Santander encandila al mercado con su apuesta de crecimiento en EEUU

Hay una forma bastante sencilla de medir si una estrategia empresarial convence: mirar qué hace la Bolsa. Y la evolución de Santander en los últimos meses está dejando una señal difícil de ignorar. La acción avanza con fuerza y el banco ha ido ganando terreno frente a otros grandes bancos europeos. Detrás de esa evolución hay muchas razones, pero una de las operaciones que mejor explica el nuevo relato de crecimiento de Santander es la compra de Webster en Estados Unidos.

No se trata solo de una adquisición de 12.200 millones de dólares. Webster representa algo más: la decisión de utilizar el capital allí donde Santander considera que puede generar más crecimiento, más escala y más rentabilidad. Es, en cierto modo, la fotografía de una nueva etapa del banco.

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La operación se anunció en febrero y se completó el pasado agosto, después de recibir todas las autorizaciones necesarias. El resultado es un Santander estadounidense mucho más grande, con casi ocho millones de clientes y unos 327.000 millones de dólares en activos. La combinación de ambas entidades crea un banco minorista y comercial con una presencia reforzada en el noreste de Estados Unidos y una mayor capacidad para crecer.

Del buen negocio al negocio más conectado

Para entender por qué Webster encaja tan bien en la estrategia de Santander hay que mirar también lo que ocurrió en Polonia.

Santander vendió a Erste el 49% de Santander Bank Polska y el 50% del negocio de gestión de activos por unos 7.000 millones de euros. No era una salida motivada por problemas en Polonia: al contrario, la operación se realizó a una valoración elevada y permitió aflorar aproximadamente 1.900 millones de euros de plusvalía para Santander.

La cuestión era otra. En una compañía global, no todos los negocios aportan el mismo grado de conectividad con el resto del grupo. Santander está buscando cada vez más escala en aquellos mercados donde puede combinar sus plataformas, tecnología, capacidades y negocios globales para acelerar el crecimiento.

Por eso, la venta de Polonia y la compra de Webster forman parte de una misma historia: reducir presencia en un mercado importante -en el que, en todo caso, Santander sigue presente con la financiación al consumo y la banca de inversión- para reforzar otro en el que el banco ya tiene una posición estratégica y ve mayor recorrido de crecimiento.

Una elección coherente con la elección de Santander de realizar una expansión internacional más selectiva, concentrándose en los países donde puede alcanzar escala suficiente para competir con eficacia y retirándose de aquellos donde esa ventaja es más difícil de conseguir.

Una operación que va más allá de comprar tamaño

Webster tampoco es simplemente una cuestión de sumar activos.

Las dos franquicias son complementarias. Santander aporta una posición especialmente fuerte en financiación al consumo, mientras Webster cuenta con una importante actividad comercial y una sólida base de depósitos. La combinación permite equilibrar mejor el negocio estadounidense y ampliar las capacidades con las que Santander puede atender a particulares, empresas y clientes de banca comercial.

La lógica es sencilla: más escala permite hacer más cosas, servir a más clientes y aprovechar mejor las capacidades que Santander ya tiene desplegadas en Estados Unidos.

La operación sitúa además a Santander entre las mayores entidades de banca minorista y comercial del país por activos y entre las mayores franquicias de depósitos en varios de los principales estados del noreste. Y el objetivo es ambicioso: alcanzar alrededor de un 18% de rentabilidad sobre el capital tangible en Estados Unidos en 2028.

Capital para crecer, pero con disciplina

También es significativo cómo se ha financiado la operación.

La venta de Polonia liberó capital, pero una parte de esos recursos ya estaba comprometida con la remuneración al accionista. De hecho, Santander destinó unos 3.200 millones de euros —aproximadamente la mitad del capital CET1 generado tras la venta— a una recompra extraordinaria de acciones.

Para completar la compra de Webster, por lo tanto, se aprobó una ampliación de capital que permitió entregar acciones de Santander como parte de la contraprestación. El 20 de agosto, al cerrarse la operación, se emitieron 329,8 millones de nuevas acciones en el marco de la adquisición.

Es decir, no hay una única decisión detrás de la operación. Hay una jerarquía de capital en la que caben la inversión, el crecimiento y la remuneración al accionista.

La idea es importante porque ayuda a entender qué está haciendo Santander: no se trata de crecer por crecer, sino de reasignar capital entre negocios y mercados con una lógica clara de creación de valor.

Y la Bolsa está contando su propia historia

Ahí aparece la otra parte de la ecuación.

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Desde que se anunció la compra de Webster, la acción ha mantenido una trayectoria ascendente y Santander ha seguido reforzando su posición relativa frente a sus grandes comparables.

Los analistas han ido poniendo el foco precisamente en algunos de los elementos que sustentan la operación: mayor escala en Estados Unidos, una base de depósitos de calidad, mejora de la rentabilidad y capacidad para generar sinergias. Barclays, por ejemplo, destacó que Webster aceleraba el camino de Santander hacia una rentabilidad de primer nivel en Estados Unidos.

Y el propio consenso de mercado ofrece hoy una fotografía favorable: a cierre del segundo trimestre, el 78% de los analistas que cubrían Santander recomendaban comprar la acción, frente a un 19% que aconsejaba mantener y un 4% vender, según datos de Bloomberg.

Más allá de una recomendación concreta o de un precio objetivo, lo relevante es la historia que empieza a contar la cotización.

Durante años, Santander ha tenido que explicar al mercado cómo convertir su escala internacional en una ventaja competitiva. Ahora, esa explicación es cada vez más sencilla de ver: crece el negocio, mejora la eficiencia, genera capital y utiliza ese capital para reforzar sus plataformas allí donde tiene más sentido.

Webster es una pieza especialmente visible de ese proceso.

El mercado compra una historia de crecimiento

Hay operaciones que añaden tamaño y operaciones que cambian una historia. Webster aspira a ser de las segundas.

Santander ya tenía una presencia relevante en Estados Unidos. Ahora tiene más clientes, más depósitos, más activos y una posición más fuerte en un mercado que considera estratégico. Y, sobre todo, dispone de una plataforma mayor sobre la que seguir construyendo.

Por eso la compra de Webster puede entenderse como algo más que una gran operación corporativa. Es una declaración de intenciones sobre dónde quiere crecer Santander y sobre cómo quiere utilizar el capital que genera.


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