Schneider Electric Navarra culmina su planta de Puente la Reina: 350 trabajadores

La fábrica navarra sustituye el plástico de un solo uso por cartón y papel reciclado en un proyecto de economía circular. El consejero Mikel Irujo subraya el efecto tractor de una planta que la compañía quiere consolidar como centro industrial de referencia.

La planta de Schneider Electric en Puente la Reina ya funciona de otra manera. El centro navarro, con 350 trabajadores, ha culminado su transformación industrial y ha cambiado el plástico de un solo uso por cartón y papel reciclado. La operación toca embalaje, logística interna y gestión de residuos, y llega con el respaldo del Gobierno foral, que la lee como una señal de arraigo industrial en el entorno de Estella.

Una fábrica de 350 trabajadores que aparca el plástico de un solo uso

La factoría opera desde hace décadas dentro de la red industrial del grupo francés. El proyecto culminado ahora no levanta naves nuevas ni amplía capacidad: reordena procesos. El material con el que se protege y se mueve el producto deja de ser plástico de un solo uso y pasa a ser cartón y papel reciclado, con el consiguiente efecto sobre residuos, almacenaje y costes de gestión.

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Puente la Reina es una de las plantas históricas de Schneider Electric en España y conserva una plantilla estable de 350 personas. La cifra pesa en una comarca que ha visto apagarse otras actividades manufactureras tradicionales en la última década y donde cada empleo industrial vale más que en las áreas metropolitanas.

Irujo subraya el efecto industrial de una planta histórica

El consejero de Industria del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo, ha puesto el acento en el impacto industrial de la operación. Su departamento viene reivindicando la necesidad de retener actividad manufacturera en el territorio y de vincularla a criterios ambientales medibles. La planta encaja en ese discurso: inversión en proceso, empleo estable y una mejora que puede auditarse con datos de residuos.

Desde la compañía, Adrián Castillo ha fijado el objetivo de que la fábrica deje de ser una instalación más de la red y pase a ocupar otro lugar en el mapa del grupo: ‘Queremos consolidar Puente la Reina como centro industrial de referencia’, ha señalado, según recogen los medios navarros que han cubierto el cierre del proyecto.

El movimiento llega en un momento en el que la industria navarra pelea por retener talento técnico. La comarca de Estella no es una excepción: encontrar perfiles de mantenimiento o de automatización cuesta, y una planta que comunica inversión tiene más fácil conservar a quien ya está dentro.

Un embalaje no salva una cuenta de resultados, pero sí decide qué planta del grupo se queda con el próximo programa de fabricación.

No hay cifras públicas del ahorro de residuos ni del coste del cambio. La empresa se ha limitado a confirmar la culminación del proyecto y el mantenimiento de la plantilla, sin detallar el importe invertido en la reconversión.

Lo que mide de verdad el cambio de plástico a cartón

Conviene no inflar el tamaño de la noticia. No es una fábrica nueva, no es una ampliación de capacidad y no hablamos de miles de empleos. Hablamos de 350 puestos que se conservan y de una planta que se moderniza. Pero el detalle importa más de lo que parece. En el sector del material eléctrico, donde el producto viaja protegido con espumas, film y separadores, sustituir el plástico de un solo uso obliga a rediseñar protecciones, cambiar proveedores y renegociar especificaciones con los clientes. No es un gesto de marketing: es una decisión de aprovisionamiento que mueve el coste unitario y la relación con la cadena de suministro.

El contexto navarro añade otra capa. Navarra mantiene una de las cuotas industriales más altas de España, con el sector manufacturero como principal fuente de empleo cualificado, y ha hecho de la atracción de inversión uno de sus ejes de política económica. Los datos de coyuntura están publicados en la web del Gobierno de Navarra. Para Schneider Electric, la planta forma parte de una red europea en la que cada centro compite por nuevos programas de fabricación.

Aquí está el riesgo que no conviene ocultar: un envoltorio sostenible no garantiza la sostenibilidad de la planta. Si el coste energético o la demanda europea de material eléctrico se deterioran, el cambio de embalaje no salva una cuenta de resultados. La transformación celebrada ahora es una condición necesaria para competir dentro del grupo, no una garantía de permanencia. Las plantas navarras compiten con otros centros en Francia, Polonia o India, y la decisión de dónde aterriza cada inversión se toma con criterios de rentabilidad, no de cercanía geográfica.

Para Puente la Reina, la prueba llegará en los próximos ejercicios: si el centro recibe nuevos programas de fabricación o si la modernización se queda solo en el envase. La compañía presenta resultados trimestrales previsiblemente a finales de octubre, y esa cita dará pistas sobre dónde concentra su inversión industrial en Europa. Mientras tanto, 350 trabajadores y una comarca entera miran el cartón con más interés del que suena.


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