1El radar de tramo de la A-1 en Aranda de Duero (Burgos)
El radar de tramo que la DGT ha puesto a multar desde el 1 de septiembre en la A-1 a su paso por Aranda de Duero es uno de los dispositivos que más incomoda a los conductores habituales de la autovía del norte. A diferencia de un cinemómetro puntual, este sistema calcula la velocidad media entre dos pórticos separados varios kilómetros, de modo que frenar justo antes del equipo ya no sirve de nada: el margen se mide sobre todo el recorrido y obliga a mantener un ritmo constante y dentro del límite durante todo el tramo vigilado. La A-1, que conecta Madrid con Burgos, Vitoria y San Sebastián, soporta un tráfico intenso de turismos y camiones que se dispara en vacaciones, y el nuevo control se ha colocado en un punto en el que el exceso de velocidad era una constante. Quien lo rebase se enfrenta a sanciones que arrancan en los 100 euros y pueden alcanzar los 600, con retirada de hasta seis puntos del permiso de conducir según la velocidad a la que sea cazado.
Que la DGT haya elegido Aranda de Duero para sumar un radar de tramo no sorprende si se mira el historial del tramo burgalés de la A-1, una de las zonas de España donde más denuncias se concentran. En esta misma autovía, el cinemómetro fijo de Alto de la Varga, en el entorno del kilómetro 234, multiplicó por seis sus sanciones en 2024, hasta las 26.617 denuncias, y se coló en el puesto 13 del ranking nacional de radares que más multan, según el recuento de Automovilistas Europeos Asociados (AEA). Tampoco le va a la zaga el fijo del kilómetro 194, cerca de Lerma, que solo en 2023 tramitó más de 21.000 denuncias. Con el nuevo control de velocidad media en Aranda, la DGT refuerza precisamente el punto donde hasta ahora la vigilancia se apoyaba casi por completo en equipos fijos, añadiendo un sistema más difícil de esquivar y que castiga a quien baja la guardia en una vía por la que pasan cada día miles de vehículos rumbo al norte.


