7¿Debe adelantarse el cribado? Las propuestas del informe para la práctica clínica
El primer impulso sería responder que sí: los datos del estudio liderado por Harvard, publicado a finales de 2025 a partir de dos grandes bases de datos mundiales, muestran que seis tumores —colorrectal, cervical, pancreático, de próstata, renal y mieloma múltiple— crecen más deprisa entre los menores de 50 años que entre los mayores. De hecho, el umbral ya se ha movido en EE UU: el cribado de cáncer colorrectal bajó de 50 a 45 años (la Sociedad Americana del Cáncer lo adelantó en 2018 y el grupo de trabajo de prevención en 2021) y el de mama, a los 40 en 2024. Pero el informe no defiende rebajar la edad de forma indiscriminada. La oncóloga Kimmie Ng recuerda que los incrementos más bruscos se concentran en la veintena y la treintena, franjas que seguirían fuera del cribado aunque se volviera a bajar el listón, y que es improbable que las guías se muevan otra vez. La propuesta es más quirúrgica: identificar con precisión a los jóvenes de alto riesgo y adelantar solo su cribado.
El informe delimita, además, hasta dónde puede llegar esa herramienta. No todas las subidas son iguales: en tiroides y próstata el aumento de casos no va acompañado de más mortalidad, lo que apunta a sobrediagnóstico por el exceso de pruebas; en el colorrectal, en cambio, la mayoría de los diagnósticos precoces llegan en estadios 3 o 4, lo que descarta que el repunte sea un artefacto del cribado. Y para páncreas, riñón o mieloma no existen programas poblacionales eficaces, así que la detección precoz pasa por otra vía. Las propuestas para la práctica clínica se dirigen a la consulta: garantizar que el umbral de 45 años se aplique de verdad en atención primaria, ofrecer el test de sangre oculta en heces como alternativa a la colonoscopia para sortear las barreras logísticas, formar a los médicos para no despachar síntomas en pacientes de 30 años y preguntar siempre por los antecedentes familiares, que permiten adelantar el cribado en quienes más lo necesitan. La concienciación y la historia familiar, concluyen, pueden salvar más vidas que cualquier nueva edad de inicio.



