Hester Peirce abandona la SEC y la regulación de Solana queda en el aire

La comisionada, conocida como 'Crypto Mom', cerró su mandato el 2 de octubre con las reglas de custodia y clasificación de tokens aún en trámite. Atkins y Uyeda mantienen la hoja de ruta abierta.

Hester Peirce ha cerrado su etapa en la SEC. La comisionada, la voz más reconocible del regulador estadounidense en materia de activos digitales, concluyó su mandato el 2 de octubre y deja abiertas las reglas de custodia, clasificación de tokens y estructura de mercado que llevan meses condicionando el debate sobre Solana y el resto del sector.

No es una salida cualquiera. Peirce llegó a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, el organismo que vigila los mercados de valores en Estados Unidos) en 2018 y desde entonces se convirtió en la voz que más veces se desmarcó de la doctrina oficial. Su tesis era sencilla: multar no sustituye a legislar. Eso le valió el apodo de Crypto Mom entre los participantes del ecosistema.

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El presidente de la SEC, Paul Atkins, y el comisionado Mark Uyeda publicaron el 1 de octubre una declaración de despedida en la que agradecen su servicio y subrayan su papel en la política de activos digitales. Un día más tarde, el mandato de Peirce quedaba formalmente cerrado.

Qué deja pendiente la salida de Hester Peirce

La agenda cripto del regulador estadounidense sigue viva, y ahí está el matiz que conviene entender. El 1 de octubre la SEC propuso un marco específico de custodia de criptoactivos para asesores y fondos regulados. En agosto había hecho lo propio con la Regulation Crypto Assets, un paquete pensado para ordenar la oferta de tokens. A esas dos piezas se suman los trabajos sobre valores tokenizados, las exenciones de negociación, y la clasificación de activos.

Traducido al caso de Solana: nada de esto está cerrado. La pregunta de si SOL es un valor negociable (lo que en la jerga anglosajona se llama security) o un activo de utilidad sigue sin respuesta formal. De esa respuesta dependen cosas muy concretas: en qué plataformas puede listarse con holgura, cómo se estructura la custodia institucional y qué margen tienen los fondos cotizados al contado para operar.

Peirce empujó durante años en esa dirección. Propuso conceptos de puerto seguro para desarrolladores, cuestionó que las acciones de cumplimiento dieran orientación suficiente y defendió un marco de tokens más legible. Su rastro público está recogido en su entrada de Wikipedia. Conviene no deformar su posición, eso sí: nunca sostuvo que subir un producto financiero a una cadena de bloques lo saque del ámbito de la ley de valores. De hecho advirtió de que ciertas estrategias de préstamo y bóvedas on-chain pueden seguir planteando preguntas bajo esa normativa.

Su marcha no revierte la política cripto de la SEC: cambia quién la defiende en la sala donde se decide.

Por qué importa a quien tiene SOL

Para el inversor en Solana el efecto práctico es de calendario, no de dirección. Atkins y Uyeda dejaron claro en su nota que el trabajo de Peirce forma parte del rumbo actual de la agencia y que las propuestas pendientes seguirán su trámite ordinario. El proceso continúa, con periodos de comentarios públicos incluidos, y lo que cambia es la plantilla.

Ahí está la clave. Una comisión reguladora de cinco miembros se mueve por mayorías, y las mayorías se construyen con personas. La salida de una comisionada con años de tesis propias deja un asiento que la Casa Blanca tendrá que nombrar y el Senado confirmar. Ese hueco puede tardar meses.

Tres frentes quedan colgando de ese calendario:

  • Clasificación de SOL: sin una taxonomía formal, cada plataforma decide con sus propios abogados cómo tratar el activo.
  • Custodia institucional: el marco propuesto el 1 de octubre debe recorrer su periodo de alegaciones, publicado en la web oficial de la SEC, antes de convertirse en norma.
  • Estructura de mercado: las exenciones de negociación y el trato a los valores tokenizados siguen en fase de propuesta.
Hester Peirce SEC

Lo que de verdad cambia (y lo que no) tras su salida

Conviene mirar atrás para calibrar. Durante años, la SEC funcionó con una doctrina que Peirce describió muchas veces como ‘cumplimiento por ejecución’: en lugar de normas previas, expedientes y acuerdos que iban marcando el terreno caso por caso. Ese enfoque cambió de tono con la llegada de Atkins, y también por la vía de los hechos: en enero de 2024 la agencia tuvo que aprobar los primeros fondos cotizados al contado de bitcoin, tres años después de las primeras solicitudes y tras una derrota judicial.

Solana vive ahora una situación intermedia. Por un lado, el ecosistema ha ganado terreno institucional: los activos tokenizados, los proyectos de infraestructura física descentralizada (DePIN, redes reales de antenas, GPU o sensores que se incentivan con tokens) y los protocolos de préstamo y derivados sobre la red mueven volúmenes que hace tres años eran impensables. Por otro, sigue sin existir una definición legal clara sobre el propio SOL, y eso limita el tipo de producto que un fondo regulado puede lanzar sin fricción.

El riesgo aquí no es que la SEC dé marcha atrás de golpe. El riesgo es el silencio administrativo: un asiento vacío, un trámite que se estira y una industria que sigue construyendo sobre criterios interpretativos en lugar de sobre normas. La contraparte también existe: en Europa, el reglamento MiCA lleva desde 2024 fijando categorías y obligaciones para los proveedores de servicios de criptoactivos, lo que da a las plataformas del continente un suelo más firme que el de sus competidores estadounidenses.

La fecha que conviene seguir no es la de la despedida, sino la del relevo. Cuando la Casa Blanca anuncie su candidato para el asiento de Peirce sabremos si el perfil apunta a continuidad o a una vuelta atrás. Mientras tanto, el periodo de comentarios de la propuesta de custodia dirá mucho sobre cuánta prisa tiene la propia comisión. Nada cerrado. Y eso, en un mercado que cotiza expectativas, es una respuesta en sí misma.


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