Hispasat gana un contrato de 1.600 millones para liderar IRIS2, la constelación europea de satélites. Es la primera vez que España manda en un gran programa espacial de la Unión Europea, un giro que trasciende lo industrial: la órbita baja se ha convertido en el nuevo tablero de la soberanía digital.
El programa, que acumulaba casi cuatro años de diseño y 2.400 millones de euros ya asignados, cierra ahora su arquitectura definitiva. La Comisión Europea y el consorcio SpaceRISE han cerrado las negociaciones, y el reparto de responsabilidades deja a una empresa española en el centro del sistema.
Claves de la operación
- Hispasat lidera la infraestructura terrestre de IRIS2. El contrato supera los 1.600 millones de euros e incluye antenas, sistemas de control y conexión con las redes de tierra.
- La constelación tendrá 348 satélites. De ellos, 330 operarán en órbita baja (LEO) y 18 en órbita media (MEO), con una capa adicional Low-LEO bajo responsabilidad española.
- España añade hasta 2.000 millones desde Defensa. El Ministerio de Defensa articula una constelación nacional bajo el paraguas de IRIS2 para usos militares y de emergencia.
La batalla de Europa por la soberanía orbital frente a SpaceX
Starlink marcó la senda con su constelación en órbita baja. Y Europa no está dispuesta a que SpaceX sea el mejor proveedor para toda su infraestructura de seguridad. La resiliencia es la palabra que sobrevuela Bruselas: el plan IRIS2 busca una infraestructura propia para las comunicaciones vitales de los Estados miembro.
El reparto técnico es el siguiente: 330 satélites operarán en LEO (órbita baja) y 18 en MEO (órbita media). Por debajo de los 750 kilómetros de altura, una capa adicional denominada Low-LEO se encargará de dar cobertura directa a móviles y dispositivos IoT. De su desarrollo se encargará Hispasat, el operador español de satélites.
Los primeros lanzamientos se prevén para 2029, sin que Europa haya concretado aún las fases definitivas. La inversión total asciende a 15.600 millones de euros: 11.600 millones de dinero público y 4.000 del consorcio SpaceRISE.
España no había mandado nunca en un gran programa espacial europeo. Ahora controla la capa que conectará los móviles europeos con los satélites.
Además, 66 de los satélites LEO se destinarán exclusivamente a defensa, seguridad y servicios de emergencia. Son un añadido al IRIS2 original: la Comisión ha sumado esta capa militar y ha rediseñado la constelación de base al mismo tiempo.
El contrato que convierte a Hispasat en el ancla española de la red europea
Hispasat es el contratista principal de la infraestructura de antenas, sistemas de control y conexión con las redes de tierra. Su presupuesto supera los 1.600 millones de euros, una de las partidas de mayor peso del programa.
La capa Low-LEO bajo liderazgo español es la pieza más ambiciosa: dará cobertura directa a móviles y dispositivos IoT, con interoperabilidad con los estándares 5G. Esto sitúa a la compañía española en la carrera europea por el Direct to Device, la conexión satelital sin necesidad de terminales específicos.
En paralelo, España ha estimado una inversión añadida de entre 1.600 y 2.000 millones de euros, según el informe de del Ministerio de Defensa. No hay que confundir ambas cifras: una es el contrato que Hispasat consigue del presupuesto de IRIS2, la otra es dinero público español destinado a una constelación nacional bajo el paraguas europeo.
El proyecto contempla el Ártico y África como zonas de interés estratégico. Noruega e Islandia participan sin ser miembros de la Unión Europea, lo que amplía la huella geopolítica del programa más allá de los Veintisiete. El espacio no espera.

Lo que España se juega más allá del contrato
El salto de España en el espacio europeo no se entiende sin un contexto de años de esfuerzos por ganar peso industrial en el sector. Ni Indra ni Hispasat habían ejercido antes un liderazgo estructural en una infraestructura comunitaria de esta escala.
La comparativa europea es elocuente: Francia y Alemania han dominado los grandes contratos espaciales comunitarios a través de sus campeones nacionales. Ahora es una empresa española la que se queda con el segmento que conecta la constelación con las redes terrestres, el más intensivo en ingeniería de comunicaciones. Nadie lo vio venir.
Los riesgos son evidentes. El calendario aprieta entre los primeros lanzamientos de 2029 y la necesidad de que la constelación esté operativa antes de que Starlink consolide su ventaja. La capa Low-LEO exige un despliegue sin precedentes, y la financiación pública de 11.600 millones debe sobrevivir a las tensiones presupuestarias de los próximos ejercicios comunitarios.
La próxima gran prueba será la presentación de las fases definitivas de lanzamiento. Hasta entonces, el contrato de Hispasat actúa como un primer anclaje: hay dinero, hay diseño y hay un líder industrial español. Falta ver si el calendario político europeo acompaña a la ambición técnica.




