Stablecoins y banca se alían: la oferta se multiplica por 11 y ya supera los 300.000 millones

Un consorcio de 21 grandes bancos, entre ellos Citi y Goldman Sachs, prepara su propia moneda digital para 2027. El volumen de pagos con estos tokens ya supera los 28 billones de dólares al trimestre.

La oferta de stablecoins se ha multiplicado por 11 desde 2020 y ya supera los 300.000 millones de dólares. Lo llamativo no es la cifra. Es quién quiere emitir la próxima: los bancos.

Durante su primera década, estos activos vivieron casi en exclusiva dentro del mundo cripto. Servían de reserva lista entre operación y operación en los exchanges (las plataformas donde se compran y venden criptomonedas), un colchón para no volver al banco cada vez que se compraba o vendía. A finales de 2020, todo el mercado valía 27.000 millones de dólares. Hoy pasa de 300.000 millones.

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De 27.000 a 300.000 millones: el dinero que salió del exchange

Una parte cada vez mayor de ese crecimiento ocurre fuera del libro de órdenes. Solo en Estados Unidos, los flujos transfronterizos con estos tokens rondan los 127.000 millones de dólares al mes. En todo 2025, las stablecoins movieron unos 135.000 millones entre países, apenas el 0,31% de un mercado de pagos transfronterizos valorado en 44,3 billones, según el agregador OpenAssets.

El salto más visible está en la liquidación entre compañías. Las empresas movieron 226.000 millones de dólares en pagos B2B (entre empresas) con stablecoins durante 2025, un 733% más que el año anterior, según la firma de análisis Artemis Analytics. El motivo es sencillo: un tesorero que cobra en otro país prefiere no inmovilizar capital durante días.

El volumen total de transacciones con estos tokens superó los 28 billones de dólares solo en el primer trimestre de 2026. Ese dinero se liquida en redes donde los bancos, históricamente, han tenido poco control.

Las stablecoins dejaron de ser una herramienta de operadores para convertirse en infraestructura de pago que los bancos no controlan.

La banca deja de mirar desde la barrera

El giro tiene fecha. El 1 de septiembre de 2026, 21 instituciones financieras —entre ellas Bank of America, Citi, Goldman Sachs, Deutsche Bank, y UBS— acordaron crear una empresa conjunta para emitir su propia stablecoin. El plan pasa por lanzar un token respaldado en dólares en la primera mitad de 2027 y, después, una versión en euros.

No están solos. SoFi abrió su moneda, SoFiUSD, a casi 15 millones de usuarios en mayo. JPMorgan opera su token de depósitos JPMD sobre la red Base. Y HSBC prevé lanzar este año una stablecoin denominada en dólares hongkoneses. En paralelo, Visa, BlackRock, Google y DoorDash respaldan Open USD, otro proyecto que verá la luz en 2026 en un mercado que aún dominan Tether y Circle.

oferta de stablecoins

La razón del giro es, sobre todo, regulatoria. La GENIUS Act, la ley estadounidense que define qué es una stablecoin y qué requisitos exige antes de emitirla, dio a los bancos un marco donde antes solo había incertidumbre. El otro empujón es el volumen: cuando el dinero se mueve a esa escala fuera del circuito bancario, quedarse fuera empieza a salir caro.

Qué gana el cliente y qué pierde al mover su dinero en un token

El caso del banco emisor es claro. Retiene los fondos, conserva a sus clientes corporativos y no cede una vía de pago que ya no controla. El caso del cliente es menos evidente: cambiar de una cuenta bancaria a un token emitido por un banco no compra solo rapidez, también intercambia un conjunto de protecciones por otro.

Los números del ahorro son reales. Un concesionario africano que paga a un exportador japonés por vehículos puede asumir entre un 3% y un 5% en comisiones y diferenciales de cambio con una transferencia internacional tradicional, y esperar varios días. Con stablecoins, ese mismo pago de 100.000 dólares puede bajar del 1% y resolverse en minutos, según Eric Barbier, consejero delegado de la firma de pagos Triple-A.

Lo que se pierde va por otro lado. Una stablecoin bancaria no es un depósito: no cuenta con el seguro FDIC estadounidense, no genera rendimiento bajo las reglas actuales y el emisor puede congelar o retirar los fondos. El intercambio es velocidad por rendimiento y protección. Tiene sentido para el dinero que se mueve, no para el que permanece quieto.

El propio Banco de Pagos Internacionales (BIS) ve el mismo problema desde otro ángulo. Su director general, Pablo Hernández de Cos, advirtió el 28 de agosto de 2026 en Jackson Hole que buena parte de estos proyectos o se queda en plataformas cerradas o merece otro nombre: stablecoins bancarias. Un token que solo se liquida dentro de un banco es media vía de pago.

El sector empieza a mostrar, además, signos de consolidación. La creación de nuevos emisores cayó un 7% en 2025 y un 34% en lo que va de 2026, según el índice Stablescape. No es que el negocio se encoja: es que los grandes ocupan el espacio que antes llenaban los pequeños.

La pregunta que queda abierta no es si los bancos emitirán stablecoins, porque ya lo están haciendo. Es si esas monedas podrán salir de su propio jardín. Sin interoperabilidad entre entidades, el ahorro se queda a medias y el usuario acaba con otra cuenta cerrada, solo que con un nombre más moderno.


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