El coste de los servicios de operación del sistema eléctrico alcanza los 4.100 millones de euros hasta septiembre, un 40% más interanual, una carga que golpea las cuentas de las eléctricas del Ibex 35 y la gran industria electrointensiva.
El último informe del Observatorio del coste de los servicios de operación cifra en 4.100 millones la factura acumulada desde enero, un importe que ya equivale a lo que los consumidores pagan por las redes. Solo en la segunda quincena de septiembre, los consumidores eléctricos asumieron un sobrecoste adicional de 25,01 euros por megavatio hora (MWh), más de 250 millones de euros en ese tramo. Desde el arranque de 2026, el sobrecoste promedia 21,95 euros/MWh.
El dato no es menor para las utilities. El coste de operación del sistema es un componente regulado que acaba en la factura y que, en numerosos periodos, supera al propio precio de la energía en el mercado mayorista. Lo que encarece el recibo no es solo el pool; también pesa la maquinaria que lo mantiene en equilibrio.
Quién sostiene el Observatorio y qué empresas están detrás
El Observatorio no es un think tank independiente, sino una plataforma de patronales. En ella participan Aelec, la asociación de las grandes eléctricas donde se integran Endesa, Iberdrola y EDP España; las comercializadoras independientes ACIE y Acenel; la gran industria electrointensiva AEGE; y la patronal CEOE. A ellos se suman la Alianza por la Competitividad de la Industria Española, la confederación de consumidores Consumes y Cepyme.
La plataforma ha incorporado seis organizaciones nuevas en su última actualización: la asociación de fabricantes de material eléctrico AFME, la patronal del metal Confemetal, los empresarios madrileños CEIM, la Corporación Tecnológica de Andalucía, la Confederación de Empresarios de Galicia y la Asociación de Empresarios del Sur de España (CESUR). Con ellas, supera ya la quincena de entidades representativas de consumidores, industria y sector energético.
El lastre de la operación reforzada tras el apagón de 2025

El informe atribuye buena parte del repunte a las medidas extraordinarias activadas tras el apagón del 28 de abril de 2025. La llamada operación reforzada del sistema se ha intensificado de forma notable y ha disparado los costes que soportan hogares y empresas. El Observatorio insiste en que estos servicios se trasladan directamente a la factura eléctrica y alcanzan en muchos periodos niveles superiores al propio precio de la energía.
Un sobrecoste que promedia 21,95 euros por megavatio hora deja de ser un ajuste técnico y pasa a ser un componente estructural de la factura eléctrica española.
Conviene matizar el mecanismo. Los servicios de operación son los pagos que el operador del sistema, Red Eléctrica, destina a garantizar la estabilidad de la red: reserva de potencia, regulación, arranque de grupos y coberturas ante caídas de generación. Cuando la cuota renovable es elevada y variable, ese colchón de respaldo se encarece. No es un impuesto, pero se comporta como tal en el recibo.
La lectura para el Ibex es directa. Las eléctricas integradas soportan la presión sobre el margen regulado mientras defienden su retribución en redes y renovables. La gran industria electrointensiva, por su parte, ve cómo el coste energético deja de ser un asunto de precios de mercado para convertirse en una cuestión de competitividad industrial frente a plantas alemanas o francesas.
El contraste es claro. España presume de precios mayoristas competitivos, pero el recibo final absorbe componentes ajenos al pool que erosionan esa ventaja.
El impacto en las cuentas del Ibex y en la industria electrointensiva
La cifra de 4.100 millones no sale de un balance, pero acaba en todos. Endesa, Iberdrola o Naturgy conviven con un marco retributivo donde el coste del sistema se reparte entre los consumidores, y son estos —industria, pymes y hogares— quienes reclaman una revisión. Es la misma tensión que ya estalló con el mecanismo ibérico y con el debate sobre los beneficios caídos del cielo de las hidráulicas y nucleares.
El precedente más próximo es el propio apagón del 28 de abril de 2025, que obligó a reforzar la operación del sistema y cuyo coste, un año y medio después, sigue engordando la factura. La comparación con las redes es reveladora: si el sobrecoste ya iguala el coste de transporte y distribución, el problema deja de ser coyuntural. Para la industria electrointensiva —acero, química, cerámica, aluminio—, cada euro por megavatio hora pesa en la decisión de invertir o deslocalizar.
El sector mira ahora a la CNMC y al Ministerio para la Transición Ecológica. La pregunta no es si los servicios de operación son necesarios, sino cuánto de ese coste debe recaer sobre el consumidor y cuánto debería optimizarse en el diseño del mercado. Con más renovable instalada y más intermitencia, el respaldo del sistema será cada vez más caro. Y ese coste, hoy, no tiene techo regulatorio.
📊 Las Claves para el Inversor
- Qué vigilar: El próximo informe del Observatorio y cualquier movimiento regulatorio sobre la operación reforzada del sistema, que fijará si el sobrecoste se contiene o se consolida.
- Reacción del valor: Las utilities del Ibex ya descuentan presión sobre el margen regulado; el mercado está pendiente de si el coste se socializa o se traslada a la tarifa final.
- Precedente sectorial: El apagón de abril de 2025 y el posterior refuerzo del sistema marcan el patrón: cada episodio de inestabilidad encarece la operación de forma duradera.




