EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El nuevo reglamento de circulación entra en vigor este 1 de octubre y limita el ámbar intermitente en los pasos de peatones con semáforo. Barcelona ha pedido una moratoria para no aplicarlo todavía.
- ¿Quién está detrás? La DGT fijó la norma y el Ayuntamiento de Barcelona reclama criterios técnicos antes de reprogramar sus cruces.
- ¿Qué impacto tiene? 1.550 intersecciones con ámbar para vehículos y 500 para bicicletas quedan pendientes de revisión, con el riesgo de menos verde para todos.
Barcelona pide a la DGT una moratoria antes de aplicar el nuevo reglamento de semáforos que restringe el ámbar intermitente. La norma entra en vigor hoy y la ciudad ya ha comunicado que no cumplirá la fecha prevista para adaptar sus cruces.
Qué cambia el 1 de octubre en los cruces con semáforo
La modificación del reglamento general de circulación la aprobó el Consejo de Ministros el pasado junio con un objetivo concreto: que la luz ámbar intermitente para vehículos no coincida con la verde para viandantes. Hasta ahora, miles de cruces urbanos permitían el giro de coches con ámbar mientras los peatones cruzaban con su verde.
Barcelona lleva meses midiendo el alcance. Fuentes del consistorio sostienen que la aplicación estricta reduciría la capacidad de algunas vías, aumentaría la congestión y obligaría a alargar los ciclos semafóricos e introducir nuevas fases. La traducción práctica es incómoda: menos tiempo en verde para todos, también para quien camina.
El número que ordena el debate es 1.550: las intersecciones con amarillo intermitente para vehículos que giran mientras el peatón tiene verde. A eso se suman unas 500 intersecciones con la misma configuración para bicicletas. Donde confluyen peatones, bicicletas, y tráfico motorizado, la ingeniería de fases se complica.
El Ayuntamiento defiende que el ámbar cumple funciones útiles: mejor visibilidad del paso, advertencia al conductor y refuerzo del deber de ceder el paso. No es nostalgia del parpadeo. La preocupación municipal es que la solución para cumplir la norma genere otros problemas y recorte el verde peatonal sin necesidad.
El problema no es una bombilla: la misma señal sirve para decir ‘pasa’ al peatón y ‘gira con cuidado’ al coche que cruza su camino.
La discusión va mucho más allá de retirar un parpadeo. La DGT quiere un principio simple y difícil a la vez: si el peatón tiene verde, ningún vehículo que atraviese su trayectoria puede recibir una indicación para avanzar. Las ciudades tendrán que traducirlo a redes muy distintas entre sí.
De la ZBE al límite de 30 km/h: la norma que cada ciudad aplica a su ritmo
No es la primera vez que se repite la misma foto. La obligación de desplegar zonas de bajas emisiones llegó con la ley climática de 2021 y todavía hay municipios que van por detrás del calendario. Con el límite de 30 km/h en vías de un solo carril por sentido ocurrió algo parecido: norma estatal, ejecución municipal y resultado desigual. Con el nuevo reglamento de la DGT sobre semáforos pasa lo mismo.
Los datos de siniestralidad de la DGT ordenan la prioridad. En 2024 murieron 320 peatones en España, de los cuales 207 fallecieron en vías urbanas. Ese año se registraron 1.775 heridos hospitalizados y 11.290 con lesiones que no requirieron ingreso. El 94% de los siniestros con peatones ocurrió en ciudad, que concentró el 65% de las víctimas mortales.
La serie sobre pasos de peatones ayuda a entender el foco: entre 2014 y 2023 fallecieron 1.047 peatones en pasos de toda España, el 87% en vías urbanas y, de ellos, el 35,3% en una intersección. El 86,9% de los fallecidos no había cometido ninguna infracción. Conviene ser honestos: el dato no permite atribuir esos siniestros a la convivencia del ámbar con el verde.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
El impacto inmediato es de calendario y de dinero público. Los ayuntamientos tendrán que reprogramar controladores, revisar fases y reforzar la señalización. Barcelona avisa de que la adaptación no es gratuita ni instantánea. La zona cero son los cruces densos: Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla y Bilbao concentran buena parte de los giros asistidos por ámbar.
El dato que resume la película son esos 1.550 cruces barceloneses, más los 500 ciclistas, pendientes de una decisión que no depende solo del consistorio. El pulso es nítido: la DGT defiende la seguridad, el Ayuntamiento pide criterios y tiempo, los peatones no quieren perder verde y los conductores miran una congestión ya crónica. Nadie discute el principio.
Nuestra lectura: la moratoria es razonable como petición técnica y arriesgada como estrategia. Si Barcelona retrasa la adaptación sin plazo, la norma perderá fuerza real y otras ciudades copiarán el ejemplo. Si la DGT entrega criterios claros —cuándo se mantiene el ámbar y con qué prioridad peatonal—, el reglamento ganará aplicación. El riesgo a vigilar es que el verde peatonal se recorte para cuadrar fases.
El próximo hito es técnico: los criterios que la DGT traslade a los ayuntamientos y la respuesta municipal en los meses siguientes. La prueba no estará en el papel, sino en la primera intersección adaptada y en lo que ocurra allí.




