He estado siguiendo la ruta del Brent desde que los hutíes estrangularon el paso de Ormuz y el dato de PIB que acaba de publicar Manila confirma la peor de las sospechas: el shock energético ya está devorando el crecimiento asiático. La economía filipina creció un 2,3% interanual en el segundo trimestre de 2026, según los datos oficiales de la Autoridad Estadística de Filipinas (PSA) difundidos este viernes. Es el peor registro desde el cuarto trimestre de 2009, excluyendo los años de pandemia, y queda muy por debajo del 5,4% que anotaba en el mismo periodo de 2025 y del 2,8% que esperaba el consenso de analistas encuestados por BusinessWorld.
Un consumo bajo vigilancia: las cifras que explican el frenazo
Los componentes de la demanda revelan una economía que pierde fuelle por todos los flancos excepto por el sector exterior. La formación bruta de capital fijo se desplomó un 9,2%, arrastrada por el parón de la obra pública, mientras el consumo de los hogares —el motor tradicional del país, con un peso superior al 70% del PIB— apenas avanzó un 2,8% interanual, una décima parte del ritmo que lucía en 2023.
- Consumo privado: +2,8%, frente al 8,4% del segundo trimestre de 2023.
- Inversión (formación bruta de capital): -9,2%, tercera contracción consecutiva.
- Gasto público corriente: +8,3%, impulsado por transferencias sociales.
- Exportaciones de bienes y servicios: +12,2%, con un notable empuje de los semiconductores.
Por sectores, la industria se contrajo un 2,4%, lastrada por la construcción y las manufacturas no vinculadas a los chips; la agricultura se recuperó un 2,7% gracias a unas condiciones meteorológicas benignas, y los servicios crecieron un 4,5%, destacando el alza del 12,7% en educación y del 4,6% en comercio.
“Domestic demand remained subdued, mainly because total investment continued to contract as public construction declined. Household consumption growth also moderated amid higher inflation, job losses, and lower remittance receipts arising from the Middle East conflict.” — Arsenio M. Balisacan, secretario de Planificación Económica y Desarrollo (DEPDev), 7 de agosto de 2026
El gobernante filipino añadió que el gobierno había acelerado el gasto en protección social para contener el daño, y subrayó que las exportaciones de semiconductores, apoyadas por la demanda global de inteligencia artificial, estaban sosteniendo el saldo exterior.
El Golfo de Ormuz en la mesa de los hogares filipinos
Lo que hace singular este frenazo es el canal de transmisión. Filipinas es la economía de la ASEAN con mayor dependencia de las remesas de sus trabajadores en Oriente Medio —casi un 10% del PIB nacional—. El conflicto en el Estrecho de Ormuz no solo ha disparado la factura energética doméstica, sino que ha destruido empleos en Arabia Saudí, Emiratos y Qatar, cortando el flujo de divisas que sostiene el consumo y la inversión residencial.
A esto se suma una inflación que el Banco Central de Filipinas (BSP) sitúa todavía por encima del 4%, erosionando el poder adquisitivo real de las familias. La respuesta oficial —aumentar el gasto social— alivia, pero no puede suplir la ausencia de inversión privada ni compensar la contracción del crédito. Para alcanzar la banda de crecimiento del 3,5%-4,5% fijada para 2026, Manila necesitaría expandirse un 4,4% en el segundo semestre. Con el consumo doméstico estancado y la inversión en números rojos, ese sprint parece improbable, salvo un giro radical en el escenario geopolítico o un desplome de los precios del crudo que hoy no se divisa.
El Bangko Sentral ng Pilipinas mantiene los tipos de interés en el 6,25% desde principios de año, atrapado entre una inflación que no cede y un crecimiento que se desmorona. Cualquier subida adicional para frenar los precios enviaría la economía a una recesión técnica; una bajada prematura dispararía las expectativas inflacionarias. Es un callejón de difícil salida que el resto de bancos centrales de la ASEAN observan con inquietud, porque un error en Manila podría arrastrar a Tailandia, Indonesia y Vietnam, economías que comparten la misma vulnerabilidad al petróleo y a la desaceleración del comercio regional.
🌐 El efecto dominó en Occidente
El tropiezo de Filipinas es un aviso para los mercados europeos. El país es un eslabón crucial en la cadena de ensamblaje y testado de semiconductores, donde empresas como Infineon o STMicroelectronics externalizan parte de su producción. Si bien las exportaciones de chips filipinas han resistido gracias a la demanda de inteligencia artificial, una contracción prolongada del consumo en la ASEAN terminaría por recortar los pedidos de bienes de equipo y tecnología que llegan desde Europa.
- Inflación importada: La escalada del petróleo que asfixia a Filipinas también eleva los costes de producción en España, con el Brent instalado por encima de los 100 dólares. El IPC español ha repuntado ya seis décimas en lo que va de año, y un nuevo shock puede retrasar los recortes del Banco Central Europeo.
- Exposición empresarial española: Compañías energéticas españolas con proyectos en Filipinas, como Acciona o Abengoa, podrían enfrentar retrasos en los pagos o en la ejecución de contratos si el gobierno filipino recorta el gasto en infraestructuras para mantener las ayudas sociales.
- Efecto deflacionista global a medio plazo: Si la ralentización se extiende a Tailandia, Indonesia y Vietnam, la demanda mundial de materias primas caerá lo suficiente como para aliviar las tensiones de precios, reforzando la pausa del BCE. Es la paradoja: un mal dato asiático puede ser la mejor noticia para los hipotecados europeos.
El foro de ministros de finanzas de la ASEAN de septiembre y el siguiente informe de inflación filipino serán las dos citas que permitirán calibrar si Manila es un caso aislado o el principio de un contagio regional que Europa no puede ignorar.





