El oro refugio de la geopolítica: Países Bajos traslada de Nueva York a Londres sus lingotes por la inestabilidad

La decisión llega tras meses de presión política para repatriar el oro depositado en Estados Unidos. El precio del metal ronda los 4.364 dólares por onza y gana un 25% interanual.

El oro vuelve a ejercer de refugio geopolítico. El banco central de los Países Bajos ha trasladado más de 78 toneladas de oro desde la Reserva Federal de Nueva York a Londres, según ha adelantado el Financial Times. La razón oficial es clara: preparación ante crisis y mayor negociabilidad.

La presión de fondo no es nueva. Desde hace meses, políticos europeos y plataformas de contribuyentes reclamaban repatriar reservas de oro desde Estados Unidos. El argumento era que un Gobierno estadounidense poco fiable bajo la presidencia de Donald Trump podría confiscarlas en pleno deterioro de las relaciones transatlánticas.

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El gobernador del DNB, Olaf Sleijpen, prefiere hablar de preparación. ‘Con este traslado, hemos mejorado la negociabilidad de nuestras reservas de oro’, explicó. Londres es el mayor centro mundial de comercio de oro físico, con transacciones que superan los 900.000 millones de dólares semanales, unos 775.000 millones de euros.

Las cifras del traslado y la nueva distribución

La institución posee en total 612 toneladas de oro. De ellas, movilizó algo más de 78 toneladas desde Nueva York y siete desde Ottawa. Solo 27 toneladas físicas viajaron de América a Europa; el resto se vendió en el continente americano y se compró como lingotes nuevos en Londres. Es una estrategia que Francia ya empleó y que le reportó una plusvalía de 11.000 millones de euros.

Francia retiró todo su oro de la Reserva Federal de Nueva York entre julio de 2025 y enero de 2026. El entonces gobernador del banco central francés, François Villeroy de Galhau, negó motivos políticos. El banco central neerlandés insiste en que su oro en el Banco de Inglaterra cumple con ‘los estándares internacionales de comercio modernos y se considera el oro más fácilmente negociable del mundo’.

El movimiento no es solo logístico: es una señal de desconfianza regulatoria que otros bancos centrales están empezando a copiar.

El paso se produce con el precio del oro en zona de máximos. Cotiza en torno a los 4.364 dólares por onza troy, un 25% más que hace doce meses. El año pasado, el oro superó a los bonos del Tesoro estadounidense como mayor activo de reserva del mundo, según datos del BCE. Y algunos bancos centrales muestran cada vez más cautela a la hora de almacenar oro en en Estados Unidos.

Qué cambia para los inversores en oro

Para el inversor español, la señal es clara: los bancos centrales siguen tratando el oro físico como seguro último ante crisis y fragmentación. La disponibilidad en Londres, además, reduce la fricción de liquidar posiciones en el mayor mercado de oro del mundo. ‘En una situación de crisis, estaría disponible con más facilidad que el oro almacenado en otro continente’, apuntó Sleijpen.

No todos los bancos centrales comparten la urgencia. El Bundesbank alemán mantiene alrededor de un tercio de sus reservas en Nueva York. Su presidente, Joachim Nagel, desestimó en mayo más repatriaciones: ‘No me cabe duda de que el oro está almacenado de forma segura en la Reserva Federal de Nueva York’. Advirtió de que Estados Unidos se perjudicaría a sí mismo si pusiera en duda ese estatus legal.

La geopolítica entra en la cámara acorazada

Aquí hay una lectura de fondo. Que Países Bajos mueva parte de su oro no responde a un fallo operativo, sino a una reasignación del riesgo geopolítico. La confianza en el custodio estadounidense era casi un axioma de la arquitectura financiera de posguerra; ahora se discute abiertamente. Es un cambio discreto pero profundo. En 2013, Alemania ya decidió mantener la mitad de sus reservas dentro de sus fronteras y trajo 674 toneladas desde París y Nueva York a Fráncfort, en una operación que costó siete millones de euros. Aquello parecía una rareza del Bundesbank. Hoy es un precedente.

Veo una contradicción incómoda. Los bancos centrales acumulan oro como activo de última instancia y, al mismo tiempo, desconfían de dónde guardarlo. Si la fragmentación avanza, el coste de mover reservas y de asegurar rutas seguras crecerá. Y si la Fed de Nueva York pierde cuota como depositario, se debilita una de las correas de transmisión del dólar en el sistema. No es un colapso; es una erosión silenciosa.

El siguiente hito será la publicación de las estadísticas de reservas internacionales del FMI en septiembre. Ahí se podrá comprobar si el movimiento neerlandés es un caso aislado o marca una tendencia entre los bancos centrales europeos. Mientras tanto, el inversor en oro tiene un argumento más para mantener exposición.


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