El precio de la gasolina en España supera los 2 euros por litro: llena el depósito antes del jueves

El diésel se ha disparado en septiembre y agota ya el refuerzo del descuento estatal. Repostar antes del jueves puede ahorrar más de diez euros por depósito.

El precio de la gasolina en España ha superado los 2 euros por litro en numerosos surtidores y todo apunta a que seguirá subiendo durante los próximos días. El diésel, además, entra en septiembre con una escalada que ya se come el refuerzo del descuento estatal.

La gasolina supera los 2 euros y el diésel acelera en septiembre

La barrera psicológica de los dos euros no es nueva: ya se rozó en varias oleadas, pero los precios de septiembre vuelven a colocarla en el centro del debate. En Menorca, las cinco gasolineras más caras de Balears obligan a pagar más de 100 euros por llenar un depósito grande. La media nacional, sin embargo, se mantiene por debajo, aunque la dispersión entre comunidades vuelve a ampliarse.

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El comportamiento del diésel llama más la atención. Sube con fuerza. En lo que va de septiembre, su precio medio ha encadenado subidas casi diarias en el surtidor, recortando la ventaja frente a la gasolina y devolviendo la presión al transporte de mercancías. No conviene perder de vista ese detalle: la mayoría de los costes logísticos termina repercutiendo en el precio final de la cesta de la compra.

Tampoco el descuento del Gobierno ofrece ya colchón. La subida adicional que se aprobó para apoyar a los conductores ha quedado neutralizada por el propio encarecimiento del carburante, según el seguimiento de precios de RTVE.es. Dicho de otro modo: el alivio fiscal se absorbe en el surtidor, no en el bolsillo del consumidor. Es un encarecimiento sin precedentes, advierten desde las organizaciones de transportistas.

Por eso la recomendación concreta para esta semana es llenar el depósito antes del jueves. El jueves, 17 de septiembre, es la fecha que fijan las recomendaciones recogidas por RTVE.es y La Razón para evitar la próxima actualización de precios. Si el crudo mantiene la tendencia actual, los surtidores consolidarán la subida y el margen para repostar algo más barato se esfuma. Repostar antes del jueves no resuelve el problema de fondo; al menos evita pagar la siguiente escalada.

El jueves no es una cita simbólica: es la última ventana para llenar el depósito antes de que la próxima revisión consolide la subida.

Los datos de surtidores muestran que el problema no es homogéneo. Las islas, y algunas zonas rurales, registran precios claramente superiores a la media peninsular. Llenar un depósito de 55 litros con gasolina de 95 octanos en los casos más caros supone pagar más de 110 euros, mientras que en las estaciones de bajo coste se sitúa cerca de los 95 euros. La diferencia entre estación y estación, dentro de una misma ciudad, puede superar los 10 céntimos por litro.

Con la gasolina por encima de los dos euros, la comparación con el diésel se vuelve clave. El gasóleo de automoción, más ligado al consumo industrial y al transporte, presiona los márgenes de las empresas que dependen de vehículo diésel. La gasolina, por su parte, golpea de lleno la movilidad privada y el turismo por carretera. Ambos carburantes comparten una raíz común: la cotización internacional del barril de Brent y el margen de refino.

El descuento del Gobierno pierde fuelle y el jueves marca la próxima subida

La clave no es solo qué precio marca cada estación, sino qué parte de la subida acabará consolidándose. Las actualizaciones de precios se producen a lo largo de la semana; el jueves se ha convertido, de hecho, en la jornada en la que muchas marcas alinean sus tarifas con la estrategia comercial del fin de semana. Si los contratos mayoristas siguen al alza, el viernes y el sábado reflejarán precios aún más altos en los rótulos.

El desgaste del descuento es especialmente visible en el diésel. A principios de año, la ayuda estatal permitía amortiguar buena parte del movimiento al alza. Ahora, con el precio medio en máximos de varias semanas, el efecto de la bonificación apenas se percibe. La consecuencia es directa: el conductor no encuentra ya una referencia clara entre gasolina y diésel para elegir con racionalidad.

La ayuda se diluye.

La escalada del precio del carburante en España no se explica solo por el petróleo

Aquí es donde conviene levantar la mirada. El precio final en el surtidor no solo depende del barril de Brent: se compone de impuestos, logística, margen de refino y coste de distribución. Los impuestos tienen un peso relevante en el total y, cuando la cotización sube, el Estado recauda más por IVA y por el impuesto especial. Es un matiz incómodo que suele quedar fuera del debate público.

También pesa la estacionalidad. Septiembre concentra el regreso completo a la actividad laboral y escolar, la reactivación de rutas de reparto y el aumento del tráfico interurbano. La demanda de carburante sube de forma estructural en estas semanas. A ello se suman los miedos a nuevas tensiones de suministro que suelen endurecer los precios. No es un escenario nuevo, pero sí es más difícil de neutralizar cuando coincide con la retirada progresiva de medidas anticrisis.

Mi posición es clara: trasladar el debate únicamente al precio de la gasolina es quedarse en la superficie. Lo relevante para las empresas y para las familias es que el diésel recupera terreno, el transporte se encarece y la inflación subyacente suma un nuevo factor de fricción. De momento, la recomendación inmediata es repostar antes del jueves. Después habrá que mirar a la evolución del barril de Brent y a la reacción del sector del transporte, que es quien antes traslada estos incrementos al consumidor final.

La próxima prueba llegará el lunes. Los datos oficiales de precios de la Unión Europea permitirán comprobar si los surtidores consolidan la subida o si el repunte de septiembre se desinfla antes de octubre.


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