Los nuevos radares DGT —veloláser, drones y cámaras con inteligencia artificial— ya sancionan con hasta 600 euros y seis puntos del carnet. Los cinemómetros fijos, los de toda la vida, han dejado de ser el eje del control de velocidad.
La DGT lleva años girando su política de vigilancia. Los aparatos tradicionales no han quedado obsoletos, pero pierden eficacia porque su ubicación es permanente y pública. Un radar fijo señalizado solo caza al despistado. Los nuevos trabajan sin aviso, en movimiento y sobre tramos enteros, no sobre un punto concreto.
Qué cambia y a quién afecta con los nuevos radares DGT
El elenco es variado y ninguno se parece al cinemómetro de cabina. Los veloláser son equipos portátiles que la Guardia Civil coloca sobre trípodes o vehículos camuflados: miden desde cualquier ángulo y pueden fotografiar el coche de frente. Los drones vigilan desde el aire y detectan excesos de velocidad y distracciones al volante.
Ninguno avisa.
A esa lista se suman los helicópteros, las cámaras con inteligencia artificial montadas en pórticos y los radares de tramo, que calculan la velocidad media entre dos puntos. Afectan a todos los vehículos a motor, turismos y motocicletas incluidas, en vías interurbanas y en travesías urbanas.
La propia DGT lo ha reconocido. Su director general, Pere Navarro, avanzó la sustitución progresiva de los radares de punto. Su antecesor, Gregorio Serrano, sostiene que los fijos “sirven entre poco y nada” porque el conductor conoce su ubicación.
El radar de tramo no mide una punta de velocidad, mide la media de todo el recorrido: frenar delante de la cámara no sirve absolutamente de nada.
Dónde están los nuevos controles y cuándo multan

Aquí está el verdadero cambio de modelo. Según los últimos informes del sector, la DGT ha aumentado un 85% el número de radares de tramo en cinco años y ya supera los 295 controles activos en España. La lógica es simple: obligan a mantener la velocidad correcta durante kilómetros enteros, no durante los metros que dura un destello.
El caso más citado es el radar bidireccional de Saltacaballo, en la autopista A-8 entre Ontón y Castro Urdiales, en Cantabria. Controla el recorrido entre el kilómetro 140 y el 147, unos 6,5 kilómetros en ambos sentidos. En su primer año acumuló más de 30.000 denuncias, con una media de hasta 82 vehículos cazados al día.
Sanciona sin descanso.
Fuera de la red estatal el fenómeno se repite. Salamanca instaló a finales de 2023 dos radares de tramo, en La Salle y Lamano Beneite, y los datos de 2025 dibujan una diferencia abrumadora: 3.183 infracciones por velocidad frente a las 1.748 que sumaron los 19 radares fijos de la ciudad y las 947 de la Policía Local. Las multas crecieron un 40% respecto al año anterior.
El rendimiento de esos dos aparatos multiplicó por cuatro las denuncias, con un incremento del 301%. No son dispositivos recién estrenados: llevaban dos años instalados y en su primer ejercicio no fueron especialmente productivos. La diferencia apareció cuando el tramo de La Salle se reasfaltó y desaparecieron los baches que obligaban a levantar el pie.
Cómo evitar la multa y cuándo se puede recurrir
Un radar de tramo se compone de dos cámaras lectoras de matrícula situadas al principio y al final del recorrido. El sistema mide el tiempo que tarda el vehículo en cubrir la distancia y obtiene la velocidad media. Si esa media supera el límite, la sanción se emite igual, aunque el conductor haya pisado el freno delante de una de las cámaras.
El caso de La Salle es el más pedagógico. Controla unos 400 metros en pleno centro urbano, con un límite de 30 km/h y un tiempo mínimo de 40 segundos para recorrerlos. Hacerlo en menos es multa segura. Estos equipos sancionan las 24 horas del día, los siete días de la semana y concentran su mayor volumen de denuncias los viernes, sábados y domingos.
La normativa obliga a avisar de la presencia de un cinemómetro con antelación suficiente y los radares de tramo deben ir precedidos de su panel informativo. Si ese aviso falta o está mal colocado, la sanción es recurrible, y muchos conductores lo ignoran. Puedes consultar el saldo de puntos en la web oficial de la DGT.
Nuestra lectura: eficacia real o afán recaudatorio
El debate está servido y conviene separar los datos de las etiquetas. Es cierto que un radar de tramo es técnicamente más eficaz que un fijo, no hay margen para la trampa de frenar y acelerar. Pero también es verdad que su impacto recaudatorio es enorme desde el primer mes, y que buena parte de las denuncias urbanas se producen en calles limitadas a 30 km/h donde el conductor circula convencido de ir despacio.
En mi lectura, el problema no es el aparato, sino cómo se comunica. Un tramo de 400 metros a 30 km/h exige una atención constante que compite con semáforos, peatones y carril bici. La medida es defendible en términos de seguridad vial, pero su éxito sancionador revela algo incómodo: si el asfalto se mejora y desaparecen los baches, la velocidad sube aunque la señal siga igual.
Queda un riesgo a vigilar. Los dispositivos que hoy son novedad mañana dejan de serlo, y la DGT cambia de estrategia cada pocos años. Lo práctico es vigilar el velocímetro en todo el recorrido y revisar la denuncia si el panel de aviso no estaba visible.
🚨 Ficha de la Normativa
- Infracción / Novedad: Exceso de velocidad detectado por los nuevos dispositivos de la DGT: veloláser, drones, cámaras con inteligencia artificial y radares de tramo.
- Sanción económica: Hasta 600 euros, según el exceso registrado.
- Puntos del carnet: Hasta 6 puntos.
- Entrada en vigor: Los dispositivos ya están operativos; la DGT ha ampliado un 85% los radares de tramo en los últimos cinco años.




