Fitch mantiene el rating de Francia en ‘A+’ con perspectiva estable, pese a que los tipos de la deuda soberana tocan máximos desde 2008.
Fitch mantiene la calificación pese al deterioro fiscal
La decisión, comunicada el viernes, deja sin cambios una nota que el mercado considera de calidad media superior. Sin embargo, el comunicado de Fitch no es complaciente: el déficit se redujo menos de lo previsto en los dos últimos años y la agencia no anticipa mejoras adicionales.
En concreto, la agencia calcula que el déficit pasará del 5,8% del PIB registrado en 2024 y del 5,1% de 2025 al 5,2% este año y al 5,5% en 2027, con un leve reflujo hasta el 5,2% en 2028. Son cifras superiores a las anticipadas en marzo porque, según Fitch, reflejan un menor crecimiento, más gasto en intereses y nuevos compromisos en defensa.
La agencia tampoco espera una mejora del déficit primario en 2027, con las elecciones presidenciales de primavera en el horizonte. La consecuencia es una deuda pública que pasará del 117% del PIB actual al 122,7% en 2028, 1,7 puntos porcentuales más de lo estimado en su última revisión.
Fitch identifica la fragmentación política como una debilidad clave para la calificación: limita la capacidad de aplicar ajustes fiscales duraderos y reduce la previsibilidad de las políticas. La agencia cree que esa fragmentación persistirá más allá de las próximas elecciones.
A pesar de todo, la economía francesa sigue siendo grande, diversificada y próspera, y eso sostiene la nota. El crecimiento esperado es moderado: 0,8% del PIB este año y 1,1% en 2027 y 2028, con riesgos a la baja tras la revisión del Insee, que dejó el primer trimestre en una contracción del 0,2% y el segundo en estancamiento. El dato es revelador: Fitch admite que las revisiones a la baja del primer semestre anticipan un enfriamiento mayor al previsto.
Los inversores ya exigen a Francia más de un 4% por prestarle dinero a diez años, algo que no ocurría desde 2008.
El mercado de bonos ya exige a Francia un sobreprecio
El bono soberano francés a diez años cerró el viernes en el 4,124%, el segundo nivel más alto de la eurozona, solo por detrás de Bulgaria. Hace diez días que supera el umbral del 4%, inédito desde la crisis financiera global. El mercado no disimula.
En los últimos tres meses, el coste de financiación de Francia es el que más sube de la moneda única: 55,7 puntos básicos, frente a los 31,6 de Alemania o los 35,1 de España. El ministro de Economía, Roland Lescure, aseguró que el Gobierno sigue movilizado para contener déficit y deuda. Su reacción no dio pistas concretas sobre el ajuste.
La fragmentación política puede agotar el margen del rating
Fitch no ha tocado la nota, pero su discurso es un aviso de calado. El mercado ya trata a Francia con más desconfianza que a España: la prima del bono galo se ha ampliado 55,7 puntos básicos en tres meses, casi el doble que la española. Creo que hay una lectura incómoda en esa cifra: los inversores no ven en París la ancla fiscal que la eurozona daba por supuesta antes de la disolución parlamentaria.
La agencia lo resume con crudeza: sin una mayoría estable, no habrá ajustes duraderos. Y sin ajustes, la deuda seguirá subiendo. El próximo hito es el debate presupuestario de otoño; si el Gobierno salva ese pulso con cesiones limitadas, la calificación aguantará. Si la fragmentación convierte cada presupuesto en un bloqueo, la perspectiva estable podría caer antes de las presidenciales de primavera. No es un escenario base para 2026, pero el margen de error se ha estrechado a una escala que no se veía desde hace años.





