Arabia Saudí ya ha convertido el oleoducto Este-Oeste en una alternativa real a Ormuz. Los datos de PortWatch del Fondo Monetario Internacional muestran un vuelco logístico que, en abril y mayo, ha permitido reemplazar alrededor del 61% del crudo que dejó de salir por el golfo Pérsico. No es una promesa: es una ruta en funcionamiento.
El estrecho de Ormuz canalizaba antes del conflicto cerca del 20% del crudo mundial. Ahora, con la guerra entre Estados Unidos e Irán como telón de fondo, el reino saudí ha desplazado sus cargamentos hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La lectura es clara: el East-West Pipeline ha dejado de ser solo una reserva de emergencia.
Arabia Saudí demuestra que la alternativa existe
Los números que he revisado en la plataforma PortWatch del FMI detallan la magnitud. Entre abril y mayo, los embarques saudíes desde su costa del golfo cayeron de 47,5 millones de toneladas un año antes a 6,3 millones. En el mismo periodo, las exportaciones por el mar Rojo subieron de 29,6 a 54,8 millones de toneladas.
Ese incremento de 25,2 millones de toneladas compensó aproximadamente el 61% del volumen perdido en el lado del golfo Pérsico. El reino ha redirigido una parte sustancial del suministro sin que Ormuz bloquee su capacidad de exportación.
- Embarques saudíes por el golfo: de 47,5 a 6,3 millones de toneladas.
- Embarques saudíes por el mar Rojo: de 29,6 a 54,8 millones de toneladas.
- Volumen compensado: 25,2 millones de toneladas, un 61% de la pérdida.
Emiratos Árabes Unidos, sin embargo, expone los límites de la alternativa. Su oleoducto ADCOP conecta Habshan con Fujairah, fuera de Ormuz, pero el puerto emiratí ha sufrido ataques y sigue demasiado expuesto a misiles y drones iraníes. El tráfico emiratí desde el golfo cayó de 68,5 millones a 12 millones de toneladas; los puertos alternativos también bajaron de 13,7 a 6,3 millones.
“We’ve mine swept the entire strait.” — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, declaraciones del lunes en la Casa Blanca
Análisis: el espejismo de una salida rápida

Lo que veo en estos datos no es una sustitución completa de Ormuz, sino una prueba de resistencia. Ni siquiera Arabia Saudí ha desviado todo; Qatar, Kuwait y Baréin no tienen litoral fuera del golfo y dependen de acuerdos con terceros para sacar su petróleo. Cualquier ruta alternativa por Irak, Siria, Jordania o Israel exige años y una factura multimillonaria.
El economista Hassan Mansour cifra un oleoducto Basora-Áqaba en entre 8.000 y 10.000 millones de dólares y en cinco a siete años de construcción. La variante Basora-Omán costaría de 10.000 a 15.000 millones. Mientras tanto, cada desvío por el cabo de Buena Esperanza suma cientos de miles de dólares por trayecto.
“The bottom line is that these projects cannot solve the oil market’s immediate problem.” — Hassan Mansour, economista, en declaraciones a Deutsche Welle
A eso se añade un riesgo geográfico que los datos no resuelven: el mar Rojo desemboca en Bab al-Mandab, un cuello de botella donde los hutíes han atacado buques comerciales. Esquivar Ormuz puede significar quedar expuesto a otro punto de fricción.
El analista político Rahman Ghahremanpour sintetiza la contradicción: “Estos oleoductos pueden reducir el impacto del estrecho de Ormuz, pero en tiempos de guerra también son vulnerables”. Qatar, Kuwait y Baréin seguirán dependiendo de Ormuz a corto plazo.
Antes del conflicto, por Ormuz transitaban unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos. La capacidad de desvío actual representa solo una fracción de ese volumen. Por eso, la conclusión de los expertos citados por Deutsche Welle es coherente: los oleoductos por sí solos no resuelven la ecuación.
Mi lectura es que Arabia Saudí ha ganado tiempo y margen logístico, pero no ha eliminado el riesgo sistémico del Golfo. La ruta saudí es la excepción, no la norma regional. La siguiente condición que conviene vigilar es la saturación de Yanbu y la capacidad real de los buques para operar cerca de Fujairah sin que las primas de seguro por riesgo de guerra sigan subiendo.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España, la reordenación del crudo del Golfo se traduce en precios y en aseguramiento. Si Ormuz permanece cerrado o con primas de riesgo elevadas, el Brent puede sostener presión alcista; eso encarece la factura energética europea y dificulta la senda de desinflación. El Euríbor lo nota de forma indirecta: un petróleo más caro alimenta las expectativas de inflación y puede retrasar la normalización de tipos del BCE.
- El Euríbor a 12 meses seguiría sensible a las primas de riesgo geopolítico si el crudo se mantiene al alza.
- La inflación europea puede incorporar el repunte del transporte y de los carburantes, con efecto directo en el poder adquisitivo.
- Las empresas españolas exportadoras e importadoras afrontan costes logísticos mayores ante el desvío por rutas más largas.





