El fork de Bitcoin que propuso la BIP-110 duró menos que un suspiro. Apenas dos bloques minados, un gasto de medio millón de dólares y un portazo casi unánime de los mineros. La cadena alternativa se ha quedado atascada y la principal sigue avanzando como si nada.
La división de la red se produjo el sábado, al llegar al bloque 961.632. Ese era el momento en que los nodos que ejecutaban el software de la BIP-110 debían comenzar a exigir una señal de apoyo a los mineros. Como no la obtuvieron, rechazaron ese bloque y se separaron en una cadena propia. Desde entonces, la realidad ha sido tozuda: solo se han minado dos bloques en la nueva cadena, ambos obra de un grupo pseudónimo llamado Roughnecks, que utilizó el protocolo DATUM de la minera Ocean.
El intento de fork se quedó congelado el domingo por la tarde. Mientras la cadena dominante de Bitcoin superaba ya el bloque 961.744, la bifurcación seguía detenida en el 961.633. Una diferencia de 111 bloques y más de 17 horas sin un solo bloque nuevo. La razón es simple: la inmensa mayoría de los mineros no apoyan la propuesta.
Qué es BIP-110 y por qué nadie la ha querido
La BIP-110, conocida formalmente como Reduced Data Temporary Softfork, era una actualización temporal que pretendía poner coto a los datos arbitrarios en las transacciones de Bitcoin. En la práctica, buscaba limitar las inscripciones de Ordinals y otros contenidos que saturan la red, una iniciativa impulsada por el desarrollador Luke Dashjr. Pero la propuesta nunca contó con el respaldo suficiente. Durante el periodo voluntario previo, apenas el 2,53% de los bloques señaló a favor, lejos del 55% necesario.
A pesar de esa evidencia, el sábado entró en vigor la fase obligatoria. Los nodos que ejecutaban BIP-110 empezaron a rechazar cualquier bloque que no incluyera la señal de apoyo. El resultado fue inmediato: se produjo la división de la red, pero sin potencia de cálculo que la sostenga.
La gobernanza real de Bitcoin la dictan los mineros, no los desarrolladores que intentan imponer cambios sin respaldo.
Un medio millón de dólares para dos bloques
El único grupo que minó en la nueva cadena fue Roughnecks, afín a LukeJr. Utilizaron los servidores de Ocean —empresa que, paradójicamente, también tuvo que salir a aclarar el malentendido—. Ocean comunicó a sus clientes que algunos mineros que usaban sus plantillas Stratum podrian haber creído que estaban minando en la cadena principal cuando en realidad su hashrate se estaba desviando hacia la nueva cadena BIP-110. La compañía se ha comprometido a reembolsar las recompensas que esos mineros habrían obtenido en la cadena original.
El coste económico del intento se estima en medio millón de dólares, un dispendio para apenas dos bloques. Una cifra que pone en perspectiva lo desproporcionado que resulta querer imponer una actualización sin el consenso de quienes realmente protegen la red.
Qué significa esto para Bitcoin y sus usuarios
Que la BIP-110 haya fracasado no es una sorpresa. Michael Saylor, presidente de Strategy (antes MicroStrategy), y Adam Back, CEO de Blockstream, ya habían mostrado su oposición pública. No estaban en contra del objetivo de fondo —controlar el uso de datos arbitrarios— sino del método de activación, que consideraban abocado precisamente a este resultado. Saylor escribió el domingo que Bitcoin había funcionado exactamente como fue diseñado, con el 99,85% de la potencia de cálculo permaneciendo en la cadena principal.
Para un inversor minorista o un usuario de Bitcoin, la situación es irrelevante a corto plazo. La red no ha sufrido ninguna interrupción y los fondos están seguros. Sin embargo, este episodio deja una lección clara sobre cómo funciona la gobernanza de Bitcoin: los cambios en el protocolo no los decide un desarrollador ni un grupo de nodos; los deciden los mineros, que con su poder de cálculo votan a diario qué cadena es la válida.
En el sector cripto, los forks siempre generan nerviosismo, sobre todo cuando afectan a la cadena más grande. Pero esta vez el mercado lo ha ignorado: el precio de bitcoin apenas se ha inmutado, y las métricas on-chain muestran una actividad normal. Si acaso, el episodio refuerza la confianza en la resistencia del sistema ante intentos de división forzada.
La bifurcación seguirá atrapada en un bucle técnico: para que sea más fácil minar en ella, necesita completar un periodo de 2.016 bloques para reajustar la dificultad, pero como apenas tiene mineros, completar ese ciclo puede llevar desde meses hasta décadas. Una quimera que convierte este fork en una anécdota más que en una amenaza.
Así que, por ahora, Bitcoin sigue su camino. La BIP-110 se queda como otro intento fallido de cambiar el rumbo de la red desde fuera, y eso, a largo plazo, es lo que la hace más fuerte.




