La ciudadanía por inversión en el Caribe permite obtener un segundo pasaporte desde 100.000 dólares. Santa Lucía lo entrega en seis meses; Antigua y Barbuda, en cinco. He revisado los seis programas vigentes para 2027 y hay una conclusión que conviene fijar desde el inicio: la vía más barata no siempre es la más líquida.
Seis programas, una horquilla de entrada muy amplia
El mapa caribeño de la ciudadanía por inversión se divide en dos bloques. Por un lado, los programas clásicos de pasaporte por inversión de Antigua y Barbuda, Dominica, Granada y Santa Lucía; por otro, las vías de residencia cualificada de Bahamas y Barbados, con plazos más largos y sin ciudadanía inmediata.
Antigua y Barbuda mantiene el programa más completo. Otorga ciudadanía en cinco meses mediante una donación no reembolsable de 230.000 dólares, la compra de un inmueble preaprobado de 300.000, una aportación de 260.000 al fondo de la Universidad de las Indias Occidentales —que incluye a toda la familia— o una inversión de 400.000 en un negocio. Para estructura familiar, la opción universitaria reduce el desembolso por miembro; para activo tangible, la propiedad introduce riesgo inmobiliario.
Dominica ofrece el umbral más eficiente. El programa Citizenship by Investment parte de 200.000 dólares, mediante aportación a un fondo estatal o compra de una propiedad. El inmueble puede venderse legalmente al cabo de tres a cinco años, lo que recupera parte del capital. La contrapartida es la liquidez: el mercado secundario de activos preaprobados en islas pequeñas es estrecho.
Granada combina residencia y pasaporte. Para estancias superiores a tres meses exige prórroga; la residencia permanente llega a los dos años y la naturalización por residencia se activa a los siete. El programa de ciudadanía por inversión requiere una donación de 235.000 dólares al Fondo Nacional de Transformación o la compra de un inmueble preaprobado de 350.000.
Santa Lucía tiene el umbral más bajo. Con una donación de 100.000 dólares al National Economic Fund, bonos gubernamentales de 300.000 con una tasa de 50.000 o una propiedad preaprobada desde 200.000, el pasaporte llega en unos seis meses y se acompaña de incentivos fiscales significativos. Es la puerta de entrada más eficiente en coste de capital; conviene auditar la calidad de movilidad del pasaporte antes de decidir.
Bahamas y Barbados quedan fuera del circuito clásico. La primera ofrece residencia permanente por compra de propiedad, matrimonio o tras 20 años de trabajo legal, sin derecho a voto. La segunda propone el Welcome Stamp para nómadas digitales durante un año, un permiso renovable de cinco años con una inversión de 300.000 dólares y residencia permanente incondicional desde 2 millones. Son rutas migratorias, no pasaportes por inversión inmediatos.
Implicaciones para la planificación patrimonial internacional
Para un family office, el atractivo no es la rentabilidad financiera del pasaporte, sino la opción de diversificar la exposición a un único Estado. La ciudadanía caribeña añade movilidad, facilita la entrada a determinados mercados regionales y puede integrarse en una estructura sucesoria que incluya a cónyuge, hijos, padres y, en el caso de Dominica, abuelos.
El coste debe leerse como gasto de protección, no como inversión con retorno. Las donaciones son irreversibles; los bonos gubernamentales exigen capital inmovilizado durante toda la vigencia; y la propiedad solo recupera valor si existe volumen de compra en el mercado insular. El umbral de 100.000 dólares de Santa Lucía reduce el desembolso, pero no garantiza liquidez futura.
El pasaporte caribeño no genera rentabilidad financiera; compra opcionalidad geográfica y una prima de liquidación ante escenarios de riesgo país.

Liquidez, due diligence y horizonte temporal: la lectura Wealth
Llevo tiempo observando estos programas y la tendencia de fondo es clara: los umbrales suben y los controles de due diligence se endurecen. Lo que hace una década era un mercado con escasas exigencias documentales, hoy funciona con verificaciones de origen de fondos cada vez más estrictas. El inversor debe asumir que la entrada se encarecerá.
En términos de asignación, hay una diferencia esencial entre comprar un pasaporte como familia y comprarlo como estructura. Dominica incluye hasta abuelos, lo que resuelve planificación sucesoria en una sola operación; Antigua, con su fondo universitario, ofrece cobertura familiar a coste marginal razonable. La opción inmobiliaria de Granada a 350.000 dólares exige asumir el riesgo de reventa de un activo que no cotiza.
El riesgo principal no es regulatorio: es iliquidez. Los inmuebles preaprobados no son activos de alta rotación; quien compre con la expectativa de vender en tres años puede encontrarse con que el comprador aparece en cinco. Para un perfil conservador, la donación no reembolsable de menor importe puede ser más razonable que una propiedad de mayor valor nominal.
Hay un factor que el inversor debería monitorizar: la actualización de umbrales y de listas de países exentos de visado. Los gobiernos caribeños revisan estas condiciones de manera recurrente, y un pasaporte que hoy rinde en movilidad puede erosionarse si la política bilateral cambia. Es, por tanto, un instrumento de planificación patrimonial, no un activo estático.
La iliquidez de la propiedad preaprobada es el verdadero coste oculto del pasaporte caribeño.
💎 Veredicto Wealth
Para un gran patrimonio, la ciudadanía por inversión caribeña es una herramienta de diversificación de movilidad y de riesgo país, no un activo con retorno financiero. El horizonte razonable supera los cinco años y el riesgo principal es la iliquidez de la propiedad preaprobada si se elige esa ruta.




