7Palpitaciones y pulso alto en reposo: el cuerpo que sigue en alerta sin amenaza
Las palpitaciones son uno de los síntomas que más se repiten en las descripciones clínicas del mal llamado síndrome postvacacional, junto al aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, la sudoración o los temblores. La explicación es fisiológica: cuando el organismo lleva semanas en modo alerta —plazos, pantallas, sueño desordenado por el cambio de hábitos veraniegos—, el sistema nervioso simpático mantiene el acelerador pisado y el vago, el freno que debería bajar las pulsaciones cuando estamos quietos, pierde tono. La consecuencia es un corazón que late deprisa en el sofá, sin amenaza real, y que tarda más de lo habitual en volver a la calma tras un esfuerzo mínimo, como subir dos tramos de escalera. Eso es justo lo que lo convierte en un síntoma silencioso: no duele, no incapacita de golpe y se atribuye al café, al calor o a los nervios del primer día.
El problema es la persistencia. Los cuadros leves de reincorporación se resuelven en dos o tres días y, como mucho, en un par de semanas; cuando las palpitaciones y el pulso elevado en reposo se mantienen más allá, los especialistas hablan ya de un posible cuadro de ansiedad generalizada o de estrés crónico, que sí exige consulta médica. Un pulso alto sostenido tampoco es inocuo: la frecuencia cardíaca en reposo se considera un indicador del tono vagal y la taquicardia mantenida se ha relacionado con peor pronóstico cardiovascular. De ahí que merezca un lugar en esta lista: tomarse el pulso nada más despertar, todavía tumbado, es una prueba gratuita que casi nadie hace. En España, un sondeo de Adecco cifró en 2018 en un 37% los trabajadores que sufrían o acabarían sufriendo este malestar, cuatro puntos más que el año anterior.



