El BCE y los tipos de interés: se descarta subir 50 puntos básicos y se debate pasar a la restricción

La institución mantiene el precio del dinero en el 2,5%, la cota más alta desde marzo de 2025, con las expectativas de inflación aún ancladas. Una o dos subidas más bastarían para entrar en restricción monetaria.

El Consejo de Gobierno del BCE descarta subir los tipos de interés 50 puntos básicos de una sola vez. La última cumbre monetaria dejó el precio del dinero en el 2,5%, su cota más alta desde marzo de 2025, y el debate interno ya no gira en torno a si habrá más alzas, sino a cuándo la política monetaria entra de lleno en terreno restrictivo.

Fuentes cercanas al órgano de decisión, recogidas por la prensa económica, sostienen que un movimiento de medio punto ‘no aparece en el horizonte cercano’. Nadie en el Consejo ha discutido siquiera esa posibilidad. La discusión real es otra: si hace falta seguir ajustando las tasas o si el nivel actual ya basta para doblegar la inflación de la eurozona.

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El escenario no invita a la calma. El cierre del estrecho de Ormuz por la guerra de Irán ha recrudecido los precios de la energía y ha obligado al BCE a revisar al alza sus proyecciones de inflación, un ejercicio que el propio banco central actualiza cada trimestre. Aun así, el organismo considera que las expectativas de empresas y familias siguen ancladas, que es el dato que de verdad importa cuando se mira el medio plazo.

La propia Christine Lagarde ha reconocido su sorpresa por lo poco que ha calado el golpe inflacionista en los alimentos y en los salarios. Ese es el argumento que sostiene la estrategia de pasos cortos: sin efectos de segunda ronda, el banco central puede permitirse no pisar el acelerador.

El contraste con 2022 es evidente. Entonces la inflación superó el 10% y el BCE llegó a subir tipos en tramos de 75 puntos básicos por reunión. Hoy parte de un nivel muy distinto, con el precio del dinero 150 puntos básicos por debajo del récord de 2023, y con la credibilidad ganada a golpe de decisiones.

Sin efectos de segunda ronda en salarios y alimentos, el BCE puede permitirse ir despacio; lo que no puede permitirse es parecer que va obligado.

De la calibración fina a la restricción monetaria

El calendario se estrecha. Los banqueros centrales más conservadores calculan que una o dos subidas más bastarían para que el BCE entre en restricción monetaria, esa fase en la que las condiciones de financiación son lo bastante duras como para frenar el crecimiento. No es un escenario cómodo, pero sí el que la institución asume como casi inevitable.

Nadie se atreve a dar por cerrado el ciclo. La reunión de octubre está más abierta de lo que han estado las últimas cumbres y hay miembros del Consejo que sitúan diciembre como el momento natural para un nuevo ajuste. La incertidumbre geopolítica obliga, eso sí, a seguir decidiendo reunión a reunión, sin compromisos por adelantado.

El BCE prefiere un goteo de subidas calibradas a un golpe de efecto. Un alza de 50 puntos básicos se interpreta internamente como un as que siempre queda en la manga, pero que lanzaría un mensaje de tensión con más contras que pros. Y con la inflación sin volver al objetivo del 2% hasta finales del próximo año, el margen de error se mide en décimas.

La ventaja del primer movimiento y el riesgo de la complacencia

Hay un detalle que cambia el relato respecto a ciclos anteriores: esta vez el BCE no llega tarde. Acumula ya dos subidas frente al inmovilismo previo de otros grandes bancos centrales y ha ganado el pulso a la crítica que persiguió al BCE en 2022, cuando el mercado le acusó de reaccionar con retraso mientras los precios se disparaban. La subida anunciada la semana pasada por la Reserva Federal de Estados Unidos, con efectos negativos sobre el crecimiento global por el peso del dólar, también ayuda a contener la inflación importada y alivia una inquietud que en Fráncfort empezaba a resultar incómoda.

El riesgo tiene otro nombre: complacencia. Si el shock energético se enquista y la revisión al alza de las proyecciones deja de ser un ajuste técnico para convertirse en tendencia, la estrategia de pasos cortos se quedará corta. Entonces el BCE tendrá que elegir entre acelerar y admitir que fue demasiado lento, o convivir con una inflación por encima del objetivo durante más tiempo del que puede justificar. La opción de la prisa no está descartada; simplemente se considera innecesaria hoy.

El próximo examen llega en octubre. La reunión de diciembre servirá para confirmar la trayectoria. Entre ambas fechas, cada dato de inflación y cada informe sobre el estrecho de Ormuz pesarán más que cualquier declaración. Ahí se verá si la restricción monetaria llega como decisión técnica o como obligación.


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