Kamino ha abierto en Solana un mercado dedicado que permite usar acciones tokenizadas de Backpack Securities como garantía para pedir prestado USDC, la stablecoin del dólar emitida por Circle. Es la primera vez que la renta variable tokenizada deja de ser un objeto de exhibición digital y pasa a funcionar como colateral dentro de un protocolo de préstamos. El arranque cubre cuatro referencias: Micron, SK Hynix, SpaceX y SanDisk.
A primera vista parece un detalle menor del universo DeFi. No lo es. Hasta ahora, quien compraba una acción tokenizada podía tenerla, venderla o transferirla, pero no podía hacer con ella lo que cualquier inversor hace en un bróker tradicional: pignorarla para conseguir liquidez sin desprenderse de la posición. Ese es exactamente el hueco que Kamino intenta cubrir con su nuevo Backpack Market.
Cómo funciona el mercado de Kamino con acciones tokenizadas
El mecanismo es el de siempre en el lending on-chain (los préstamos descentralizados): el usuario deposita un activo como garantía, el protocolo calcula su valor con un oráculo de precios —el servicio que trae datos externos a la cadena— y adelanta un préstamo con un límite inferior a ese valor. La diferencia está en el activo depositado.
Los tokens que admite Kamino no son criptomonedas nativas de Solana. Representan, uno a uno, valores o derechos sobre valores custodiados dentro de la estructura regulada de la plataforma de Backpack. Cada token tiene ajustes de riesgo propios que reflejan su liquidez y la cobertura de oráculo disponible, de modo que la capacidad real de endeudamiento varía de forma notable según cuál se utilice.
Dos piezas más completan el diseño. La primera es Allez Labs, que actúa como curador de riesgo y fija los parámetros de cada pool. La segunda es la condición de mercado aislado: cada bolsa de liquidez contiene su propio riesgo y no contagia al resto del protocolo si algo sale mal. Es una decisión conservadora, y también un reconocimiento implícito de que este colateral no se parece a SOL ni a un token de staking líquido como JitoSOL, donde la garantía se valora las 24 horas.
La tokenización solo cambia algo cuando el activo tokenizado sirve para algo más que mirarlo quieto dentro de una wallet.
A quién afecta y qué riesgos asume quien pide prestado
Aquí llega la parte que conviene leer dos veces. Pedir prestado contra un activo volátil no es un producto libre de riesgo, y menos aún si el activo representa una acción. El prestatario conserva la exposición, obtiene dólares y asume la obligación de mantener la garantía por encima del umbral de liquidación. Si el precio cae, Kamino no pregunta: ejecuta.
Un préstamo con garantía tiene una lógica sencilla. El inversor no vende, consigue liquidez y paga intereses por ello; el prestamista asume riesgo y cobra. Ambas partes dependen de precios fiables, de límites de préstamo conservadores y de una liquidación ordenada. Nada de eso es nuevo. Lo nuevo es el activo.
El problema específico de la renta variable tokenizada es el calendario. Una blockchain produce bloques los sábados, los domingos y el día de Acción de Gracias. Los mercados donde se forma el precio real de Micron o SK Hynix, no. Cuando el oráculo mantiene la última cotización mientras Wall Street está cerrado, el ratio de garantía que ve el usuario es una foto antigua. Al reabrir, el ajuste puede ser abrupto y empujar posiciones directamente a la liquidación.

Hay más capas que un símbolo de token no resume: riesgo de emisor, de custodia, de contrato inteligente y legal. Tampoco existe aquí la protección al cliente minorista de un bróker europeo. Quien compare este préstamo con una cuenta de margen tradicional debe meter esas variables en la ecuación.
De la tokenización decorativa al colateral productivo
Solana lleva dos años construyendo la infraestructura para llegar a este punto. El ecosistema DeFi de la red —Jupiter en agregación de rutas, Raydium y Orca en liquidez, Jito en staking líquido— acumuló volumen y profundidad suficientes como para que un mercado de crédito con activos no nativos tenga sentido económico. Kamino, que nació como protocolo de préstamos y hoy gestiona también bóvedas automatizadas según su documentación oficial, es la pieza que faltaba para conectar ese mundo con el de los valores tradicionales.
Conviene situarlo en su precedente. Entre 2023 y 2025 hablamos mucho de tokenización, pero casi siempre en la misma fase: emitir una representación de un bono o de un fondo y colocarla en una wallet. Funcionaba como escaparate. Lo que cambia con el Backpack Market es que el activo entra en el circuito del crédito, donde genera intereses, garantías y liquidaciones. Eso es lo que convierte un catálogo en un mercado.
Dicho eso, mi lectura es prudente. Un mercado aislado con cuatro referencias y un curador externo es un piloto, no un cambio de régimen. Los datos que importarán en las próximas semanas son otros: cuánto colateral se deposita de verdad, cuánta demanda de préstamo existe y cómo responde el sistema en el primer hueco relevante entre el cierre de la renta variable y la actividad continua de la cadena. El historial de liquidaciones dirá más que la lista de tickers habilitados. Y el riesgo de concentración del staking de SOL en pocos validadores, que lastra a toda la red desde hace años, no desaparece porque este mercado sea pequeño.
Lo seguiremos mirando. Con atención y sin prisa.



