Merlin firma un préstamo sindicado de 3.750 millones para refinanciar deuda y crecer en centros de datos

La operación se cierra a mid-swap más 100 puntos básicos y eleva la vida media de la deuda de la socimi de 3,7 a 5,3 años. El tramo de 1.525 millones queda disponible hasta abril de 2027 para amortizar el bono de 500 millones y financiar el programa de centros de datos.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Merlin Properties ha suscrito un préstamo sindicado sostenible de 3.750 millones de euros con entidades nacionales e internacionales, dividido en dos tramos y cerrado a mid-swap más 100 puntos básicos.
  • ¿Quién está detrás? La socimi que dirige Ismael Clemente, propietaria de oficinas, centros comerciales, logística y centros de datos en España y Portugal, con un nivel de apalancamiento del 25% sobre valor de activos.
  • ¿Qué impacto tiene? Despeja los vencimientos de los próximos tres años, alarga la vida media de la deuda de 3,7 a 5,3 años y deja 1.500 millones en línea revolving disponibles para el programa de centros de datos.

Merlin Properties ha firmado un préstamo sindicado de 3.750 millones de euros con un grupo de bancos nacionales e internacionales. La socimi ha remitido el detalle de la operación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores y lo ha publicado en su página de relación con inversores. La cifra impresiona. Lo que de verdad mueve la valoración es otra cosa: la compañía acaba de borrar de un plumazo todos sus vencimientos hasta 2029.

Cómo queda la deuda de Merlin: 2.250 millones a 2032 y un colchón de 1.500 millones para crecer

El acuerdo, estructurado como financiación sostenible corporativa, se divide en dos tramos. El Tramo A, un term loan (préstamo a plazo con devolución al vencimiento), se articula en dos desembolsos que caducan el mismo día: el 30 de abril de 2032. El primero, de 725 millones, estará disponible el 3 de noviembre y se aplicará al repago anticipado del sindicado que la compañía tenía que devolver en 2028. El segundo, de 1.525 millones, podrá disponerse hasta el 30 de abril de 2027.

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De esos 1.525 millones, 500 se destinarán a repagar el bono que vence el 3 de julio de 2027. El resto queda como liquidez para el plan de inversión. Ahí está la clave: los centros de datos. El Tramo B es una revolving credit facility (línea de crédito revolvente, un límite que la empresa puede disponer y reponer) que se amplía desde 740 hasta 1.500 millones.

El coste es el otro dato que mira el mercado. El sindicado se ha cerrado a mid-swap más 100 puntos básicos, es decir, al tipo de referencia del mercado de permutas de tipos de interés más un margen del 1%. Con ese precio, la vida media de la deuda de Merlin pasa de 3,7 a 5,3 años. Traducido a lenguaje de calle: menos presión de refinanciación a corto plazo y un calendario mucho más holgado si el Euríbor vuelve a moverse.

En paralelo, la compañía ha amortizado el bono de 800 millones que vencía este 2 de noviembre utilizando tesorería procedente de financiaciones formalizadas en ejercicios anteriores. No ha necesitado deuda nueva para cubrirlo. El LTV (Loan-to-Value, el porcentaje del valor de los activos que cubre la deuda) se mantiene en el 25%, un nivel que en el sector se lee como conservador.

Merlin no ha salido a buscar dinero para tapar un agujero: ha salido a comprar tiempo. Y el tiempo se paga en puntos básicos.

El destino real del dinero: el bono que no se paga con caja y el giro a los centros de datos

La operación tiene una lectura que trasciende la refinanciación pura. El comunicado sitúa el desarrollo del programa de centros de datos como destino explícito de las necesidades futuras de financiación. Es la pata que la socimi lleva años empujando: activos con contratos largos, inquilinos de perfil corporativo y rentabilidades prime por encima de la oficina tradicional, aunque con un riesgo de ejecución muy superior al de un edificio en alquiler. La gran pregunta del mercado no es cuánto cuesta la deuda, sino cuánto tarda en generar rentas.

Conviene recordar el precedente, porque explica por qué esta firma importa más de lo que parece. Entre 2008 y 2013, media promotora española no pudo refinanciar y terminó entregando activos a la banca, que los empaquetó después en la Sareb. La generación que nació con la figura de la socimi en 2013 hace justo lo contrario: alarga plazos, diversifica acreedores y negocia antes de que llegue el vencimiento. La diferencia con aquella España no es de tamaño. Es de calendario.

La Ficha del Inversor

La métrica que resume la operación no es el importe, sino el diferencial: 100 puntos básicos sobre mid-swap para una cartera con un LTV del 25%. Para el inversor en renta fija corporativa, ese margen sitúa la emisión en territorio de grado de inversión sólido. Para el accionista, la clave es que la compañía se quita de encima el riesgo de refinanciación en plena discusión sobre el coste del pasivo bancario en Europa. Tendencia a seis meses: estabilización con sesgo positivo, porque la demanda de capacidad de centros de datos en Madrid y Barcelona sigue por encima de la oferta y eso da a Merlin una ventana comercial que hoy no tienen ni el residencial ni, en menor medida, la oficina. El perfil al que le encaja este movimiento es el inversor patrimonial de renta cotizada, el que busca dividendo sostenible con deuda controlada, más que el comprador minorista de vivienda, que no encontrará aquí ninguna palanca directa.

El riesgo está en la ejecución, no en la firma. Un programa de centros de datos exige inversión intensiva en capital, permisos de potencia eléctrica y una comercialización que no siempre llega al ritmo previsto. Si el desarrollo se retrasa, la línea revolving de 1.500 millones se consumirá sin generar rentas y el coste financiero correrá antes que los ingresos. La compañía tiene hasta el 30 de abril de 2027 para colocar el segundo desembolso. Ese es el primer examen real.

Queda una incógnita que el comunicado no resuelve: la composición exacta del sindicato. Merlin no ha detallado qué entidades participan ni en qué proporción, un dato que en operaciones de este tamaño suele publicarse en las semanas siguientes. Hasta entonces, el mercado se queda con lo verificable: vencimientos despejados, coste fijado y un 25% de LTV que deja margen para seguir comprando suelo logístico, oficinas o potencia eléctrica. Cosas que pasan en el ladrillo cotizado.


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