El precio de la gasolina hoy se sitúa en 1,791 euros por litro de media en las estaciones de servicio españolas, un 7,4% menos que hace una semana. El desplome llega después de que el descuento fiscal de 20 céntimos por litro entrara en vigor el 1 de octubre.
Es el mayor descenso intersemanal desde marzo, cuando se aprobó el primer paquete de medidas anticrisis. Desde la entrada en vigor del nuevo decreto, la gasolina se ha abaratado un 7,15% en el surtidor, según el histórico de precios que publica el geoportal de carburantes del MITECO.
La gasolina cae a 1,791 euros por litro y el diésel se queda atrás
El litro de gasolina se paga a 1,791 euros, un 1,7% menos que hace un mes. El gasóleo, en cambio, se suministra a 1,896 euros por litro: cae un 1,7% en la última semana, pero sigue un 5 % más caro que hace un mes. La asimetría entre ambos carburantes tiene una explicación fiscal.
En septiembre, el diésel ya contaba con una rebaja de 20 céntimos por litro, mientras que la gasolina solo tenía 5. El nuevo paquete iguala el punto de partida de los dos en octubre, y ahí está la clave del desplome: la gasolina venía de un escalón más alto. Llenar un depósito de 55 litros cuesta hoy 98,5 euros si es de gasolina y 104,28 euros si es de gasóleo.
Llama la atención el diferencial entre ambos carburantes. El gasóleo, que durante décadas se ha pagado por debajo de la gasolina, mantiene ahora una prima de 10,5 céntimos por litro. Para un conductor que reposte cada dos semanas, la elección de carburante pesa ya más de 60 euros al año.
El alivio en el surtidor no viene de que el crudo se haya abaratado, sino de que el Estado ha decidido cargar con una parte mayor de la factura energética.
El calendario fiscal marca lo que queda de año. El descuento sobre el Impuesto de Hidrocarburos será de 20 céntimos por litro en octubre, se reducirá a 13 céntimos en noviembre y se quedará en 6 céntimos en diciembre, según el decreto que extiende las medidas hasta el 31 de diciembre. La rebaja se aplica sobre la cuota del tributo, de modo que se traslada al precio del surtidor sin trámites para el conductor.
El calendario ya contempla que el alivio se estreche dos veces antes de diciembre. En enero, si nada cambia, el surtidor recuperará los 20 céntimos de golpe.
Sin impuestos, la gasolina sigue un 59,2% más cara que antes de la guerra
Los precios antes de impuestos confirman la naturaleza del alivio. La gasolina sin cargas fiscales se paga a 1,215 euros por litro, con un máximo anual de 1,24 euros marcado el 1 de octubre. El gasóleo sin impuestos se sitúa en 1,393 euros, con el pico del año el 22 de septiembre en 1,432 euros, según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.
La comparación entre estaciones añade otro matiz. Moeve marcaba los precios más altos con 1,855 euros por litro de gasolina y 1,973 euros de gasóleo, mientras que la cadena de bajo coste Ballenoil ofrecía los más bajos, 1,697 y 1,805 euros respectivamente. La horquilla entre la más cara y la más barata supera los 15 céntimos por litro en gasolina. El dato del Ministerio es una media del conjunto de la red, así que cada conductor encontrará desviaciones según la provincia y la enseña.
El balance desde que arrancó la escalada bélica en Oriente Medio, el pasado 28 de febrero, deja una cifra incómoda: la gasolina se ha encarecido un 21% en el surtidor y el gasóleo un 31,94%. Antes de impuestos, los incrementos son del 59,2% y del 69,9%. El mercado no ha corregido nada; solo lo ha maquillado la política fiscal.

El alivio se paga en los Presupuestos y choca con la hoja de ruta verde
La secuencia de los últimos siete meses admite pocas lecturas complacientes. El Estado absorbe una parte creciente de un shock de oferta que no controla y que tampoco ha desaparecido. Cada céntimo rebajado sale de las cuentas públicas en un ejercicio en el que la recaudación por carburantes ya venía tensionada.
El precedente de marzo sirve de aviso. Aquel primer paquete anticrisis también rebajó el impuesto durante unos meses y produjo un descenso inmediato en el surtidor. Cuando la medida se agotó, la caída se revirtió en semanas. Algo parecido ocurrió en 2022, cuando la rebaja de 20 céntimos aprobada tras la invasión de Ucrania se retiró por tramos y el litro volvió a subir sin que el crudo cambiara de tendencia.
La medida admite críticas de diseño. La rebaja es lineal y universal: beneficia igual al conductor de un utilitario que al de un todoterreno, y no distingue por renta ni por intensidad de uso, a diferencia del bono social eléctrico. Es, en la práctica, un cheque energético sin comprobación de ingresos.
Hay, además, una contradicción de fondo poco discutida. El mismo Ejecutivo que despliega el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y que fija objetivos de electrificación del parque móvil destina recursos públicos a abaratar el litro de combustible fósil. La tensión no es nueva, pero el calendario la hace más visible: el descuento cae a 6 céntimos justo antes del tramo de mayor movilidad del año.
El riesgo evidente está en enero. Si el 31 de diciembre expira el decreto sin prórroga, el impuesto volverá a aplicarse íntegro y el litro de gasolina recuperará de golpe los 20 céntimos que hoy deja de ingresar Hacienda. Con los precios antes de impuestos anclados cerca de sus máximos anuales, el surtidor notaría el cambio en cuestión de días.
El problema de fondo es que la política fiscal se ha convertido en la variable dominante del precio. Cuando el mercado sube, el Estado baja el tributo; cuando el mercado no cede, el Estado mantiene la rebaja. Esa dinámica, sostenida durante varios ejercicios, traslada la señal de escasez al contribuyente y no al consumidor, que pierde la referencia real del coste energético.
La frontera real del problema está en el crudo, no en el Boletín Oficial del Estado. Mientras el barril y el gasóleo europeo no cedan, cualquier tregua en el surtidor será temporal. El próximo termómetro será el informe semanal de precios de carburantes y el dato de inflación de octubre. Ahí se verá si la caída del 7,2% se consolida o se queda en un espejismo estadístico.




