Hace 3.200 años, la cerámica del oasis de Qurayyah ya funcionaba como una marca comercial reconocible a cientos de kilómetros. Un equipo internacional liderado por la profesora Marta Luciani, de la Universidad de Viena, ha identificado en aquellas vasijas pintadas lo que considera una de las primeras marcas comerciales de la historia, según publica PLOS One. El hallazgo obliga a repensar cuándo nació eso que hoy llamamos branding.
Aunque suene anacrónico, la arqueología ha encontrado una manera seria de demostrar que el comercio de la Edad del Bronce no solo movía cobre, incienso y cerámica: también movía identidad. Y esa identidad, repetida con disciplina durante siglos, es lo que hoy llamaríamos una marca.
El oasis de Qurayyah y su cerámica inconfundible
Qurayyah se encuentra en el noroeste de la península arábiga, en la actual Arabia Saudita. Era un oasis donde el agua, la arcilla y el combustible escaseaban, un detalle que hace aún más llamativa su producción cerámica. Lejos de estar aislados, sus habitantes participaron en redes de intercambio que conectaban Arabia con el Levante meridional y Siria.
Durante décadas, los arqueólogos observaron con curiosidad una cerámica pintada de dos colores que aparecía lejos del oasis. La llamaron cerámica madianita. Ahora, los análisis tecnológicos, petrográficos y químicos del nuevo estudio confirman que su origen estaba efectivamente en Qurayyah.
Lo verdaderamente relevante no es dónde se fabricaba, sino hacia dónde viajaba. Las vasijas no se quedaban en el oasis: se comercializaron y llegaron a lugares situados a cientos de kilómetros, una distancia comparable a la que separa Madrid de Valencia. Los mismos diseños, una y otra vez.
Aquellas vasijas no circulaban por azar: lo hacían con una identidad visual tan definida que los compradores las reconocían sin necesidad de etiqueta.
Ocho criterios para detectar una marca sin textos ni publicidad

En un mundo sin registros publicitarios, clasificar algo como marca exige método. Los investigadores definieron ocho criterios: identidad visual, consistencia material, continuidad tecnológica, producción centralizada, circulación mediante exportaciones, imitación local, finalidad comercial deliberada y reputación cultural. Solo su presencia conjunta permite distinguir una tradición artesanal de un sistema de producción con identidad propia.
Las piezas de Qurayyah cumplen todos. Sus motivos pintados, la combinación de colores y la forma de las vasijas crearon una estética tan distintiva como codiciada. Ese repertorio no fue casual: se mantuvo y evolucionó durante generaciones, lo que indica una continuidad deliberada.
Hace unos 3.600 años se fabricaron las primeras piezas. Con el paso de los siglos, los artesanos perfeccionaron los diseños hasta que, hace aproximadamente 3.200 años, apareció un repertorio especialmente reconocible de animales pintados y y escenas rituales. Fue entonces cuando la cerámica dejó de ser solo un objeto para convertirse en una firma.
Aquellos diseños recorrieron cientos de kilómetros y llegaron al Levante meridional, a lugares como Tell el-Kheleifeh o el santuario de Timna, dedicado a la diosa egipcia Hathor. La marca, consolidada en el Bronce Tardío, se mantuvo operativa durante otro milenio, hasta bien entrada la última Edad del Hierro.
Por qué llamar marca a una vasija de hace 3.200 años no es un capricho
La tentación es pensar que el branding nace con la imprenta o la revolución industrial. Este hallazgo la desmonta. En Qurayyah no había leyes de propiedad intelectual, pero sí un sistema centralizado capaz de producir de forma coherente, exportar y, sobre todo, ser imitado. La imitación local es la prueba más elocuente de que aquella cerámica tenía un valor de marca: nadie copia lo que no desea.
El estudio, publicado en una revista revisada por pares, admite una limitación inherente: sin textos que expliquen la intención de los productores, la etiqueta de marca es una inferencia arqueológica. Los ocho criterios ofrecen una base sólida, pero el término final sigue siendo una hipótesis de trabajo. No lo digo como un descarte: lo digo como la única forma honesta de hacer arqueología.
Aun así, el resultado encaja con lo que ya sospechábamos sobre el comercio del Bronce. La cerámica de Qurayyah no fue la única mercancía con identidad propia; existen otras marcas antiguas catalogadas, pero esta destaca por su antigüedad y la complejidad de su producción. Y porque su estética provocó imitaciones locales, el fenómeno más moderno de todos.
El equipo de la Universidad de Viena deja un método exportable a otros yacimientos: buscar los ocho criterios, no solo el estilo. Me interesa especialmente lo que vendrá cuando apliquen este mismo enfoque a otras cerámicas del Mediterráneo. La historia del mercado quizá haya que contarla desde otra vasija.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La cerámica pintada del oasis de Qurayyah reúne los ocho criterios que definen una marca comercial antigua; su producción arrancó hace unos 3.600 años y se consolidó hace 3.200.
- Dónde: Oasis de Qurayyah, en el noroeste de la actual Arabia Saudita, con distribución hasta el Levante meridional y lugares como Tell el-Kheleifeh o Timna.
- Institución responsable: Equipo internacional liderado por la profesora Marta Luciani, de la Universidad de Viena; estudio publicado en PLOS One.
- Cuándo: Publicación actual del estudio en PLOS One; producción y circulación de la cerámica aproximadamente entre hace 3.600 y 2.200 años.
- Impacto a futuro: Aporta un método de ocho criterios para identificar marcas en contextos sin escritura y retrasa la historia del branding a la Edad del Bronce.





