Ferrovial cierra los carriles exprés de la I-24 en Nashville y acelera su negocio de autopistas en EEUU

La compañía suma un nuevo activo a su cartera estadounidense tras cerrar las condiciones financieras del corredor. El proyecto consolida un modelo de pago por uso que ya opera en Texas y Virginia y que depende de las previsiones de tráfico.

Ferrovial ha alcanzado el cierre comercial de los carriles exprés de la I-24 Southeast, el corredor de pago por uso que da servicio al área metropolitana de Nashville, en el estado de Tennessee. La compañía ha confirmado el hito y lo enmarca dentro de su estrategia de crecimiento en el negocio de autopistas de Estados Unidos.

El cierre comercial no es un simple trámite administrativo. Supone que las condiciones financieras y contractuales del proyecto quedan cerradas, lo que permite activar la estructura de inversión y dar paso a las siguientes fases. Ferrovial no ha detallado en su comunicación el importe asociado a la operación, pero el proyecto pasa a engrosar la cartera de concesiones que la empresa gestiona al otro lado del Atlántico.

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Tennessee, un mercado en plena expansión

Nashville se ha convertido en uno de los mercados de infraestructura más dinámicos de Estados Unidos. El crecimiento demográfico del área metropolitana ha tensionado la red viaria y ha abierto la puerta a fórmulas de financiación privada para ampliar capacidad sin depender únicamente del presupuesto público.

Los carriles exprés, conocidos en el sector como managed lanes, funcionan con una lógica sencilla. El conductor que decide usar el carril exprés, asume una tarifa variable según la demanda: cuanto más tráfico hay, más caro resulta el peaje, con el objetivo de mantener una velocidad mínima en ese carril.

El atractivo para el concesionario es evidente. Un carril que cobra por evitar la congestión convierte un tramo saturado en un activo con ingresos recurrentes y contractualmente blindado durante décadas. Para el usuario, la disyuntiva es otra: pagar o quedarse parado.

Ferrovial no vende asfalto: vende tiempo de circulación, y en las ciudades que crecen más rápido ese tiempo cotiza al alza.

EEUU, el motor que sostiene las concesiones de Ferrovial

Ferrovial lleva más de dos décadas construyendo su posición en el mercado estadounidense. La compañía ha desarrollado proyectos de autopistas gestionadas en varios estados, entre ellos Texas y Virginia, un recorrido que le ha permitido acumular experiencia en un modelo que aún genera recelos en Europa. Su cartera de concesiones, repartida entre el Viejo Continente y Norteamérica, se detalla en la web corporativa del grupo.

La operación de Nashville se suma a una lista de proyectos que han convertido al grupo en uno de los mayores operadores privados de infraestructura de Norteamérica. Ese liderazgo no se ha construido solo con capital: exige equipos locales, capacidad de negociación con las administraciones y un conocimiento fino de cómo se financian las autopistas en cada estado.

Ferrovial EEUU

El foco en Norteamérica no es casual. Ferrovial trasladó su sede social a Países Bajos en 2023 y ha ido concentrando su estrategia en los mercados donde el retorno del capital invertido en infraestructura resulta más predecible. Estados Unidos ofrece contratos de largo plazo, marcos regulatorios estables y una demanda de movilidad que crece al ritmo de la población.

El riesgo que no aparece en el titular

Con todo, el cierre comercial no está exento de interrogantes. El modelo de carriles exprés descansa en proyecciones de tráfico que, cuando fallan, se convierten en el principal dolor de cabeza de los concesionarios. En Estados Unidos abundan los ejemplos de autopistas de peaje cuyos volúmenes reales quedaron por debajo de los previstos, y ese riesgo no desaparece con la firma de los contratos.

En los proyectos de carriles gestionados, la administración suele compartir parte del riesgo: cede el corredor, fija los estándares de servicio y, en algunos casos, aporta financiación pública para hacer viable la inversión privada. Ese reparto es lo que hace atractivo el modelo y, a la vez, lo que lo expone al escrutinio político cuando las tarifas suben más de lo que tolera la opinión pública.

Tampoco conviene ignorar el frente político. Los peajes generan resistencia entre los conductores, y la oposición a las tarifas por uso ha frenado más de un proyecto en distintos estados. A ello se suma la competencia por las adjudicaciones: los concursos de infraestructura en Estados Unidos atraen a los mayores fondos y operadores del mundo, y la puja por cada contrato puede erosionar los márgenes si se persigue el volumen a cualquier precio.

Ferrovial acumula, eso sí, un historial que invita a pensar que sabe dónde se mete. Su apuesta por las autopistas de pago le ha dado una posición de liderazgo entre los operadores privados del sector. La pregunta es si el mercado estadounidense seguirá premiando esa estrategia con la misma generosidad en los próximos años o si la saturación de proyectos acabará por enfriar el apetito inversor.

El cierre comercial de la I-24 añade una pieza más al puzle estadounidense de la compañía. Lo que ocurra a partir de ahora dependerá, en última instancia, de si el tráfico de Nashville crece al ritmo que prometen las proyecciones. Ferrovial se juega no solo una autopista, sino la credibilidad de un modelo que ha convertido en seña de identidad.


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