He seguido con atención los mensajes cruzados entre Teherán y Washington y la primera conclusión es clara: el pulso por el estrecho de Ormuz entra en una fase de apertura selectiva, no de desescalada. Según la agencia estatal IRNA, Irán ha autorizado el paso de varios petroleros iraquíes por la vía marítima, tras las reiteradas peticiones de Bagdad, y ha advertido de que cualquier país que se sume a las sanciones de Estados Unidos será considerado enemigo. El ultimátum venció sin acuerdo y Donald Trump ya ha respondido con la amenaza de una guerra económica contra los socios comerciales de Teherán.
La advertencia iraní no es retórica vacía. En declaraciones recogidas por la agencia IRNA, Teherán ha equiparado el respaldo a las sanciones con una agresión directa. Ese lenguaje eleva el riesgo de represalias económicas en un momento en que la Casa Blanca presiona a Bruselas para que endurezca su postura.
El pulso sancionador y la advertencia de Teherán
La decisión de Teherán llega después de la visita del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, a Irak. La agencia IRNA detalla que la petición del salvoconducto para los petroleros iraquíes fue una de las principales demandas de Bagdad. El presidente iraquí, Nizar Amidi, confirmó en la Conferencia de Diálogo de Bagdad que Irán había facilitado en los últimos días el paso de “algunos buques que transportaban crudo iraquí”.
Los datos que manejo hasta ahora dibujan un escenario de bloqueo parcial con excepciones calculadas:
- Irak producía cerca de 4 millones de barriles diarios antes del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
- El tráfico en Ormuz sigue muy por debajo de los niveles previos a la contienda y los buques continúan expuestos a ataques.
- Bagdad negocia, además, ampliar sus exportaciones por el puerto turco de Ceyhan y por los puertos sirio de Baniyas y jordano de Aqaba, según declaró el primer ministro Ali al-Zaidi.
“El estrecho de Ormuz afecta al mundo entero, no solo a Irak.” — Nizar Amidi, presidente de Irak, Conferencia de Diálogo de Bagdad
“Irán ha decidido dejar pasar a los petroleros iraquíes porque Bagdad siempre se ha plantado ante Estados Unidos.” — Mostafa Khoshcheshm, analista y profesor en Teherán
Ese trato preferente a Irak no es casual. Según la lectura del analista citado, Teherán busca castigar a los Estados del Golfo que, según denuncia, han permitido a las fuerzas estadounidenses usar sus bases militares para lanzar ataques contra Irán. La apertura para Bagdad funciona como un mensaje a otros países: quien no secunde las sanciones tendrá acceso; quien las respalde, no.
Análisis: una apertura selectiva que no despeja el riesgo
Lo que veo aquí es una gestión de la crisis más comunicativa que resolutiva. Irán mantiene el bloqueo naval como condición para reabrir por completo el estrecho, mientras negocia con Omán un arreglo que, por ahora, no existe. El corresponsal de Al Jazeera en Teherán, Tohid Asadi, describe la situación como un holding pattern: una pausa táctica que afecta a todos los países, incluido Irak. La Casa Blanca, a su vez, introduce otro factor determinante, porque para Teherán el estrecho seguirá cerrado mientras la armada estadounidense mantenga su despliegue.
Esa lógica deja poco margen para una salida rápida. La reapertura parcial a Irak no alivia el riesgo global de suministro; solo lo reparte de forma asimétrica. Las primas de riesgo en los seguros marítimos y en los fletes se mantendrán elevadas mientras no se aclare si otros Estados podrán negociar exenciones similares. Además, la amenaza de Trump de castigar comercialmente a los países que sigan comprando crudo iraní introduce un escenario en el que Bruselas podría quedar atrapada entre Washington y Teherán. Seguiré atento a dos hitos: la siguiente ronda de conversaciones Irán-Omán y la reacción formal de la Unión Europea ante las sanciones secundarias.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo en España es limitado, pero el canal energético es el más expuesto. Si la tensión en Ormuz persiste, el barril de Brent se mantendrá presionado al alza y la factura energética europea subirá. Eso podría frenar la desinflación y retrasar los recortes de tipos del BCE, lo que a su vez limitaría la caída del Euríbor y encarecería las hipotecas variables. Para el tejido exportador español, el encarecimiento de fletes y seguros marítimos añade costes en plena desaceleración del comercio global.
- Euríbor: una inflación más rígida mantendrá al BCE en posición hawkish y retrasará nuevas bajadas.
- Empresas del IBEX: el repunte del crudo afecta a márgenes de transporte y energía.




