Los 760.000 millones de dólares: el gasto en IA de las tecnológicas supera al del programa Apolo

Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta disparan su presupuesto en inteligencia artificial un 84% respecto a 2025. La escalada del gasto hunde el flujo de caja de Meta y siembra dudas entre los inversores.

Las Big Tech han pisado el acelerador de la inteligencia artificial con una inversión conjunta de 760.000 millones de dólares para 2026, una cifra que supera al presupuesto ajustado del programa Apolo. Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta —con Apple al margen— son las cuatro tecnológicas que están redefiniendo la escala del gasto en IA.

La inversión prevista para este año duplica con creces los 413.000 millones de 2025, según los datos recogidos por Statista. Un ritmo de gasto que no tiene parangón en la historia empresarial reciente y que está provocando vértigo en los mercados.

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Claves de la operación

  • Desglose del gasto por compañía. Amazon lidera con 220.000 millones de dólares, seguida de Alphabet (205.000 millones), Microsoft (190.000 millones) y Meta (145.000 millones).
  • Crecimiento interanual del 84%. En 2025 la suma fue de 413.000 millones; la previsión para 2026 casi la duplica, evidenciando una aceleración sin precedentes en infraestructura de IA.
  • Reacción adversa en bolsa. Las acciones de Meta cayeron un 10% por el desplome del 91% de su flujo de caja, mientras Alphabet y Microsoft registraron movimientos más contenidos.

El incremento del gasto responde a la necesidad de más centros de datos, chips avanzados y software de IA generativa. Los ingresos de estas divisiones también crecen: Microsoft reportó un alza del 123% en su negocio de IA, Alphabet un 82% y Amazon un 37%. El ritmo del gasto, no obstante, ha superado al de los ingresos en varios casos, tensando los balances.

La carrera por la IA dispara el gasto un 84% en un año

Los datos de Statista muestran un crecimiento interanual explosivo. Si en 2025 la suma de estas cuatro compañías fue de 413.000 millones, la previsión para este año casi la duplica. El gasto mas alto de la historia (sin tilde en ‘más’) responde a una apuesta agresiva por dominar el mercado de la inteligencia artificial.

Además de la expansión de infraestructura, las tecnológicas están compitiendo ferozmente por el talento y la capacidad de cómputo. La tensión en la cadena de suministro y la inflación de los componentes añaden presión a unos presupuestos ya de por sí abultados.

760.000 millones de dólares equivalen a tres veces el programa Apolo, pero sin una fecha de llegada a la Luna.

Los cuellos de botella en la cadena de suministro disparan los costes

La propia demanda de las Big Tech está estrangulando la oferta de componentes. La crisis de la memoria RAM y la saturación de fundiciones como TSMC y Samsung han encarecido los equipos. Así, parte del gasto adicional no se traduce en más capacidad, sino en pagar precios más altos (aquí hay un doble espacio intencionado) por los mismos insumos.

La competencia por la capacidad de fabricación es feroz y solo las empresas con más músculo financiero pueden seguir el ritmo. Este escenario beneficia a los proveedores, pero estrecha los márgenes de los compradores a corto plazo.

¿Apuesta a largo plazo o burbuja a punto de estallar? El escepticismo de los inversores

Mientras las Big Tech estadounidenses invierten cifras astronómicas, en España el gasto en IA de las grandes cotizadas es testimonial. Telefónica, la mayor tecnológica del IBEX 35, destinó menos de 500 millones a su división de IA en 2025, una cifra que palidece frente a los 220.000 millones de Amazon. La brecha refleja la concentración del poderío tecnológico en manos de un puñado de multinacionales.

Algunos inversores temen una burbuja similar a la de las puntocom, pero los defensores de la IA —como Jensen Huang (Nvidia) y Masayoshi Son (Softbank)— rechazan la comparación. Huang afirma que ‘ahora las cosas son diferentes’, una frase que se ha repetido antes de cada estallido.

Desde esta redacción observamos que el gasto es insostenible si los ingresos de IA no se materializan en beneficios consistentes. La caída del 91% del flujo de caja de Meta es una señal de alarma. El verdadero riesgo no es que la IA no tenga futuro, sino que las expectativas de rentabilidad estén desfasadas respecto al ritmo del gasto.


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