VanEck admite el riesgo cuántico en Bitcoin y O’Leary lo pone como condición para los 1 M$

Matthew Sigel, jefe de investigación de activos digitales de VanEck, admite que la amenaza es real y que ya se prueban firmas resistentes en cadenas paralelas. Kevin O'Leary condiciona su escenario de bitcoin a 1 millón de dólares a que el sector resuelva el problema.

VanEck ha admitido lo que buena parte del sector prefería mantener en segundo plano: la computación cuántica es un riesgo real para Bitcoin. Matthew Sigel, jefe de investigación de activos digitales del fondo neoyorquino, lo dijo en una entrevista en CNBC y añadió un matiz que cambia la lectura: la comunidad ya ha reconocido el alcance del problema y trabaja en cómo resolverlo.

La otra mitad del argumento la puso el inversor Kevin O’Leary. Su escenario de bitcoin a 1 millón de dólares, uno de los más repetidos en los foros del sector, viene con una condición previa: que la red resuelva antes su exposición a la amenaza cuántica.

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Conviene aclarar de qué hablamos. Un ordenador cuántico aprovecha propiedades de la materia a escala atómica para resolver cálculos que una máquina convencional no puede ni plantear. Si algún día alcanza la potencia suficiente, podría romper las firmas digitales que hoy protegen las carteras de bitcoin, el mecanismo matemático que demuestra que quien mueve una moneda es su dueño. Por eso los equipos técnicos llevan meses mirando de reojo la criptografía post-cuántica, el conjunto de técnicas diseñadas para resistir a esas máquinas. Ese día no ha llegado. Existen computadores cuánticos, sí, pero cometen errores y ninguno se acerca a la capacidad necesaria para vulnerar esa criptografía.

El diagnóstico de Sigel, recogido por el medio especializado Bitcoin Magazine, fue directo: ‘Es un riesgo’. Y añadió: ‘Hay mucho talento que se ha reunido con un marco de cómo actualizar el sistema’. Preguntado por la lentitud, apuntó a la propia arquitectura de Bitcoin: ‘Las actualizaciones no ocurren tan rápido porque no hay un consejero delegado que pueda decir a los desarrolladores que lo hagan ahora’.

Esa frase resume el rasgo que hace fuerte y lento a la vez al protocolo. En Bitcoin no existe un consejero delegado ni un comité que apruebe cambios. Cualquier modificación se plantea como una BIP, una propuesta de mejora que se publica, se discute en abierto y solo entra en vigor si los operadores y los mineros la adoptan de forma voluntaria. El sistema es difícil de capturar por un actor único. Y también es lento por diseño.

Por qué el riesgo cuántico preocupa ahora a los grandes gestores

Hasta hace poco, la amenaza cuántica era territorio de foros y de hilos con más entusiasmo que datos. Lo que ha cambiado es quién la pone sobre la mesa. VanEck gestiona fondos cotizados de bitcoin y ether, y su equipo de investigación habla cada semana con inversores institucionales que preguntan por horizontes de diez y veinte años. Para esa escala temporal, un riesgo que hoy parece teórico deja de serlo.

Un riesgo que no rompe nada hoy puede mover miles de millones mañana si los inversores con horizonte de veinte años empiezan a descontarlo.

De hecho, la cifra que maneja Sigel es la del calendario: ‘Hay caminos tecnológicos para la resistencia cuántica y creo que verás más de eso en los próximos dos años’. No habla de una solución cerrada, sino de un proceso en marcha.

Quién está construyendo ya las defensas de Bitcoin

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El trabajo técnico no empieza de cero. Varios desarrolladores de Bitcoin prueban ya firmas resistentes a la computación cuántica en cadenas paralelas, las sidechains, redes independientes conectadas a la principal que permiten experimentar sin arriesgar el protocolo madre. En julio, Coinbase anunció un plan para desplegar un sistema de firma post-cuántica apoyado en enclaves seguros (chips que aíslan datos y claves del resto del sistema) y en criptografía de umbral, la técnica que reparte una clave entre varias partes para que ninguna la controle por completo.

También se ha organizado el dinero. El Bitcoin Security Consortium nació en julio con nombres como BlackRock, Fidelity Digital Assets, y Block, entre otros, y su fórmula es poco habitual: aporta fondos y cede ingenieros a proyectos de código abierto. Entre los trabajos que respalda está la BIP-360, una propuesta que añade un nuevo tipo de salida de transacción para reducir el riesgo de exposición prolongada que arrastran determinadas direcciones antiguas.

El matiz importa porque no todas las monedas están igual de expuestas. Una dirección que apenas se ha movido en años ofrece más información a un hipotético atacante que otra de creación reciente. Ese es el detalle que la BIP-360 intenta cubrir y el motivo por el que la discusión técnica, hoy, se centra en tipos de dirección y no en reescribir Bitcoin entero.

Bitcoin ya cambió sus reglas antes, y tardó años

La historia reciente da una pista útil sobre los plazos. Bitcoin ya ha atravesado dos cambios de gran calado sin un consejero delegado al mando. El primero fue SegWit, una reforma de 2017 que reordenó cómo se guarda la información dentro de cada bloque para ganar capacidad. El segundo, Taproot, activado en noviembre de 2021, mejoró la privacidad y la flexibilidad de las transacciones. Ambos se aprobaron, sí, pero después de discusiones que se alargaron durante años y que dividieron a la comunidad.

El paralelismo tiene un límite: SegWit y Taproot no eran urgentes. Una migración post-cuántica sí lo sería, porque obligaría a mover fondos de direcciones antiguas hacia otras nuevas y a coordinar a millones de usuarios, exchanges y custodios. Ahí está el riesgo real de esta historia. No es solo que la máquina llegue; es que la red tarde más en reaccionar que lo que tarde la amenaza en materializarse.

Hay además una contradicción incómoda. El mismo consorcio que financia la investigación reúne a algunas de las firmas más grandes del sector. Que BlackRock, Fidelity o Coinbase pongan dinero y talento acelera las cosas, pero concentra en pocas manos la capacidad de decidir qué se prueba primero. En un sistema que presume de no tener dueño, conviene mirar quién paga la factura.

Con los datos disponibles hoy, la conclusión razonable es la que da VanEck: riesgo reconocido, solución en obras y ningún atajo. Lo que conviene seguir en los próximos meses no son los titulares catastrofistas, sino dos cosas concretas: los resultados de las pruebas con firmas resistentes en sidechains y el avance de propuestas como la BIP-360 en el repositorio oficial de propuestas de mejora de Bitcoin. Si esas piezas encajan, O’Leary tendrá un problema menos para su escenario de 1 millón de dólares.


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