TMB amenaza con huelga indefinida de autobús en Barcelona desde octubre

El comité necesita entre 10 y 12 días para tramitar los permisos de huelga, así que los paros de dos horas por turno no arrancarían antes de octubre. La dirección de TMB mantiene abierta la negociación del convenio y apela a retomar el diálogo con la asamblea.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La plantilla de bus de TMB ha aprobado una huelga indefinida de dos horas por turno tras un paro secundado por el 61% de los trabajadores.
  • ¿Quién está detrás? El comité de empresa y los sindicatos del bus de Barcelona frente a la dirección de TMB, con la Generalitat como autoridad laboral.
  • ¿Qué impacto tiene? Los paros podrían arrancar la semana del 5 de octubre y tensionar la movilidad de la red de autobús metropolitana.

La plantilla de bus de TMB ha aprobado una huelga indefinida de dos horas por turno en Barcelona. El 61% de los trabajadores secundó el paro del martes y el comité de empresa aprieta para arrancar los paros la semana del 5 de octubre si no hay acuerdo para renovar el convenio.

El 61% respalda el paro y el comité sube la apuesta

El paro del martes, convocado por el comité entre las 10 y las 17 horas, fue secundado por el 61% de la plantilla, según los datos que maneja la propia compañía. La jornada se cubrió con servicios mínimos del 20% entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, y del 40% en la hora siguiente, hasta completar el paro.

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Al mediodía, los trabajadores se reunieron en asamblea en las Cotxeres de Sants. Allí votaron, de forma muy mayoritaria, subir un escalón en su pulso con la dirección y aprobaron una huelga indefinida de dos horas por turno de lunes a viernes. La exigencia central no ha cambiado: reducir la jornada hasta las 35 horas semanales.

El calendario sigue abierto. El comité necesita entre 10 y 12 días para obtener los permisos de huelga, de modo que la movilización indefinida podría empezar la semana del 5 de octubre. El día exacto, eso sí, todavía no está decidido.

Qué significa para el viajero y por qué la dirección no cede

Los paros de dos horas por turno castigarán sobre todo las franjas punta, cuando la red de autobús de Barcelona concentra la mayor parte de su demanda. El golpe se notará en las líneas que enlazan los barrios con el centro y en los corredores que dependen del bus para llegar a los intercambiadores de metro y Cercanías.

Del 61% que respaldó el paro a la huelga indefinida hay un paso corto: el comité ya tiene el mandato y solo espera los permisos.

La dirección de TMB ha mantenido abierta la puerta al diálogo tras la asamblea. Un portavoz de la compañía ha señalado que ‘lamentamos que las medidas puestas sobre la mesa no hayan tenido el apoyo de la asamblea’ y ha añadido que la dirección ‘sigue abierta a seguir negociando para tratar de alcanzar un acuerdo lo más rápido posible’.

El convenio se juega en varios frentes: jornada, turnos, descansos y organización del trabajo. Los sindicatos sostienen que la plantilla arrastra años de sobrecarga, y reclaman cerrar la brecha con otros operadores de transporte público. La dirección insiste en que el marco presupuestario de la Autoritat del Transport Metropolità condiciona cualquier mejora de jornada o de salario.

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Hablamos de un impacto que se mide en tiempo y en incertidumbre. Una huelga indefinida de dos horas por turno no es un paro total, pero desordena la parrilla de salidas y complica la vida a quien depende del bus para ir a trabajar. La zona cero es Barcelona y su área metropolitana, donde TMB opera la red de autobús metropolitana. El dato que resume el pulso es la jornada de 35 horas: la línea roja del comité y, a la vez, el punto que la dirección no ha querido cruzar.

El pulso tiene actores bien definidos. Los sindicatos con representación en TMB empujan; la dirección del operador metropolitano frena; y la Generalitat, como autoridad laboral, mantiene un perfil discreto. No es la primera vez que el transporte público español llega al borde de una huelga indefinida: los conflictos de convenio se han repetido también en Madrid y en Sevilla. Lo que observamos es que el desgaste rara vez lo paga solo la empresa; lo paga el usuario.

La lectura estratégica es otra. Cada jornada de paro erosiona la confianza en un modelo de movilidad que Barcelona vende como referencia europea. Si el conflicto se enquista, el riesgo real no es la huelga de bus de TMB en sí, sino su contagio: metro, tranvía u otros servicios de la red podrían verse arrastrados si el pulso laboral se generaliza.

El próximo hito está en el calendario. Si el comité consigue los permisos, la huelga indefinida podría arrancar la semana del 5 de octubre; antes de esa fecha, dirección y sindicatos tienen una última ventana para cerrar el convenio.


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