Ethereum ha dado el pistoletazo de salida a Glamsterdam, su próxima gran actualización, en la red de pruebas Sepolia. Los bloques apuntan a un límite de 200 millones de gas, más del triple que el que Sepolia manejaba hasta ahora, y la idea es medir hasta dónde puede crecer la red sin que los validadores se ahoguen por el camino.
El gas es la unidad que mide el trabajo computacional de cada operación en Ethereum, según la documentación oficial de la red. Un intercambio en un exchange descentralizado, una transferencia de stablecoin o una interacción con un contrato inteligente consumen gas, y cada bloque tiene un techo. Si ese techo sube, caben más operaciones en cada turno de quince segundos y la competencia por el espacio se relaja: comisiones más bajas y menos transacciones esperando turno.
Sepolia venía operando con un límite de unos 60 millones de gas por bloque, así que el salto a 200 millones multiplica esa cifra por más de tres. Que una testnet lo pruebe no significa que la red principal vaya a adoptar ese número: Sepolia es un campo de entrenamiento para comprobar si los nodos aguantan bloques mucho más grandes sin exigir ordenadores desproporcionados a quien valida.
Qué cambia Glamsterdam en la forma de procesar bloques
La actualización no se limita a ensanchar el bloque. Introduce dos cambios de fondo en la arquitectura que apuntan al mismo sitio: procesar más trabajo sin disparar el coste para los nodos.
El primero son las listas de acceso a nivel de bloque. Permiten que cada nodo sepa de antemano qué cuentas y posiciones de almacenamiento va a tocar un bloque antes de ejecutarlo, de modo que las transacciones independientes pueden procesarse en paralelo en lugar de una detrás de otra. Es la diferencia entre una caja de supermercado con un solo cajero y varias cajas abiertas a la vez.
El segundo es la separación entre proponente y constructor integrada en el protocolo, conocida como ePBS. Traslada al propio núcleo de Ethereum buena parte del proceso que hoy ocurre fuera, en manos de intermediarios que arman los bloques, con el fin de reducir la confianza depositada en unos pocos actores.
El gas barato no llegará por decretar un número más alto en una testnet, sino por demostrar que la red aguanta sin pedirle un servidor industrial a cada validador.
Los equipos ya han rodado el diseño bajo carga. Las pruebas de Nethermind, uno de los clientes que ejecutan los nodos, incluyeron 2.302 test de rendimiento que procesaron 570.700 millones de gas en poco más de tres minutos. No prueban nada sobre la red principal, pero indican que el terreno está listo.
A quién afecta y qué mirar ahora

Si Glamsterdam termina llegando a la red principal, el primer grupo que lo notará son los usuarios. Con más gas por bloque, una operación de DeFi o un pago con stablecoin compite contra menos rivales por el mismo espacio. La demanda también sube, pero la holgura marca la diferencia entre pagar céntimos y pagar euros en un día de congestión.
El segundo grupo son los validadores, quienes mantienen la red operativa a cambio de recompensas y responden con un depósito de garantía que pueden perder si actúan mal. Un bloque más grande exige más disco, más memoria y más ancho de banda, así que cuanto más se ensancha, más se aprieta el requisito de hardware. Ahí está la tensión real: de eso depende que la validación no acabe concentrada en unas pocas granjas profesionales.
Conviene recordar que Glamsterdam todavía no tiene fecha de aterrizaje en mainnet. La prueba en Sepolia dará números concretos sobre capacidad y resistencia de los nodos, pero no es una promesa cerrada.
Por qué esta prueba pesa más de lo que parece
Ethereum lleva años empujando la escalabilidad por dos vías a la vez. Una es la red principal, que crece subiendo el gas por bloque y afinando, cómo se construyen y ejecutan los bloques. La otra son los rollups, redes secundarias que procesan el grueso del tráfico por su cuenta y luego resumen los resultados en Ethereum, como vías de servicio que descongestionan la autopista central. Glamsterdam toca la primera de esas vías, y por eso importa tanto si los validadores aguantan el tirón.
El precedente más cercano es la crisis de comisiones que arrastró Ethereum en los ciclos de mayor actividad, cuando una simple operación podía costar decenas de dólares. Aquel problema se combatió desde dos frentes: abaratar la capa 2 con los blobs, esos paquetes de datos que llegaron con la actualización Dencun, y aumentar poco a poco la capacidad de la capa 1. Glamsterdam es el paso más agresivo probado en ese segundo frente.
Hay un riesgo evidente y conviene señalarlo sin dramatizar: si el bloque crece más rápido de lo que aguantan los nodos caseros, la red gana capacidad a costa de concentrar la validación en manos de unos pocos operadores con infraestructura potente. Eso erosiona justo lo que hace valioso a Ethereum frente a otras redes. La prueba en Sepolia existe para medir dónde está esa línea roja.
Lo que viene después no se decide en una tarde. Si los números salen bien, el debate se trasladará a la mainnet con qué cifra concreta, en qué plazo y con qué margen de reversibilidad. Quien tenga ETH en cartera no verá cambiar su saldo por este anuncio, pero sí notará el efecto en las comisiones cuando la red esté ocupada. Y eso, para quien usa Ethereum a diario, es lo que de verdad cuenta.




