Catar extiende la fuerza mayor del LNG y dispara el precio del gas Europa: 23,4 $/MMBtu

QatarEnergy ha notificado a compradores de Pakistán y Bangladés que las cancelaciones de cargamentos se prolongarán hasta octubre, y algunos envíos a Europa quedan suspendidos más allá de septiembre. La italiana Edison admite la activación de la cláusula mientras la crisis del Es

El precio del gas en Europa roza los 23,4 dólares por MMBtu y QatarEnergy extiende su fuerza mayor. La crisis del Estrecho de Ormuz deja de ser un incidente regional y se convierte en un factor de revalorización del gas natural licuado.

La compañía estatal catarí ha comunicado a compradores de Pakistán y Bangladés que las cancelaciones de cargamentos continuarán hasta octubre, según operadores consultados por Bloomberg. La extensión añade varias semanas al aviso inicial y confirma la persistencia del bloqueo en el Estrecho de Ormuz.

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Algunas entregas anteriores a Europa pactadas bajo contratos de largo plazo han quedado suspendidas más allá de septiembre. La italiana Edison ha admitido la activación de la cláusula, tal y como recoge Oilprice.com. El detalle más relevante es la asimetría: mientras parte del tráfico de crudo se ha reactivado, los flujos de GNL permanecen interrumpidos. Esa anomalía se refleja en en el precio final del gas.

QatarEnergy extiende la suspensión de cargamentos hasta octubre

Qatar es uno de los mayores exportadores mundiales de gas natural licuado. Sus barcos atraviesan el Estrecho de Ormuz para abastecer tanto a Asia como a Europa. El bloqueo, aunque no afecta por igual a todos los tráficos, introduce una prima de riesgo que los compradores deben asumir o trasladar a los precios finales.

En los mercados asiáticos, el gas se paga cerca de 23,4 dólares por millón de unidades térmicas británicas. Ese nivel encarece los cargamentos flexibles y obliga a los operadores europeos a pujar por cada barco disponible. La señal llega en un momento en el que las reservas comienzan a preparar el próximo invierno.

La crisis de Ormuz ya no es un episodio aislado de seguridad marítima: es un impuesto logístico sobre el suministro de gas que Europa empieza a pagar.

España, con una de las mayores capacidades de regasificación de la Unión Europea, depende de los precios globales del GNL. Las importaciones de LNG de España no se fijan solo en el equilibrio ibérico: compiten directamente con la demanda asiática. Cada repunte en Asia se filtra en los costes mayoristas de la península.

El mercado ya no cotiza solo el balance físico de gas: cotiza la capacidad de los barcos para cruzar un cuello de botella geopolítico.

El gas en Europa salta a 23,4 dólares por MMBtu y arrastra al suministro español

QatarEnergy fuerza mayor LNG

La escalada del precio asiático se traslada a la curva europea con rapidez. Los operadores interpretan que QatarEnergy, al ampararse en la fuerza mayor, racionaliza sus entregas prioritarias hacia los contratos con mayor valor. La decisión penaliza directamente a las economías que más gas licuado importan.

Para la península ibérica, la situación es doblemente sensible. Por un lado, la generación eléctrica utiliza gas en ciclos combinados cuando la generación renovable no cubre la demanda. Por otro, las tarifas reguladas de gas revisan periódicamente el coste de la materia prima en los mercados internacionales.

Las empresas comercializadoras ya anticipan renovaciones de contratos con primas más altas si la interrupción se mantiene. La gran duda no es si el invierno europeo tendrá gas suficiente, sino a qué precio se equilibrará el mercado. El racionamiento selectivo cambia las reglas de la contratación.

La geopolítica vuelve a demostrar que el gas natural licuado viaja por rutas estrechas. La crisis del Estrecho de Ormuz no solo afecta al petróleo; ahora condiciona también la liquidez física del GNL. Lo que antes era un riesgo teórico se convierte en una variable diaria de negociación.

La crisis de Ormuz reabre la fragilidad del gas licuado europeo

Europa ha sustituido una parte sustancial del gas de gasoducto ruso por cargamentos de GNL. Esa estrategia diversifica proveedores, pero desplaza la vulnerabilidad desde los tubos hacia los estrechos marítimos. Qatar, uno de los grandes suministradores globales, ha probado el alcance de esa exposición.

La anomalía del episodio es que el crudo ha encontrado vías para fluir y el gas no. Esa diferencia sugiere que no se trata solo de un bloqueo físico uniforme, sino de una gestión selectiva de riesgos por parte de cargadores y aseguradoras. El gas licuado exige terminales, buques especializados y contratos más rígidos; todo eso pesa en una crisis.

El racionamiento se produce además en el tramo anterior al invierno. Las existencias europeas aún pueden amortiguar el impacto, pero cada semana de fuerza mayor encarece la reconstrucción de reservas. Los compradores con contratos flexibles quedan expuestos, mientras que los acuerdos de largo plazo dejan de ser una garantía absoluta.

El próximo hito no es una fecha cerrada, sino la decisión de QatarEnergy cuando se acerque octubre: si levanta la cláusula o la prorroga de nuevo. Ahí se medirá si la prima geopolítica llegó para quedarse. Dejémoslo en un ya veremos.


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