Madrid guarda entre sus calles una red de obradores que pocas capitales pueden presumir, negocios donde el oficio se transmite de generación en generación y donde la materia prima se transforma cada madrugada. Detrás de sus escaparates conviven recetas centenarias con técnicas de vanguardia, y esa mezcla es precisamente lo que define la escena dulce y panarra de la ciudad. Para esta lista hemos buscado no solo los locales más queridos, sino aquellos que representan una forma distinta de entender el trabajo artesano: el pastelero clásico, el repostero contemporáneo y el panadero experimental.
El criterio ha sido elegir tres obradores que, aunque parten de puntos opuestos, comparten una misma exigencia con el producto y una relación directa con el cliente que llega al mostrador. Horno de San Onofre sostiene el peso de la tradición castiza desde 1972; La Duquesita demuestra que un negocio centenario puede dialogar con la alta repostería sin perder su esencia; y Alma Nomad lleva el pan de masa madre a un terreno casi científico, recuperando harinas que encierran siglos de cultivo. No están todos los que son, pero sí son los que mejor resumen el momento que vive el sector en la capital.
1Horno de San Onofre: el obrador histórico que sigue marcando el sabor castizo de Madrid
Horno de San Onofre encarna la tradición pastelera de Madrid desde 1972, cuando Daniel Guerrero y su mujer Emilia tomaron el traspaso de una pequeña pastelería en la calle San Onofre, 3, en el límite entre Malasaña y Chueca. Aquel local, primero llamado El Buen Gusto, acabó dando nombre a un negocio por el que desfiló la movida madrileña y que hoy capitanean sus hijas Ana y Mónica, segunda generación de la familia. La filosofía del obrador no ha cambiado: las recetas se escriben a mano, con lápiz y papel, y la artesanía se antepone a la producción en serie. Su célebre roscón ni siquiera se vende online, porque atender esa demanda exigiría una elaboración industrial prohibida en el taller. Ese respeto por el oficio, unido al trato directo de Ana tras el mostrador, explica las colas que cada temporada se forman ante este horno histórico.
San Onofre es además un calendario completo de dulces castizos: rosquillas de San Isidro en sus cuatro variantes, torrijas de Semana Santa, buñuelos, panellets y la Corona de la Almudena en noviembre, sin olvidar la tarta de Santiago que popularizó el fundador. La familia ha ido creciendo con locales como La Santiaguesa en la calle Mayor, La Tahona en Hortaleza y el de Hernani, más un puesto en el Mercado de San Miguel, siempre con materia prima de proximidad, de los huevos camperos a la harina sin aditivos. El respaldo llegó con la medalla de plata en el Campeonato de Roscones de Madrid, cuyo jurado presidió Paco Torreblanca. Ese galardón confirma que mantener la elaboración manual sigue dando resultados y que este obrador histórico, lejos de ser un museo del sabor, continúa marcando el pulso dulce de la capital temporada tras temporada.


