El telescopio Hubble retrata la galaxia NGC 4698, que esconde un núcleo interno girando al revés del resto del disco. La imagen difundida por la NASA el 18 de septiembre de 2026 revela además un detalle que rompe el guion habitual de las espirales: los brazos no llegan al centro. Se detienen antes y se organizan en un anillo alrededor del disco.
La escena parece serena. No lo es. Bajo esa geometría aparentemente ordenada se acumulan las huellas de un choque antiguo, cuando otra galaxia se fundió con NGC 4698 y dejó su firma en el corazón del sistema. Es la hipótesis que mejor encaja con lo observado: un disco interno que gira en un plano casi perpendicular al principal y que, sencillamente, va por libre.
Los brazos espirales que se apartan del centro
NGC 4698 es una galaxia espiral como la nuestra, con un disco delgado de estrellas, gas, y polvo. En él se distinguen los grumos opacos de polvo marrón y los pequeños cúmulos de estrellas azules brillantes que jalonan los brazos. Hasta ahí, nada extraordinario. Lo llamativo es dónde aparecen esos brazos y, sobre todo, dónde no aparecen.
En la mayoría de las espirales, los brazos se enroscan hacia dentro y terminan perdiéndose en el bulbo central, donde la densidad de estrellas se dispara. En NGC 4698 ocurre justo lo contrario: solo son prominentes en las zonas exteriores del disco y parecen rehuir el centro luminoso. Flotan, en cambio, en una estructura anular que rodea el perímetro de la galaxia. Como si alguien hubiera dibujado la espiral y después hubiera borrado la parte de dentro.
Las estrellas azules que salpican ese anillo no son un detalle decorativo. Son un indicador. Una estrella azul y brillante es, casi siempre, una estrella joven, masiva y de vida corta: nace, consume su combustible a un ritmo brutal y muere en pocos millones de años. Encontrarlas en el borde exterior implica que allí hubo formación estelar reciente y que el disco conserva gas suficiente para fabricar nuevas generaciones.
Lo que Hubble ha fotografiado no es solo una galaxia extraña: es el acta de una colisión que sigue escribiéndose en la rotación de sus estrellas.
Cómo se detecta un núcleo que gira desacoplado
El desacoplamiento del núcleo no se ve en una fotografía. Se mide. Cuando una estrella o una nube de gas se aleja de nosotros, su luz se estira hacia el rojo; cuando se acerca, se comprime hacia el azul. Analizando ese desplazamiento zona por zona, los astrónomos reconstruyen cómo se mueve cada región de la galaxia. En NGC 4698 el resultado es desconcertante: el disco interno gira en un plano casi perpendicular al del disco grande, con su propio eje.
Imaginen dos tocadiscos superpuestos. El de abajo, enorme; el de arriba, pequeño y girado casi en ángulo recto. Ambos giran, pero no comparten eje. Algo así ocurre en el corazón de esta galaxia, y la explicación más aceptada apunta a un episodio de fusión: el gas de la galaxia intrusa cayó hacia el centro, se asentó en un disco nuevo y conservó la orientación con la que llegó. El resto del sistema no tuvo por qué enterarse.
Conviene recordar la escala. NGC 4698 se encuentra a decenas de millones de años luz, en dirección a la constelación de Virgo. La luz que captó el Hubble salió de allí cuando en la Tierra los dinosaurios ya se habían extinguido y los mamíferos empezaban a diversificarse. Para cuando esa luz llegó al espejo del telescopio, aquí ya había personas mirando al cielo.

Qué significa una fusión antigua en el centro de una espiral
Los núcleos desacoplados no son una rareza absoluta. Se han descrito en decenas de galaxias, sobre todo en aquellas que, como NGC 4698, se sitúan en la frontera entre las espirales de brazos bien definidos y las lenticulares de aspecto más liso. Ese terreno intermedio es justo donde mejor se conservan las cicatrices de los choques antiguos: la fusión aporta gas, el gas se hunde hacia el centro y allí forma un disco nuevo con un momento angular distinto al del disco original.
Hay, sin embargo, preguntas abiertas. Una imagen en luz visible no mide velocidades: el desacoplamiento se apoya en espectros, y la interpretación de fusión es un modelo, no una filmación del choque. Tampoco está claro hasta qué punto ese giro cruzado condiciona la formación de estrellas en el anillo exterior. La relación parece existir, pero separar causa y efecto exige más datos.
Ahí entra el equipo MAUVE-HST, responsable de la imagen junto a la NASA y la ESA y uno de cuyos responsables es D. Thilker. Su programa rastrea la formación estelar reciente en galaxias cercanas con observaciones en ultravioleta; el Hubble resulta idóneo para esa tarea porque lleva más de tres décadas resolviendo cúmulos de estrellas jóvenes. Cada nueva galaxia del catálogo añade una pieza a una pregunta mayor: cuánto de la estructura que vemos hoy en las espirales se debe a lo que les ocurrió en el pasado.
En NGC 4698, el resultado es un contraste difícil de ignorar. Un anillo de estrellas jóvenes rodeando un corazón que gira al revés. Dos movimientos, un mismo objeto.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: una imagen detallada de la galaxia espiral NGC 4698, con los brazos replegados en un anillo exterior y un núcleo interno que gira desacoplado del disco principal.
- Dónde: NGC 4698, en dirección a la constelación de Virgo, a decenas de millones de años luz de la Tierra.
- Institución responsable: NASA y ESA, con el telescopio Hubble; imagen del equipo MAUVE-HST, con crédito a D. Thilker.
- Cuándo: imagen difundida el 18 de septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: ayuda a reconstruir cómo las fusiones entre galaxias moldean la estructura y la rotación de las espirales actuales.




