ExxonMobil recibe la aprobación para su proyecto de captura de carbono de 4.300 millones en Texas

La petrolera estadounidense invertirá 5.000 millones de dólares en una red de oleoductos de 1.450 kilómetros en el golfo de México. El permiso salió adelante por un ajustado margen de dos votos a favor y uno en contra.

ExxonMobil recibió el visto bueno de la Comisión Ferroviaria de Texas para su mayor proyecto de captura de carbono, valorado en 5.000 millones de dólares (4.300 millones de euros) y diseñado para inyectar 53 millones de toneladas de CO2 en tres pozos subterráneos.

La autorización, aprobada por un ajustado margen de dos votos a favor y uno en contra, permite a la petrolera estadounidense avanzar en una infraestructura que considera estratégica para la descarbonización de sus clientes industriales en el corredor del golfo de México. La votación deja ver la tensión regulatoria que rodea a la captura y almacenamiento de carbono en Estados Unidos.

Publicidad

Qué autoriza la Comisión Ferroviaria de Texas

El permiso habilita la construcción y operación de una red de 1.450 kilómetros de oleoductos dedicada al transporte de dióxido de carbono. La infraestructura conectará a los clientes industriales de la compañía con los pozos de inyección autorizados, con capacidad para almacenar de forma permanente 53 millones de toneladas de CO2.

Según la información adelantada por el Financial Times, los clientes que podrían beneficiarse de esta red emiten alrededor de 700 millones de toneladas métricas de CO2. La cifra dimensiona el alcance de un proyecto que busca convertir a Texas en el principal nodo de captura de carbono del país.

El proyecto no nace de la noche a la mañana. ExxonMobil lleva varios ejercicios posicionándose en el CCS, con acuerdos industriales en la costa del golfo y una división de bajas emisiones que busca replicar su modelo de integración vertical. La autorización convierte esa apuesta en un activo tangible.

La mayor red de oleoductos de CO2 del golfo de México

El proyecto se enmarca en la estrategia de transición energética de ExxonMobil, que ha situado la captura y almacenamiento de carbono como una de sus prioridades de inversión. No se trata de una iniciativa aislada: la compañía compite con Occidental Petroleum y Chevron por liderar un negocio que depende tanto de la regulación como de la viabilidad técnica de los pozos.

El CCS deja de ser una promesa tecnológica y se convierte en una apuesta de capital intensivo que necesita regulación estable y clientes dispuestos a pagar por descarbonizar.

La magnitud de la red prevista, con más de 1.450 kilómetros, la convertiría en una de las mayores del mundo en el golfo de México. La aprobación llega, sin embargo, con un margen político muy estrecho, lo que anticipa una supervisión regulatoria intensa durante la fase de construcción y operación.

La decisión salió adelante con un margen de dos votos frente a uno, un equilibrio que refleja el debate sobre la seguridad de los pozos y el riesgo de fugas. La Comisión Ferroviaria de Texas, pese a su nombre, es el organismo con competencias sobre la actividad energética del estado, incluida la supervisión de proyectos de esta envergadura.

El golfo de México reúne una combinación única de alta concentración industrial, formaciones geológicas aptas y una red eléctrica y portuaria ya desarrollada. Esa ventaja convierte a Texas en el laboratorio más creíble para escalar la captura de carbono en el mundo.

El reto económico y regulatorio del CCS en el sector energético

La captura y almacenamiento de carbono ha dejado de ser una línea secundaria en las grandes petroleras. Para ExxonMobil, el proyecto de Texas representa la mayor inversión en CCS hasta la fecha, con un importe equivalente a 4.300 millones de euros, lo que subraya el giro de la compañía hacia soluciones de bajas emisiones sin renunciar a su base industrial.

El encaje financiero de esta infraestructura es el punto crítico. A diferencia de un oleoducto convencional, el transporte de CO2 requiere una red de clientes consolidada y un marco regulatorio que garantice la permanencia del almacenamiento. En este caso, ExxonMobil ya cuenta con una cartera industrial que justifica la inversión, pero el retorno se medirá en décadas, no en trimestres.

Los créditos fiscales por tonelada capturada, recogidos en la legislación estadounidense, funcionan como palanca de viabilidad para estos proyectos. Sin ese respaldo, la economía del CCS difícilmente alcanzaría el retorno exigido por el capital privado.

La competencia con Occidental Petroleum y otras firmas como Cheniere Energy endurece la batalla por los permisos y por los contratos de captura. Texas concentra buena parte de las emisiones industriales de Estados Unidos, convirtiéndose en el campo de pruebas natural para validar la economía del CCS a gran escala.

El precedente más inmediato lo marcan los proyectos de Occidental Petroleum en la cuenca del Pérmico, que buscan capturar CO2 para su almacenamiento geológico. ExxonMobil parte con ventaja en capacidad industrial, pero la ejecución de los pozos y la firma de contratos a largo plazo definirán quién rentabiliza antes esta infraestructura.

📊 Las Claves para el Inversor

  • Qué vigilar: Los próximos pasos de construcción de la red y la firma de contratos de capacidad con clientes industriales; cualquier retraso elevaría el riesgo de ejecución.
  • Reacción del valor: El mercado suele dar un trato prudente a los proyectos de transición energética de gran capital; la clave está en la generación de caja futura, no en el impacto inmediato en resultados.
  • Precedente sectorial: Las aprobaciones de CCS en Texas marcarán el ritmo de expansión de Occidental Petroleum y Chevron, que preparan proyectos similares en el golfo de México.

Publicidad