La crisis de Ceuta no es una emergencia migratoria cualquiera. Un mes después de la entrada irregular de miles de personas al enclave español, la pregunta que recorre el programa Análisis de DW Español es si Marruecos ha convertido a sus propios ciudadanos en un instrumento de presión geopolítica contra España.
El presidente Pedro Sánchez compareció esta semana ante el Congreso para defender su gestión y descartó tajantemente la implicación de Rabat. Mientras tanto, decenas de miles de personas se manifestaron en varias ciudades españolas contra su gobierno. El pulso entre Madrid y Rabat ha dejado de ser un asunto fronterizo para convertirse en una crisis con aristas internacionales.
Una crisis política vestida de emergencia humanitaria
Según Beatriz Mesa, politóloga de la Universidad Internacional de Rabat, lo que ha ocurrido en la frontera entre Ceuta y Castillejos no debería llamarse crisis migratoria. Es una crisis política, sostuvo durante el podcast Analisis de DW Español. La investigadora explicó que Marruecos ha intentado transmitir en todo momento la idea de que no se trata de una acción organizada contra España, sino de una crisis social que se desbordó.
Sin embargo, la hipótesis que plantea Mesa apunta a una estrategia de brazos cruzados durante unas horas. Las autoridades marroquíes habrían permitido deliberadamente el paso de miles de jóvenes sin ningún tipo de freno, con la intención de enviar un mensaje político a España. La molestia, según sus fuentes, estaría directamente relacionada con la cuestión del Sáhara Occidental.
Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, aportó un dato clave durante la conversación. Un informe policial español no señala expresamente la responsabilidad del Estado marroquí, pero describe organización, planificación y jerarquización en las acciones que llevaron a la marea humana hacia Ceuta. Para Núñez, todas las miradas convergen inevitablemente en Marruecos.
El analista añadió una lectura más dura: algo de esa magnitud no podría haber ocurrido sin una permisividad explícita del gobierno marroquí. Y lo que más le sorprende es la postura del ejecutivo español, que trata de excusar a Marruecos de toda responsabilidad mientras dirige la mirada hacia Rusia, Israel o Estados Unidos.
‘¿Qué ocurre si yo dejo de ser gendarme? ¿Qué ocurriría si dejara de ejercer ese tapón que necesitáis? Esto es lo que ocurriría’.
— Beatriz Mesa
El Sáhara, la herida que no cierra
Para Mesa, la raíz de la molestia marroquí está en el desierto. La presidenta del Congreso de los Diputados recibió al secretario general del Frente Polisario y acogió a niños saharauis en el programa Vacaciones en Paz. Aquellas imágenes, sumadas a declaraciones sobre el derecho de autodeterminación, habrían erosionado la confianza de Rabat en España.
A esto se añade la propuesta de ley para nacionalizar saharauis. Para Marruecos, España está decidiendo sobre el futuro de ciudadanos que forman parte de su estado nación. Después del reconocimiento de la integridad territorial marroquí por parte de Sánchez en 2021, este giro se interpreta en Rabat como una traición.
El Estrecho entra en la partida global
La crisis coincide con un contexto internacional especialmente tenso. El cierre del estrecho de Ormuz tras la intervención estadounidense en Irán ha disparado la importancia estratégica del flujo comercial marítimo. Ceuta, situada en el Estrecho de Gibraltar, cobra un valor renovado en la ecuación.
Mesa explicó que el impacto económico de la crisis en Oriente Medio se siente con fuerza en Marruecos, una economía dependiente del exterior. El encarecimiento del pan y el cereal puede generar movilizaciones sociales, como ya se vio con la generación Z. En ese escenario, el Estado marroquí intenta equilibrar los golpes mientras juega sus cartas en el tablero regional.
El eje Washington-Rabat-Tel Aviv en la mira
Núñez Villaverde remarcó que Estados Unidos considera el control del Estrecho de Gibraltar un punto fundamental en su estrategia. Marruecos ha sido designado como uno de sus principales aliados fuera de la OTAN, lo que le permite recibir material de defensa. El acuerdo de normalización con Israel en 2020, auspiciado por Trump, completó un triángulo que genera inquietud en la región.
Según el analista, no puede afirmarse que Washington o Tel Aviv hayan provocado la crisis, pero Marruecos se siente respaldado. La transferencia de tecnología de doble uso y sistemas de armas desde Israel aumenta la capacidad militar marroquí. En la ecuación hay que incluir a estos actores, insistió, pero la variable principal sigue siendo el interés de Rabat por someter a un gobierno español que calificó como sumiso.
Rusia, la desinformación y el desgaste gubernamental
Sobre las acusaciones de injerencia rusa, Núñez fue prudente. Las declaraciones de Sánchez se referían a redes sociales asociadas a Rusia e Israel, no a órdenes explícitas del Kremlin. Una característica de la guerra híbrida es precisamente la imposibilidad de identificar el origen exacto de una acción. Rusia tiene interés en desestabilizar a la UE, explicó, pero eso no demuestra que Putin haya ordenado la avalancha.
Beatriz Mesa añadió un matiz necesario: no solo Rusia actúa desde la desinformación, también lo hace el eje occidental. La politóloga defendió que la visión poscolonial es imprescindible para entender la actitud marroquí. Marruecos, tras siglos de subordinación europea, ha decidido crear agencia propia y defender su territorialidad con una diplomacia agresiva que ha ido sustituyendo a la tradicional diplomacia dulce.
La pregunta final del presentador Andreu Griezmann fue si esta crisis puede llevar a elecciones anticipadas. Núñez respondió que el adelanto electoral ya estaba en el horizonte, pero Ceuta puede ser el detonante. La respuesta del gobierno fue tardía: la crisis comenzó el 30 y 31 de julio, y hasta el 26 de agosto no se convocó el Consejo de Seguridad Nacional. Un mes después, la normalidad no ha vuelto ni en lo humanitario ni en lo migratorio.
La crisis de Ceuta sigue abierta. Le puede costar el poder a Pedro Sánchez, pero trasciende la política doméstica: es un espejo de cómo la geopolítica vuelve a instrumentalizar a los migrantes. Mientras Madrid y Rabat negocian en silencio, miles de personas siguen atrapadas en un limbo. La pregunta incómoda que deja DW Español es si España ha entendido que ser gendarme de Europa tiene un precio, y que Marruecos ya no está dispuesto a pagarlo solo.




