige dos relojes independientes. El primero es el radiocarbono, que coloca las semillas a principios del siglo VIII a.C., cuando el túmulo se estaba construyendo. El segundo es la arqueobotánica: la forma de las semillas, su tamaño y su cubierta permiten distinguir variedades silvestres de domesticadas y descartar que el depósito sea una intrusión posterior. Los dos relojes coinciden, y eso es lo que convierte a Tunnug 1 en un caso excepcional.

Para situar la fecha en escala humana: hace 2.800 años Roma todavía no existía —la tradición la funda en el 753 a.C.— y en Grecia comenzaban a cuajar las ciudades-estado. El cannabis de Tuvá es anterior a casi todo lo que llamamos civilización clásica. Y estaba dentro de un ritual funerario, no en un almacén.

Lo que el estudio no puede responder es cómo entró la planta en el organismo. Los autores no descartan la exposición pasiva al humo de una quema ceremonial, y tampoco pueden decidir entre inhalación, ingestión u otras vías de uso. Es una limitación real y el propio equipo la reconoce: la química dice que hubo consumo, no dice cómo se consumió.

Sacrificios, humo y una hipótesis incómoda

Tunnug 1 no es el primer yacimiento que huele a cannabis. En Jirzankal, en la meseta del Pamir (Tayikistán), aparecieron recipientes de madera con piedras calentadas que apuntaban a la quema de la planta en ceremonias funerarias hacia el año 500 a.C. En Asia oriental se cultivaba desde hacía al menos 6.000 años, probablemente por sus semillas ricas en aceite, y los indicios indirectos de uso psicoactivo se remontan unos 2.500 años. La diferencia es la calidad de la prueba: aquí hay un biomarcador en un cuerpo humano, anclado por radiocarbono.

La parte más discutible del trabajo es la hipótesis del sacrificio. Los arqueólogos plantean que, dado que en este contexto se ha propuesto la existencia de sacrificios humanos, el cannabis pudo servir para calmar a quienes estaban destinados a formar parte de la ceremonia. Me parece una lectura sugerente y, a la vez, la más frágil del artículo: los propios autores la presentan como posibilidad, no como conclusión, y los sacrificios humanos en Tunnug 1 siguen siendo una inferencia arqueológica.

La solidez del hallazgo está en otra parte. Un compuesto que solo aparece tras el consumo, medido en pelo, con datación independiente y en un contexto estratigráfico controlado, es un tipo de evidencia que la arqueología de las plantas psicoactivas rara vez tiene en las manos. Hasta ahora, casi todo lo que sabíamos sobre el cannabis ritual escita venía de semillas sueltas y de la química de recipientes. Ahora viene también de las personas.

Queda abierto el debate sobre las variedades: si las plantas eran silvestres, como sugiere la morfología, el consumo no dependía de un cultivo especializado, sino de lo que crecía al alcance de la mano en la estepa. Y queda pendiente el trabajo de campo. El valle de Uyuk sigue excavándose, y cada campaña en Tunnug 1 puede añadir muestras de cabello, semillas o sedimentos que afinen ese 0,56 de media que hoy sostiene la interpretación.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La evidencia directa más antigua y mejor datada del consumo de cannabis con fines psicoactivos en un ritual funerario, a partir de cannabinol en cabello humano y casi 1.500 semillas.
  • Dónde: Yacimiento de Tunnug 1, valle de Uyuk, república de Tuvá, sur de Siberia (Rusia).
  • Institución responsable: Instituto Max Planck, con Gino Caspari como autor principal; publicado en la revista Science.
  • Cuándo: Depósito a principios del siglo VIII a.C.; estudio publicado en Science en noviembre de 2026.
  • Impacto a futuro: Abre una vía de análisis con biomarcadores en pelo para reconstruir el uso ritual de plantas psicoactivas en sociedades antiguas.

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