Iberdrola eleva al 85% el descuento de su plan renove de aerotermia para quien cambie la caldera de gas o gasoil por una bomba de calor. La eléctrica sube quince puntos la bonificación máxima respecto a la edición del año anterior, que se quedaba en el 70%, y mantiene la oferta abierta hasta el próximo 1 de diciembre. El importe que quede por pagar se puede financiar en 24 meses sin intereses.
Cómo se descompone el descuento de hasta 6.000 euros
La cifra que la compañía pone encima de la mesa asciende a 6.000 euros por instalación y se descompone en tres partidas. La primera son 1.400 euros de descuento directo sobre el presupuesto. La segunda son los Certificados de Ahorro Energético (CAE), que aportan hasta 3.600 euros. La tercera son 1.000 euros de saldo en Mi Iberdrola canjeables en la factura de la luz.
El tramo de los CAE es el que más varía en función de dónde esté la vivienda. Iberdrola reconoce 1.440 euros en zona climática cálida y 2.160 euros en zona media, cuantías que se aplican sobre el coste de la instalación desde el primer momento y que el cliente no tiene que adelantar. El conjunto de esta partida, según el desglose que publica la propia eléctrica, alcanza un techo de 3.600 euros.
A eso se suman las deducciones fiscales ya vigentes en el IRPF por obras de mejora de eficiencia energética, que en los cálculos de la compañía llegan a 9.000 euros en viviendas unifamiliares y a 3.000 euros en pisos en altura. Para que el usuario no se pierda en el papeleo, la energética entrega sin coste el certificado energético previo a la obra y el posterior, los dos documentos que exige Hacienda para justificar la bonificación en la declaración de la Renta.
El efecto combinado cambia la ecuación para el bolsillo. Un piso de 90 metros cuadrados pasa de unos 12.000 euros de coste inicial a 2.800 euros. Una vivienda adosada de 150 metros cuadrados que hoy se calienta con gasoil se queda en 2.300 euros desde los 13.200 euros de partida.
Con estos números, la aerotermia deja de ser un capricho de vivienda unifamiliar y entra en el presupuesto de un piso medio.
El equipo que se coloca en casa es una bomba de calor que extrae energía del aire mediante un ciclo termodinámico y cubre calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria con una sola máquina. Según los datos que maneja la compañía, el ahorro de consumo frente a una caldera de combustión, alcanza el 70% en viviendas con suelo radiante y ronda el 40% cuando la distribución del calor se hace con radiadores convencionales.
El ahorro real depende menos de la máquina que del aislamiento de la casa: sin una envolvente decente, la bomba de calor trabaja contra el propio edificio.
El contexto explica la prisa de la eléctrica. El precio del gas encadena varios años de volatilidad desde la crisis de 2022, la normativa europea de eficiencia de edificios ya fija 2040 como fecha límite para el parque de calderas de combustión fósil y las administraciones empujan la electrificación del calor doméstico en sus planes energéticos. Cada aerotermia que sustituye a un quemador de gas es, para una comercializadora eléctrica, un cliente que deja de depender del mercado mayorista del gas y que pasa a comprar kilovatios en su propia factura.
Del gasoil al aire: qué cambia en la factura eléctrica
El hogar no elimina el gasto energético: lo traslada de sitio. Cambia una factura de gas por una factura eléctrica algo más alta, con un saldo favorable salvo en los inviernos más duros y siempre que la vivienda tenga un aislamiento razonable. El matiz importa porque la bomba de calor rinde peor cuanto más frío hace en la calle, justo cuando la demanda de calefacción aprieta y el precio de la electricidad suele marcar sus máximos diarios en las horas de la mañana y de la noche.
¿Por qué una eléctrica paga por quitar una caldera de gas? Porque cada instalación le entrega un consumidor eléctrico de larga duración y un consumo que no se deslocaliza. El coste de los CAE y del saldo en factura encaja dentro del presupuesto de captación de cliente, y esa asimetría explica que el descuento máximo haya pasado del 70% al 85% en apenas doce meses.
La oferta, además, compite con las ayudas públicas. Los programas de rehabilitación energética financiados con fondos europeos cubren parte del mismo terreno, pero con trámites distintos en cada comunidad autónoma y plazos que se cuentan en meses. La ventaja de la vía privada está en la inmediatez: el descuento se aplica sobre la factura del instalador y el cliente no tiene que esperar una resolución administrativa para que la obra le salga más barata.
La promoción está vigente hasta el 1 de diciembre. La compañía no ha detallado si prorrogará las mismas condiciones en 2027, una decisión que dependerá de cómo responda la demanda en el tramo final del año y del precio que alcancen los certificados de ahorro en el mercado.
Un descuento récord que mide el pulso entre el gas y la electricidad
Lo relevante de la oferta no es el porcentaje, sino lo que revela sobre el momento del sector. Iberdrola compra cuota en el mercado del calor doméstico con un descuento del 85% en un país donde la caldera de gas sigue siendo el estándar de facto en millones de hogares. La subida de quince puntos en un año no responde a una mejora sustancial de la tecnología, cuya eficiencia no ha cambiado de forma radical, sino a la competencia entre comercializadoras por captar un consumo eléctrico que crecerá cuando avancen la electrificación del calor y del vehículo.
El mecanismo de los CAE merece una lectura aparte. Se trata de un sistema por el que las comercializadoras certifican ahorros energéticos ante la Administración y los monetizan después: el incentivo público se ha convertido en una herramienta comercial en manos de las grandes eléctricas, tal y como recoge la documentación pública de el IDAE sobre el sistema de certificados. El riesgo evidente es que la parte más generosa del plan renove dependa de un mercado cuyo precio no está garantizado a medio plazo. Si el valor de los CAE cae o la Administración endurece las condiciones de validación, el descuento del 85% pierde apoyo y la oferta vuelve a parecerse a la de años anteriores.
Hay una segunda sombra, menos visible en la publicidad y más relevante en la práctica. La aerotermia rinde cuando la vivienda está aislada de forma razonable y el equipo se dimensiona sobre la demanda térmica real del inmueble. Cuando la instalación se decide por precio y no por cálculo, el resultado son bombas de calor que consumen más de lo previsto, usuarios que vuelven a encender la caldera vieja en enero y un ahorro que se queda en el folleto. El descuento abarata la entrada, no garantiza el rendimiento posterior.
El termómetro para saber si el mensaje ha calado está en el calendario. La oferta cierra el 1 de diciembre y la próxima edición, si llega, marcará si el 85% era un techo o solo una escala intermedia. En un mercado donde el gas sigue siendo la opción por defecto, la respuesta del consumidor durante los próximos inviernos dirá más sobre la transición del calor doméstico que cualquier objetivo escrito en un plan energético.




