La guerra de Ucrania vuelve a girar hacia el norte. En los últimos días de agosto Rusia desplegó lanzadores de misiles balísticos K23 norcoreanos en la región de Kursk y, según VisualPolitik, ya los está utilizando con técnicos de Corea del Norte. Un movimiento que suena a escalada. Pero el canal propone una lectura distinta: ese despliegue, lejos de mostrar fortaleza, revela la debilidad de un Kremlin sin márgenes.
La tesis la sostiene VisualPolitik a partir de una filtración incómoda. Un análisis elaborado por Sberbank, el mayor banco de Rusia, apunta a que ni dentro del corazón financiero de Moscú creen ya en una victoria clara en Ucrania. Con un ejército agotado, una economía con más agujeros que un queso suizo y una erosión pública creciente, la posibilidad de imponerse es cada vez menor. El canal no lo presenta como una opinión: es la conclusión a la que llegaría la mayor entidad financiera del país.
El aviso que llega de Estonia y no es casual
VisualPolitik se detiene en un aviso que considera relevante. Kaupo Rosin, jefe del EFIS, el servicio de inteligencia exterior de Estonia, ha declarado que Rusia está en una situación muy delicada. El canal recuerda que Estonia, pese a su pequeño tamaño, construyó con ayuda del MI6 británico unos servicios de inteligencia especializados en la órbita rusa que hoy figuran entre los más fiables del mundo. Suecia, de hecho, los ha tomado como modelo para crear su propia agencia. No es, insiste, una voz que se pueda ignorar.
La evaluación de Rosin pinta un panorama poco halagüeño para Moscú. La situación económica y social se degrada con rapidez. Las bajas en el campo de batalla superan las cifras de reclutamiento, y los ataques ucranianos contra infraestructura energética han interrumpido una parte considerable de las exportaciones de combustibles, al tiempo que los propios rusos hacen colas en las gasolineras. Esa industria es la principal fuente de ingresos públicos del presupuesto.
Según los cálculos citados por VisualPolitik, el déficit presupuestario ruso ya ha superado a estas alturas el previsto para todo 2026. El agujero rondaría los 120.000 millones de dólares, aproximadamente la mitad de todo el gasto militar. Como las sanciones han dejado a Rusia fuera de los mercados financieros, cubrir ese boquete es mucho más difícil. La vía que le queda al Kremlin es una combinación de subidas de impuestos, contribuciones obligatorias para los oligarcas y cargas adicionales sobre las empresas. La consecuencia, para el canal, es evidente: más descontento social.
VisualPolitik apunta a un elemento clave. Lo más importante no es solo la economía, sino lo que piensa la gente con acceso a dinero, armas e información. En esos círculos ya no se debate cómo alcanzar una victoria total, sino cómo terminar la guerra de la manera menos dañina posible. Es un cambio de conversación que, según el canal, resulta más revelador que cualquier parte bélico.
‘Rusia está en una situación muy delicada. La revolución podría estallar de la noche a la mañana.’
— Kaupo Rosin, jefe del servicio de inteligencia exterior de Estonia, citado por VisualPolitik
Escalar sin músculo: el frente norte y la movilización
La supuesta escalada rusa tampoco convence a VisualPolitik. Los preparativos para abrir un nuevo frente terrestre a través de Bielorrusia le recuerdan al intento fallido de 2022. Entonces Moscú utilizó unidades aerotransportadas de élite y una dotación enorme de recursos hacia Kiev, y no logró su objetivo. Reintentarlo ahora, con una movilización mucho menor y una Ucrania mejor preparada, le parece una apuesta casi suicida.
Mantener la ofensiva exige efectivos. El canal recuerda que el Ministerio de Defensa ruso ha ampliado recientemente el acceso a datos personales y médicos de la población, lo que alimenta la especulación sobre una movilización total de hasta 600.000 nuevos militares. El problema es que esa decisión dispararía la tensión. Las clases medias rusas han tolerado la guerra porque el coste, hasta ahora, recae sobre las provincias más pobres. Si empiezan a alistar a sus hijos, el panorama político podría cambiar drásticamente.
Por eso, VisualPolitik cita la advertencia de Rosin sobre la rebelión fallida de Yevgueni Prigozhin. Para el jefe del EFIS, aquello fue una señal de un sistema vacío por dentro. El canal subraya la idea: estos regímenes parecen muy duros desde fuera, pero pueden ser sorprendentemente débiles por dentro. Y en Rusia, añade, se extiende el consenso de que la guerra no se puede ganar y de que Putin camina hacia un callejón sin salida.
Sberbank asigna probabilidades muy sombrías al Kremlin
La filtración del grupo de hackers Black Mirror expuso un análisis elaborado por Sberbank en abril. VisualPolitik incide en que no es una evaluación externa, sino del propio banco más importante de Rusia. El documento asigna probabilidades a distintos escenarios. El primero contempla que, en hasta 24 meses, Rusia se haga con las cuatro regiones ucranianas que se anexionó y algo de territorio adicional, obligando a Kiev a negociar desde una debilidad total. Exigiría movilizar medio millón de efectivos y acelerar la capacidad productiva y tecnológica. La probabilidad que le asigna Sberbank es de solo un 7%.
El segundo escenario plantea que Ucrania pierde apoyo político, económico y financiero de Occidente por el desgaste y las consecuencias económicas. Entonces Kiev negociaría bajo los términos de Moscú. Para Sberbank, esto requeriría una crisis energética europea o un corte total de Washington con Kiev. Aquí la probabilidad sube al 12%. VisualPolitik lo considera significativo: el mayor banco ruso ve más probable que Occidente abandone a Ucrania que una victoria militar rusa.
Los escenarios de paz negociada suman un 7% adicional: un 5% con concesiones mutuas y un 2% determinado por exigencias de Ucrania y la UE tras un colapso ruso. En total, el análisis de Sberbank deja solo un 19% de escenarios favorables para Putin. Además, la entidad sostiene que la ventana de máxima influencia negociadora para Rusia se situaba entre el verano y el otoño de 2026. El verano ya ha pasado.
El fondo de riqueza se agota y Europa rearma
Sberbank también advierte de que la parte líquida del fondo de riqueza nacional se está agotando rápidamente, mientras el rearme europeo acelera su capacidad industrial y tecnológica vinculada a la defensa. A la larga, dice el análisis, ese factor jugará a favor de Ucrania. VisualPolitik añade que Putin apuesta por continuar y por una campaña de sabotajes del GRU en Europa cada vez más violenta, con objetivos en plantas de la industria de defensa y centros logísticos.
La lectura del canal es tajante. Moscú no puede mantener la guerra de forma indefinida. O acepta que ha fracasado o arriesga todo lo que le queda. El tiempo se agota y, aunque la represión esté en su nivel más alto, los apoyos del líder ruso se están volatilizando. Algunos analistas citados por VisualPolitik comparan la situación con los últimos tiempos de la Unión Soviética: todo parecía sólido hasta que, de repente, el sistema colapsó.
¿Puede la guerra terminar con el régimen de Putin?
A partir de ahí, el canal no da una respuesta cerrada. Deja una pregunta abierta: ¿puede esta guerra acabar con el mismísimo régimen de Putin? Es una hipótesis que ya no suena descabellada entre quienes analizan el desgaste ruso. La combinación de déficit récord, descontento creciente y una escalada militar forzada por la falta de alternativas dibuja un escenario explosivo. Paralelamente el descontento no deja de extenderse, y eso es precisamente lo que más preocupa dentro del Kremlin.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.





