Armstrong (Coinbase): el suelo de Bitcoin ya está y llegará a 400.000 dólares en 2030

El CEO de Coinbase fija el mínimo del ciclo en el nivel actual y defiende que los 400.000 dólares para 2030 son un objetivo razonable. La votación del Clarity Act en el Senado, la próxima semana, puede acelerar la entrada de capital institucional.

Brian Armstrong, consejero delegado de Coinbase, ha vuelto a encender el debate sobre el suelo de bitcoin. En una entrevista con CNBC, el ejecutivo aseguró que la criptomoneda ya ha tocado fondo y que su objetivo de 400.000 dólares para 2030 sigue sobre la mesa.

La declaración llega con bitcoin cotizando cerca de 77.318 dólares, un nivel alejado de su máximo histórico de 126.080 dólares, alcanzado en octubre del año pasado. Aun así, la moneda sube más de un 20% en los últimos 30 días, impulsada por noticias regulatorias positivas en Estados Unidos.

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El mensaje de Armstrong: suelo de ciclo y un objetivo de 400.000 dólares

Armstrong no se limitó a repetir una cifra. Explicó su razonamiento con la narrativa de los ciclos, una constante en el mercado de las criptomonedas. Según recordó, bitcoin suele moverse en periodos de unos cuatro años: primero una fase alcista, después euforia y, por último, una corrección prolongada.

‘La mayoría de los periodos bajistas duran alrededor de un año, y acabamos de superar la marca de un año en este ciclo’, señaló. Para el CEO de Coinbase, ese dato marca la diferencia entre un mercado todavía en corrección y un suelo ya formado.

Su lectura se apoya en el calendario. El máximo histórico de bitcoin llegó en octubre del año pasado; desde entonces, el precio ha corregido cerca de un 39%. Si la historia de los ciclos sirve de guía, Armstrong cree que lo peor ya ha pasado y que los 400.000 dólares en 2030 son un objetivo razonable.

Traducido a números: recuperar el máximo histórico supondría una subida del 63% desde los niveles actuales. Alcanzar los 400.000 dólares implicaría multiplicar el precio por más de cinco veces y media. Son escenarios muy distintos, y Armstrong apunta al segundo como meta de largo plazo, no como promesa para 2026.

Armstrong no habla de una subida inmediata, sino de un suelo de ciclo: una base desde la que el capital institucional puede construir.

La opinión de Armstrong no pasa desapercibida. Coinbase es el mayor exchange de criptomonedas de Estados Unidos y uno de los termómetros del apetito institucional. Si su CEO habla de suelo, los inversores minoristas tienden a escuchar con más atención.

El Clarity Act y la votación que puede destapar capital institucional

La pieza que más atención concentra esta semana es la Clarity Act, un proyecto que el sector espera desde hace años. Su objetivo es dividir la supervisión de los criptoactivos entre los reguladores estadounidenses y aclarar qué activos se consideran valores, materias primas o stablecoins.

Para un inversor que no siga el detalle legislativo, la Clarity Act funciona como una suerte de mapa. Hoy muchos proyectos no saben con certeza si su token es un valor sujeto a la SEC o una materia prima bajo la supervisión de la CFTC. Esa ambigüedad frena productos y asusta al capital.

El Senado de Estados Unidos votará el texto la próxima semana, después del retraso de agosto. Armstrong se mostró confiado en que saldrá adelante y lo definió como una casilla regulatoria decisiva para atraer capital institucional.

No es una confianza sin precedentes. El ejecutivo recordó lo ocurrido con el Genius Act, la ley de stablecoins aprobada el año pasado. En los tres meses posteriores, más de 150 grandes empresas integraron stablecoins en en sus operaciones, según explicó. Su tesis es que la Clarity Act podría repetir ese efecto con acciones tokenizadas y otros productos.

No hay que olvidar el contexto político. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió a ejecutivos cripto en la Casa Blanca y presionó a los legisladores para avanzar con la ley. Ese respaldo político explica parte del giro de agosto.

Ciclos, precedentes y una lectura con matices

Conviene no convertir el mensaje en una promesa de rebote inmediato. El propio ejecutivo vincula su previsión a los ciclos históricos y no a un calendario concreto. Y los ciclos no son una ley física: se repiten hasta que dejan de hacerlo.

El mercado ya vivió algo parecido en 2024 con la aprobación de los primeros fondos cotizados (ETF) de bitcoin al contado en Estados Unidos. Aquel hito atrajo a gestoras como BlackRock y normalizó la exposición institucional. La Clarity Act aspira a producir un efecto comparable en otros frentes, como las acciones tokenizadas.

Eso sí, conviene mantener la prudencia. El precio sigue un 39% por debajo de su máximo, la liquidez del mercado cripto es limitada y la aprobación de una ley no elimina la volatilidad. El riesgo regulatorio no desaparece: se transforma.

Conviene recordar que ninguna de estas cifras es una recomendación de compra. El artículo no asesora; solo ordena los datos, los precedentes y las declaraciones de un actor relevante del mercado. La decisión final corresponde a cada inversor.

La próxima votación del Senado será la primera comprobación real. Si la Clarity Act sale adelante, habrá que observar durante meses si se traduce en entradas de capital y productos nuevos. Si se atasca, el suelo del que habla Armstrong quedará a prueba, más allá de las declaraciones.


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