Excavan enterramientos intactos en Göbekli Tepe, el santuario neolítico de 11.600 años

Los cuerpos, entre ellos una mujer joven enterrada en posición flexionada, se datan en la fase final del santuario, entre el 8700 y el 8000 a.C. El hallazgo sugiere que hubo población estable y no solo visitas rituales.

El santuario neolítico más antiguo del mundo acaba de devolver a sus muertos. Un equipo dirigido por la arqueóloga Julia Gresky, del Instituto Arqueológico Alemán, ha excavado en Göbekli Tepe (Turquía) los primeros enterramientos intactos documentados en el yacimiento, un conjunto monumental levantado por cazadores-recolectores hace unos 11.600 años, antes de que existiera la agricultura.

Los restos aparecieron en dos contextos distintos. En una fosa con forma de riñón, los arqueólogos identificaron los restos de una mujer adulta, un hombre joven y una adolescente. En un enterramiento individual y separado, hallaron a una mujer joven colocada en posición flexionada, con las piernas recogidas contra el torso. Las dataciones sitúan estas inhumaciones entre el 8700 y el 8000 antes de Cristo.

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Las fechas colocan los cuerpos en la fase final del yacimiento. Las primeras estructuras de Göbekli Tepe se levantaron hacia el 9600 a.C. y el conjunto dejó de usarse en torno al 8200 a.C.; los enterramientos más tardíos llegan hasta el 8000 a.C. El santuario permaneció activo, de una forma u otra, durante más de mil años. Sus constructores volvieron generación tras generación a un mismo promontorio del sureste de Anatolia para erigir pilares de piedra caliza de varios metros de altura.

Para calibrar la distancia temporal basta un punto de referencia: cuando estos cazadores-recolectores enterraban a sus muertos, faltaban más de 5.000 años para que se levantaran las pirámides de Giza y más de 7.000 para que se fundara Roma. Göbekli Tepe es más antiguo que la rueda, que la escritura y que la propia idea de ciudad.

Una fosa con forma de riñón y tres cuerpos sin nombre

El hallazgo llega después de décadas de excavaciones en las que Göbekli Tepe había entregado muy pocos restos humanos. En campañas anteriores, los arqueólogos encontraron fragmentos de hueso mezclados con escombros dentro de algunos edificios, pero nunca una sepultura completa que permitiera reconstruir un ritual funerario. La fosa con forma de riñón cambia ese punto de partida.

Lo que los investigadores describen es una acumulación de tres individuos en un mismo espacio excavado en el suelo. La convivencia de una mujer adulta, un hombre joven y una adolescente en la misma tumba plantea preguntas sobre el parentesco, el estatus o la secuencia de los enterramientos. Los arqueólogos no han determinado todavía si los tres cuerpos se depositaron a la vez o si la fosa se reabrió en varias ocasiones para recibir nuevos difuntos.

Durante mil años, generaciones de cazadores-recolectores volvieron a este promontorio sin escribir, sin cultivar la tierra y sin dejar un solo nombre grabado.

Huesos roídos, rotos y cubiertos de calcio: la pista que faltaba

santuario neolítico

El segundo hallazgo nace de una coincidencia incómoda. Los huesos recuperados en las sepulturas presentan las mismas marcas que los fragmentos sueltos encontrados en el relleno de los edificios: están rotos, cubiertos de depósitos de calcio y roídos por roedores. Esa simetría admite una lectura nueva. Los fragmentos dispersos por las estructuras podrían haber sido colocados allí a propósito, durante actividades rituales, y no ser simple escombro arrastrado por el tiempo.

Gresky maneja una segunda hipótesis que deja la pregunta abierta. La erosión y los deslizamientos de tierra pudieron arrastrar huesos desde sepulturas situadas más arriba en el montículo hasta las zonas excavadas. En ese caso, los fragmentos no serían ofrendas, sino el rastro de tumbas perdidas. Las dos explicaciones conviven en el estudio y ninguna está descartada.

La datación merece una advertencia. Trabajar con restos de hace más de 10.000 años obliga a moverse en márgenes de error de siglos. Las fechas del 8700 al 8000 a.C. proceden de los análisis publicados, pero la investigación aparece en PLOS One, una revista de revisión por pares, y sus conclusiones ganan peso cuando otros equipos las replican en excavaciones independientes.

Ahí está la parte que me parece más sugerente. Que los huesos de las tumbas y los del relleno compartan el mismo desgaste significa que pasaron por procesos parecidos: los roedores los mordisquearon y el calcio los recubrió en entornos similares. El yacimiento deja de ser un escenario de piedra y se llena de cuerpos.

Por qué este hallazgo reabre el debate sobre quién vivió en Göbekli Tepe

El interés de este descubrimiento no está solo en los cuerpos. Está en lo que obliga a revisar. Hasta ahora, la imagen dominante de Göbekli Tepe era la de un lugar de paso: un santuario al que acudían comunidades dispersas para celebrar rituales y que permanecía vacío el resto del año. Si existen enterramientos completos, con individuos depositados con cuidado y huesos que comparten el mismo deterioro que los del relleno, esa hipótesis se tambalea. Alguien tuvo que vivir cerca, o volver con la frecuencia suficiente para enterrar a sus muertos en un mismo rincón durante siglos. Quien quiera situar el conjunto —sus estructuras monumentales y sus pilares de piedra— puede consultar su entrada de Wikipedia para el contexto general.

El equipo tampoco cierra la puerta a la lectura contraria. La erosión y los corrimientos de tierra siguen sobre la mesa como explicación de los fragmentos sueltos, y la muestra —dos contextos, cuatro individuos— es pequeña para extraer conclusiones sobre toda una población. Esa prudencia es la postura correcta. Un yacimiento de esta escala se interpreta sumando campañas, no con un único artículo, y conviene recordar que el trabajo aparece en PLOS One, revisada por pares pero con un umbral de exigencia distinto al de las publicaciones más selectivas.

Lo que sí cambia, desde ya, es la agenda de las próximas campañas. Si los fragmentos de hueso llegaron al relleno por actividad ritual, cada nuevo edificio excavado puede contener más restos humanos; si llegaron por erosión, la ladera alta del montículo esconde sepulturas aún sin localizar. En los dos escenarios, Göbekli Tepe seguirá hablando. Un yacimiento que ya obligó a reescribir los albores de la civilización acaba de añadir un capítulo que nadie esperaba encontrar bajo sus pilares.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Los primeros enterramientos intactos de Göbekli Tepe, con cuatro individuos repartidos en dos contextos funerarios.
  • Dónde: Yacimiento de Göbekli Tepe, en el sureste de Turquía.
  • Institución responsable: Equipo dirigido por Julia Gresky, del Instituto Arqueológico Alemán (DAI).
  • Cuándo: Enterramientos datados entre el 8700 y el 8000 a.C.; estudio publicado en PLOS One.
  • Impacto a futuro: Apunta a una población estable en el santuario y redefine las prácticas funerarias de sus constructores.

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