El dinero depositado en acciones tokenizadas dentro de protocolos DeFi se ha multiplicado casi por veinte en un año. El valor total bloqueado —el TVL, la suma de todo lo que los usuarios tienen en esos contratos— alcanzó los 247,8 millones de dólares, un 1.961% más que hace doce meses, según los datos que publicó Token Terminal el jueves.
Detrás del número hay un cambio de fondo. Las acciones tokenizadas ya no sirven solo para tener exposición a una empresa desde la blockchain: ahora se prestan, se depositan en pools de liquidez y se emparejan con otros activos. Ese uso activo, y no la simple emisión, es lo que ha disparado el valor bloqueado en estas finanzas descentralizadas.
Un salto del 1.961% en doce meses
El TVL de acciones tokenizadas pasó de unos 12 millones de dólares a 247,8 millones en un año, un 1.961% más, según los datos de Token Terminal. Binance Research llega a una cifra parecida: el TVL activo de DeFi de este segmento subió de 21,6 millones en enero a 289,1 millones el 9 de septiembre. Frente a la capitalización propia del sector, el peso de DeFi pasó del 2,2% al 7,2%.
La concentración es enorme. Tres cadenas reúnen el 89,5% de todo ese dinero: Robinhood Chain, con 98,2 millones de dólares; Solana, con 87,4 millones; y BNB Chain, con 36,3 millones. La primera es una red de segunda capa construida dentro del ecosistema de Ethereum, lo que convierte a su infraestructura en la base de liquidación dominante de esta tendencia, pese a que Solana y BNB Chain también captan una parte relevante.
El uso real: prestar, dar liquidez y emparejar con memecoins
¿Para qué se usan realmente esos tokens? Binance Research desglosa el TVL por actividad. Los pools de liquidez, donde los usuarios depositan pares de activos para facilitar el intercambio, se llevan el 65,4%. Los mercados de préstamo suman el 28,1%. La tokenización de rendimientos ocupa el 5,7% y el 0,8% restante se reparte entre otras actividades.
Ya no basta con tokenizar: el 93,5% del valor de las acciones en DeFi trabaja prestando o dando liquidez, no esperando sentado a que suba la cotización.
La base total, eso sí, es mucho mayor. El valor distribuido de acciones tokenizadas —los tokens que pueden moverse libremente entre carteras— rozó los 2.900 millones de dólares a mediados de septiembre, según la plataforma de datos RWA.xyz. La emisión ya no es el cuello de botella: lo que importa es cuánto de ese dinero encuentra un uso real al llegar a la cadena.
Los números de bStocks, un protocolo que acepta acciones tokenizadas como garantía, ponen cifras al fenómeno. El préstamo pendiente contra bStocks subió del 5,5% del colateral depositado a finales de junio al 46,2% el 10 de septiembre. Son unos 3,1 millones de dólares prestados contra 6,8 millones en garantía. El pool es pequeño, pero la utilización se ha multiplicado.
Hay un uso menos evidente y más polémico: los memecoins. Binance Research señala que las acciones tokenizadas generan volumen en mercados que no son intercambios directos. Los pares de memecoins emparejados con acciones movieron cerca de 2.490 millones en Robinhood Chain y 2.900 millones en BNB Chain entre el 26 de julio y el 9 de septiembre.
La firma de análisis on-chain SQD estudió una muestra de Robinhood Chain. Encontró que 711,2 millones de dólares, un 32,1% del volumen acumulado de tokens de acciones hasta el 30 de agosto, provino de intercambios con otros tokens, sobre todo memecoins. La conclusión es que las acciones tokenizadas se están convirtiendo en activos de cotización para el trading nativo cripto, lo que infla el volumen sin exigir más demanda real de acciones.
Por qué las acciones tokenizadas ya no son un adorno
El salto del 1.961% hay que leerlo con perspectiva. Hace apenas dos años, las acciones tokenizadas eran un experimento de escaparate: valían para presumir de un trozo de Apple o de Tesla en la cartera de una wallet, pero apenas se movían. El TVL era residual porque nadie construía nada encima. Eso ha cambiado.
La llegada de protocolos de préstamo y de pools de liquidez que aceptan esos tokens como colateral recuerda a lo que ocurrió con las monedas estables: primero fueron un medio de pago y, cuando el mercado aprendió a prestarlas y a sacarles rendimiento, se convirtieron en la columna vertebral de la DeFi.
El riesgo, sin embargo, es evidente. Hablamos de 247,8 millones de dólares en DeFi, una cifra minúscula frente a los más de 100.000 millones que mueve la DeFi de Ethereum en su conjunto. La concentración en tres cadenas y la dependencia de un puñado de protocolos la hacen vulnerable: un exploit o un giro regulatorio podría borrar buena parte del TVL en horas. Y cada acción tokenizada depende de un custodio tradicional que respalde el token.
Lo que sí parece claro es que el debate ya ha dejado de ser cuántas acciones se tokenizan y ha pasado a ser cuánto de ese valor trabaja de verdad on-chain. Con el uso DeFi subiendo del 2,2% al 7,2% en menos de un año, la brecha debería seguir cerrándose. La pregunta abierta es si el siguiente paso lo dará la regulación europea bajo MiCA, que aún no tiene una regla específica para acciones tokenizadas usadas como colateral.




