La NASA ha activado una nueva antena de 34 metros en Goldstone para reforzar la Red de Espacio Profundo. La parábola, denominada DSS-23, se integra en el complejo californiano cercano a Barstow y está diseñada para enviar comandos y recibir datos científicos de naves tan lejanas como Voyager o tan activas como Perseverance.
El anuncio llega acompañado de la ceremonia de inauguración celebrada el 25 de agosto de 2026, tal y como recoge la galería fotográfica oficial de la NASA. Directivos de la sede central, del Jet Propulsion Laboratory y de la propia Red de Espacio Profundo se reunieron frente a la estructura recién terminada para cortar la cinta. En la imagen oficial aparecen, entre otros, Wanda Peters, administradora adjunta de la Dirección de Misiones de Investigación y Tecnología; Jimmy Kenyon, administrador asociado; y Michael Levesque, jefe de proyecto de la DSN en el JPL.
Una parábola de 34 metros construida para escuchar señales muy débiles
La DSS-23 es una antena de 34 metros de diámetro con tecnología de guía de ondas multifrecuencia. Puede operar en varias bandas de radio, una flexibilidad que le permite atender misiones con necesidades muy distintas sin destinar un instrumento exclusivo a cada una. Pertenece a la familia de las beam-waveguide, un diseño que reduce el equipo de recepción y facilita las reparaciones. Para imaginar la escala: puestos en fila, harían falta casi ocho coches para cubrir su diámetro.
No es un radiotelescopio científico, aunque su forma recuerde vagamente a uno. Su trabajo es logístico: rastrear naves, enviarles órdenes y recibir la telemetría que devuelven desde distancias extremas. En esa conversación, una antena más ancha equivale a una oreja más sensible. Esa sensibilidad es irreemplazable. La señal de una nave interestelar llega con una potencia mínima, y cada metro adicional de apertura ayuda a no perder ni un bit.
La Red de Espacio Profundo no es un único lugar. Es un sistema de estaciones que permite mantener contacto con las naves mientras la Tierra rota. Goldstone es uno de esos nodos; su ubicación desértica reduce las interferencias de radio, una condición de trabajo casi tan importante como la propia antena. Sin redundancia global, una misión quedaría silenciada durante horas cada día. Esa redundancia no es un capricho: es la diferencia entre recibir una imagen de Marte o esperar al día siguiente.
Por qué la Red de Espacio Profundo no puede quedarse corta

La demanda no deja de crecer. Sondas marcianas, naves de observación solar, misiones en asteroides y las veteranas Voyager compiten por tiempo de antena; cada una necesita su ventana para transmitir. Si una estación se satura o sufre una avería, los controladores deben reordenar la agenda, a veces con horas o días de retraso en datos ya de por sí valiosos. El cuello de botella no está en el espacio, está en el suelo.
El proyecto de mejora que ha hecho posible la DSS-23 arrancó en 2009. Según la NASA, el objetivo era sumar seis nuevas antenas de 34 metros de guía de ondas multifrecuencia a la red. La nueva estructura es la última incorporación de ese proyecto, denominado Aperture Enhancement Project. No se trata de una sustitución, sino de una ampliación pensada para acompañar el crecimiento de las misiones.
Cuando la Tierra se mueve y la señal no espera, siempre tiene que haber una antena despierta en algún rincón del planeta.
En la ceremonia participaron responsables de la NASA, del JPL y del programa de Comunicaciones y Navegación Espacial, conocido como SCaN. El Jet Propulsion Laboratory, gestionado por Caltech, administra la red para SCaN, que coordina esta infraestructura desde la sede central de la agencia. La cadena burocrática puede sonar lejana, pero tiene una consecuencia directa: ampliar la red exige planificación presupuestaria y calendarios largos, no solo el deseo de una única misión.
Lo que esta antena cambia en la conversación interplanetaria
Me parece que la noticia importa menos por el metal que por lo que representa: la infraestructura de comunicaciones de la exploración espacial deja de ser un límite invisible. Durante años, muchas misiones podían diseñar instrumentos capaces de producir más datos de los que luego podían enviar a la Tierra. Añadir una apertura de 34 metros no resuelve todo, pero afloja ese embudo. La exploración se vuelve un poco más conversacional. Y en exploración espacial, el tiempo de antena equivale a oportunidad.
Hay, además, un matiz que conviene no pasar por alto. La NASA presenta la DSS-23 como la última antena incorporada al proyecto, no necesariamente como el cierre del programa. Quedan otros frentes de modernización y, sobre todo, la necesidad de adaptar la red a las misiones de la próxima década, incluidas las que exigirán enlaces con mucho más volumen de datos. La ampliación no termina aquí.
La página oficial de la Red de Espacio Profundo recoge los detalles operativos del sistema. Mientras tanto, la DSS-23 ya figura entre los activos disponibles en Goldstone, un complejo situado en una cuenca desértica de California donde el silencio de radio no es un lujo, sino una condición de trabajo. Lo que ha comenzado con una cinta cortada en California se traducirá en bits llegados de todos los rincones del sistema solar.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La NASA ha activado la antena DSS-23, una nueva parábola de 34 metros para la Red de Espacio Profundo.
- Dónde: Complejo Goldstone, cerca de Barstow, California (Estados Unidos).
- Institución responsable: NASA/JPL, bajo el programa SCaN y el Aperture Enhancement Project.
- Cuándo: Ceremonia de inauguración el 25 de agosto de 2026; activación comunicada esta semana.
- Impacto a futuro: Aumenta la capacidad para comunicarse con misiones como Voyager y Perseverance y prepara la red ante el crecimiento de la demanda de datos.





