FCA regulación cripto: Reino Unido abre por primera vez la autorización total del sector

El supervisor británico permite desde ya presentar solicitudes y el régimen completo entrará en vigor en octubre de 2027. Las empresas deberán acreditar protección al cliente, custodia de activos y solvencia financiera.

La regulación cripto británica entra en una fase nueva. La FCA, el supervisor financiero del Reino Unido, ya acepta solicitudes de autorización de empresas de criptoactivos y lo presenta como la vía hacia la claridad y la legitimidad de un mercado que llevaba años operando en zona gris.

Para obtener el permiso, las compañías tendrán que demostrar que cumplen requisitos en cuatro terrenos: protección del consumidor, salvaguarda de los activos de los clientes, integridad de mercado y resistencia financiera. No basta con inscribirse. Hay que probar que el negocio aguanta una revisión a fondo y que el dinero del usuario está separado, identificado y localizable.

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El anuncio llega con declaración oficial. ‘El nuevo régimen cripto del Reino Unido dará a los consumidores mayor protección y a las empresas un marco claro en el que operar. Las empresas ya pueden solicitar la autorización y empezar a prepararse para la regulación’, ha señalado Dominic Cashman, director de autorización de la FCA, en la nota publicada por el supervisor británico.

Conviene mirar el calendario. La FCA cerró su marco regulatorio para criptoactivos el pasado mes de junio y el régimen completo no entrará en vigor hasta octubre de 2027. En paralelo, el país tramita una ley cripto de amplio alcance que debe dar cobertura parlamentaria definitiva a todo el entramado. El permiso se puede pedir hoy; las reglas completas del juego, todavía no.

Qué significa autorizarse ante la FCA y a quién obliga

La autorización se parece bastante a una licencia bancaria. Quien quiera captar clientes británicos y ofrecer servicios con criptoactivos tendrá que pasar por el filtro del supervisor. En la práctica, eso apunta a las plataformas de compraventa, a los custodios que guardan las claves de los usuarios y a los intermediarios que conectan unos con otros.

El detalle importa. El sector lleva años funcionando con reglas parciales, centradas sobre todo en la prevención del blanqueo de capitales. Lo que ahora se abre es un marco de conducta completo: cómo se informa al cliente, cómo se guardan sus fondos y qué ocurre si la empresa quiebra.

Desde 2025, el derecho británico reconoce bitcoin y otros criptoactivos como propiedad, una reforma que venía de una recomendación de la Law Commission de 2023. Aquello zanjó un problema viejo, porque los tribunales no tenían claro en qué cajón legal meter unos activos que no son cosas físicas ni tampoco dinero de curso legal. Sin ese paso previo, exigir salvaguardas habría sido mucho más complicado.

Dar permiso es la parte fácil. Lo difícil llega en 2027, cuando ese papel tenga que servir para algo más que para figurar en un registro.

Queda por ver cuántas compañías se animan. La solicitud es voluntaria, pero quien se quede fuera tendrá difícil seguir atendiendo a clientes británicos cuando el régimen esté plenamente activo.

Para el ahorrador español, el efecto es indirecto y aun así real. Si alguna de las plataformas que usa opera también en el Reino Unido, acabará pasando por una revisión más dura y tendrá que explicar mejor qué hace con su dinero. Y si decide no presentarse, lo probable es que reordene sus mercados y deje de aceptar clientes británicos.

Reino Unido llega por detrás de Bruselas y de Washington

Reino Unido cripto

Pese al anuncio, el Reino Unido va con retraso. La Unión Europea aplica desde el 30 de diciembre de 2024 el reglamento MiCA, que armoniza las reglas para plataformas, emisores de monedas estables y proveedores de servicios. Estados Unidos firmó en julio de 2025 la ley GENIUS, centrada en las stablecoins (monedas digitales diseñadas para mantener un valor estable, casi siempre anclado al dólar) y que somete a sus emisores a supervisión federal.

El mes pasado, los legisladores estadounidenses bloquearon la Clarity Act, la norma llamada a repartir competencias entre la SEC y la CFTC. No fue un frenazo definitivo: la SEC ha seguido publicando reglas por su cuenta. Washington discute, pero no se queda quieto.

En ese contexto, la autorización británica es menos una carrera ganada que un intento de no quedarse atrás. Europa lleva casi dos años aplicando su marco. Estados Unidos mueve ficha por la vía regulatoria aunque el Congreso se atasque. El Reino Unido, en cambio, abre la ventanilla antes de tener la ley cerrada.

Qué mirar a partir de ahora y qué puede salir mal

Hay un precedente que ayuda a interpretar lo que viene. Cuando la Unión Europea puso en marcha MiCA, el sector respondió con dos movimientos a la vez: las empresas grandes se adaptaron y usaron la norma como argumento comercial, mientras las pequeñas se quejaron del coste de cumplimiento o directamente replegaron actividad. Es razonable esperar algo parecido en el Reino Unido, sobre todo porque el hueco entre solicitar el permiso y tener las reglas vigentes se estira hasta 2027.

El riesgo principal tiene nombre: la incertidumbre. Un régimen que se estrena por partes permite a las compañías prepararse, pero también, las deja tomando decisiones de inversión sin conocer el detalle final. Si la ley en tramitación cambia elementos clave (competencias, tasas, exigencias de capital), más de una empresa podría haber gastado el dinero antes de saber a qué se comprometía.

Hay un segundo riesgo: la tentación de mover la sede. Varios grupos han elegido ya Dublín, París o Fráncfort para operar en Europa, porque MiCA les da un pasaporte único en 27 países. El Reino Unido, fuera de ese club desde el brexit, ofrece un mercado grande pero individual. La pregunta que se hará más de un consejo de administración es sencilla: ¿compensa autorizarse dos veces para cubrir Europa y el Reino Unido por separado?

Mi lectura es prudente. Este paso ordena algo que llevaba demasiado tiempo sin dueño claro, pero no resuelve el fondo del asunto: hasta octubre de 2027 nadie sabrá cuántas firmas han pasado el corte ni cuántas han decidido esperar. Las dos cifras que conviene vigilar son el número de solicitudes aceptadas y el texto final de la ley cripto. Con esas dos piezas se podrá juzgar si el Reino Unido compite o simplemente cumple.


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