La SEC ha aprobado una exención de cinco años para negociar acciones tokenizadas en Estados Unidos. La decisión llega dos días después de que el Senado bloqueara la CLARITY Act, la ley llamada a repartir el terreno entre los reguladores del sector cripto.
Qué ha aprobado la SEC y en qué consiste la exención
Una acción tokenizada es la representación digital de un título cotizado, emitida sobre una blockchain —un registro compartido donde las operaciones se anotan sin necesidad de un intermediario central— y comprable como cualquier otro activo digital. En la práctica, el inversor ve en su aplicación una participación en una empresa cotizada y puede moverla a cualquier hora, sin esperar a que abra Wall Street ni a que se cierre el ciclo de liquidación, que en la renta variable estadounidense se completa al día siguiente de la operación.
El anuncio se produjo el jueves y los detalles están publicados en la web oficial de la SEC. El regulador lo ha bautizado como ‘Innovation Exemption’ y cubre la negociación secundaria en cadena dentro de plataformas autorizadas, las que identifica con las siglas TSV. Paul Atkins, presidente del organismo, lo presentó como un paso para llevar los mercados de capitales estadounidenses a la era digital, siempre dentro de su autoridad legal. Jamie Selway, responsable de la División de Comercio y Mercados, habló de un hito para abrir los mercados a los valores tokenizados.
Tres cosas marcan el alcance real. La primera, la duración: cinco años. La segunda, el perímetro: solo negociación secundaria, es decir, compraventa entre inversores, no emisión, ni salida a bolsa. Y la tercera, el instrumento: una exención administrativa, no una ley. Dicho de otro modo, el regulador autoriza algo que hasta ahora vivía en zona gris, pero lo hace con fecha de caducidad.
Para el inversor, la promesa es atractiva: operar con acciones las 24 horas, con liquidación casi instantánea y desde la misma aplicación en la que ya guarda bitcoin o ethereum. También es donde asoman las preguntas incómodas. Una cosa es comprar un token que replica el precio de una acción; otra, muy distinta, ser el propietario legal del título. Quién custodia las acciones subyacentes, qué ocurre si la plataforma quiebra o si el emisor no tiene respaldo para todos sus tokens son cuestiones que la exención no resuelve. La letra pequeña manda.
Una exención de cinco años no es una ley: da certeza hoy y deja abierta la puerta a que todo cambie cuando caduque.
Por qué fracasó la CLARITY Act en el Senado
La CLARITY Act cayó el martes en una votación procedural: 49 votos a favor y 50 en contra. La norma llevaba meses sobre la mesa y su objetivo era ordenar el sector, aclarando qué activos digitales son valores, cuáles son materias primas y cuáles son monedas estables (las conocidas como stablecoins, ancladas al dólar). Sin ese reparto, cada regulador interpreta su parcela y las empresas navegan con el manual a medias.
El presidente Donald Trump pidió el mes pasado al Senado que la sacara adelante. No sirvió. Los republicanos sostienen desde hace meses que los demócratas la están frenando a propósito, mientras algunos legisladores habían expresado sus dudas por los negocios cripto de la familia Trump. La Casa Blanca ha negado cualquier conflicto de interés.
El bloqueo legislativo tampoco ha detenido a los organismos. Mike Selig, presidente de la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas (CFTC), dijo el miércoles que su agencia usará los poderes que ya tiene para avanzar en la regulación cripto. Es la misma lógica que aplica la SEC: si el Congreso no legisla, se mueve el regulador. Poco a poco, pero se mueve.
Análisis: la tokenización avanza por la vía regulatoria, no por la legislativa
Este patrón ya lo hemos visto antes. En enero de 2024, la SEC aprobó los primeros ETF al contado de bitcoin después de años de negativas y de una derrota judicial que le obligó a cambiar de criterio. Entonces, igual que ahora, el Congreso no había aprobado ninguna ley específica y fue el regulador, empujado por los tribunales, quien abrió la puerta. Hay una diferencia de calado: un ETF es un producto empaquetado que replica un precio, mientras que una acción tokenizada toca el corazón mismo del mercado de valores.
Conviene tener presentes tres riesgos. El primero es la reversibilidad, porque lo que se concede por exención se puede retirar o no renovar. Y cinco años pasan rápido. El segundo es la dependencia de la contraparte: alguien tiene que custodiar las acciones reales que respaldan los tokens, y ese alguien puede fallar. El tercero es la fragmentación, ya que si la liquidez se reparte entre el mercado tradicional y el tokenizado, los precios pueden divergir y la mejor ejecución quedarse en uno solo de los dos lados.
Para el inversor español, hoy esto es más una señal de dirección que una oportunidad práctica. La exención está pensada para plataformas estadounidenses y su alcance llegará antes a clientes profesionales que al público general. En la Unión Europea existe desde 2023 un régimen piloto para infraestructuras de mercado basadas en registro distribuido, supervisado por la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), con un perímetro mucho más estrecho que el que acaba de abrir Washington. Mi impresión es que Bruselas mirará con atención lo que ocurra al otro lado del Atlántico antes de mover ficha.
Qué mirar a partir de ahora
La primera pregunta tendrá respuesta en las próximas semanas: qué plataformas se acogen a la exención y con qué valores. La segunda es más de fondo: si esas plataformas publican quién custodia las acciones y con qué garantías. Sin ese detalle, hay promesa y poco más.
La tercera clave es el calendario político. Si la CLARITY Act vuelve al Senado tras las elecciones legislativas de noviembre de 2026 y esta vez sale adelante, la exención funcionará como un puente hacia una norma estable. Si no, la tokenización de Wall Street quedará a merced del criterio de quien dirija la SEC, y eso, como hemos visto en la última década, cambia con cada administración.




