La deuda pública de Estados Unidos supera los 40 billones en plena ofensiva arancelaria y de sanciones a Irán

El Tesoro de Scott Bessent afronta la barrera de los 40 billones de dólares en deuda mientras la ofensiva arancelaria y las sanciones a Irán suman presión. El análisis de The Guardian cuestiona su capacidad para sostener la confianza de los mercados.

La deuda pública de Estados Unidos ha superado esta semana el umbral de los 40 billones de dólares. Lo hace mientras el Tesoro, con Scott Bessent al frente, gestiona en paralelo la ofensiva arancelaria de la administración Trump y el endurecimiento de las sanciones contra Irán. The Guardian publica hoy un análisis en el que cuestiona la capacidad del secretario del Tesoro para estabilizar la economía.

He leído con atención el texto. La tesis de fondo es delicada: la historia podría reservar a Bessent un papel simbólico como el rostro del «Día D económico» en Irán, de la misma forma que Eisenhower quedó asociado al desembarco de Normandía. Los datos que sostienen esa lectura no son menores. La deuda nacional estadounidense ya se sitúa en los 40 billones de dólares, y debe refinanciarse en un contexto de tipos elevados y alta tensión geopolítica.

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La carga de la deuda, los aranceles y las sanciones

Los tres frentes se superponen. La ofensiva arancelaria de la administración Trump introduce fricciones en el comercio global y alimenta la incertidumbre sobre los precios. Las sanciones a Irán añaden una variable energética y financiera de riesgo. Y la deuda exige una coordinación de emisión y refinanciación sin margen para errores de comunicación.

La cifra de 40 billones no es una novedad aislada. Es el resultado de años de déficits fiscales amplios y de un ciclo de subidas de tipos que ha encarecido el servicio de la deuda. Aun así, el contexto actual agrava la lectura: Estados Unidos ya no gestiona su pasivo en un ciclo de baja inflación, sino con aranceles activos y sanciones que alteran los flujos comerciales.

“Whether Scott Bessent will achieve similar posterity as the face of the ‘economic D-day’ in Iran remains to be seen.” — The Guardian, 29 de agosto de 2026

El artículo del diario británico recuerda que Washington suele ordenar sus instrumentos de presión en una secuencia diplomacia, sanciones y fuerza militar. En este caso, según el relato, el presidente Trump comenzó con una campaña de bombardeos de seis meses y ahora confía en que el aislamiento económico complete el trabajo.

Una señal de alerta para el ciclo global de deuda

Lo que me parece relevante no es únicamente la barrera psicológica de los 40 billones. Es el cambio de régimen en el que se cruza. Ya no se trata de una deuda emitida con curvas de tipos controladas y demanda global de activos seguros. Es una deuda que convive con aranceles, represalias comerciales y una prima de riesgo geopolítico al alza. El Tesoro de EE.UU. tiene que mantener la confianza de los inversores en cada subasta, y cualquier señal de debilidad en la demanda puede traducirse en repuntes de yields con efectos inmediatos sobre el coste del capital global.

El riesgo que los mercados vigilan no es una quiebra, sino una prima por plazo más elevada. Si el bono estadounidense a 10 años cotiza al alza, el dólar y el resto de los activos se reajustan. No es un problema exclusivo de Washington: es una perturbación del tipo libre de riesgo que sostiene la valoración de la deuda corporativa y soberana en todo el mundo.

🌍 El impacto en España y Europa

El canal de transmisión hacia la eurozona y hacia España es indirecto pero real. Si la presión fiscal estadounidense empuja la rentabilidad del bono del Tesoro a 10 años, el Euríbor a 12 meses tiende a recoger parte de ese movimiento en las sesiones siguientes. Para una economía como la española, con una elevada proporción de hipotecas a tipo variable, ese repunte se traslada a las cuotas mensuales y resta margen de consumo.

  • Euríbor e hipotecas: una mayor prima de riesgo en EE.UU. puede sostener el Euríbor por encima de lo previsto.
  • Inflación europea: los aranceles y la tensión energética pueden retrasar el retorno del BCE al 2%.
  • Exportadoras e IBEX: mayor coste de financiación y un dólar volátil afectan a empresas con deuda en divisa o exposición a insumos importados.

El impacto directo en España es limitado a corto plazo, pero refuerza la prudencia del BCE si las primas de riesgo suben. La reunión de septiembre y los datos de inflación de la eurozona serán los siguientes hitos para calibrar esa presión.


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