El tañido de un laúd se entremezcla con el redoble de tambores mientras el aroma a pan recién horneado y especias invade las callejuelas empedradas. Los puestos de madera exhiben quesos, cuero y cerámica, y los vecinos, ataviados con túnicas y sayos, conversan sobre la cosecha. No es una película ni un decorado: es el mercado medieval que cada otoño convierte a Sant Martí Sarroca en una máquina del tiempo a solo sesenta kilómetros de Barcelona.
El evento, conocido como Sarroca Medieval, despliega durante dos jornadas de octubre la vida de la Edad Media en torno al conjunto monumental de la Roca, formado por el castillo de Sa Roca —una fortificación del siglo X— y la iglesia románica de Santa María. Desde 2012, esta cita reúne a miles de visitantes que buscan una escapada cultural diferente, con espectáculos de calle, visitas teatralizadas y un mercadal donde prima el producto artesano y de proximidad.
El Penedès, tierra de viñedos y frontera histórica entre la Marca Hispánica y los reinos musulmanes, está salpicado de castillos que antaño defendieron sus lomas. Sant Martí Sarroca es uno de los ejemplos mejor conservados, y su feria medieval ha sabido aprovechar el imponente telón de fondo para ofrecer una experiencia inmersiva que ningún parque temático logra igualar.
El Penedès medieval: castillos, viñedos y frontera
La comarca del Alt Penedès debe buena parte de su fisonomía a la Edad Media. Los condes de Barcelona impulsaron la repoblación de estas tierras a partir del siglo X, y erigieron fortalezas en puntos elevados para controlar el avance sarraceno. El castillo de Sa Roca, situado sobre un promontorio a 286 metros de altitud, fue una de esas atalayas privilegiadas desde las que se dominaba la llanura y las rutas comerciales que unían Tarragona con Barcelona.
Más tarde, cuando la frontera se desplazó al sur, las torres defensivas perdieron su función militar y se convirtieron en residencias señoriales y centros de explotación agraria. La vid fue ganando terreno, y con ella una cultura vinícola que perdura hasta hoy. El mercado medieval de Sant Martí Sarroca rinde homenaje a ese pasado de ballesteros, trovadores y vendimiadores, mezclando el rigor histórico con el entretenimiento familiar.
El conjunto monumental de la Roca: un viaje a los siglos X y XII
El Castell de Sa Roca, declarado Bien de Interés Nacional, hunde sus cimientos en un estrato arqueológico que ha revelado vestigios íberos y romanos. La fortaleza que hoy vemos es el resultado de sucesivas ampliaciones, pero el núcleo original data del siglo X. Su planta irregular se adapta a la roca madre, con muros de sillarejo y una torre del homenaje que aún conserva aspilleras y matacanes.
A los pies del castillo, la iglesia de Santa María representa la otra joya del conjunto. Este templo románico del siglo XII posee una nave única rematada por un ábside semicircular con arcuaciones lombardas, un campanario de espadaña y una cripta que evidencia su vocación religiosa inicial. Ambos monumentos, unidos por un camino empedrado, constituyen uno de los conjuntos patrimoniales más valiosos de la provincia de Barcelona.
Durante la feria, el castillo y la iglesia abren sus puertas para ofrecer visitas que van más allá de la simple contemplación arquitectónica. Los actores locales, bajo la dirección de Ramon Grau, recrean escenas de la vida cotidiana medieval, permitiendo al público conocer las estancias más emblemáticas de la fortaleza y los secretos constructivos del templo.

Representaciones que resucitan el pasado: el teatro como máquina del tiempo
El plato fuerte de Sarroca Medieval son las representaciones teatralizadas en el interior del castillo. Concebidas como un recorrido escénico, las visitas permiten asomarse a las mazmorras, la sala noble y la capilla, mientras los actores —vecinos del municipio— dan vida a personajes históricos. Bajo la dirección de Ramon Grau, el grupo de teatro aficionado ha logrado una puesta en escena que combina el humor con la divulgación rigurosa, un equilibrio que el público aplaude edición tras edición.
Los horarios de las visitas al castillo son:
- Sábado: 12:00, 13:00, 14:00, 16:30, 17:30, 19:00 y 20:00 horas.
- Domingo: 11:00, 12:00, 13:00, 14:00, 16:30, 17:30 y 18:30 horas.
La entrada cuesta cinco euros para los mayores de diez años, y los niños acceden gratis. Las plazas son limitadas, por lo que la organización recomienda adquirir los tiques con antelación en el punto de información instalado junto al castillo.
La iglesia de Santa María también se suma a la propuesta con visitas guiadas que descubren la riqueza artística de este templo milenario. Los pases, igualmente con un precio de cinco euros, se distribuyen así:
- Sábado: 12:00, 13:00, 17:00, 18:00, 19:00 y 20:00 horas.
- Domingo: 11:00, 12:00, 13:00, 17:00, 18:00 y 19:00 horas.
Los guías relatan la evolución del edificio, desde su función religiosa original hasta la restauración liderada por Josep Puig i Cadafalch en 1906, un hito del patrimonio catalán.
La ambientación medieval se completa con música en directo y actuaciones de calle a cargo de juglares, caballeros y malabaristas, que recorren el recinto ferial desde las once de la mañana hasta las nueve de la noche. El sonido del salterio y la zanfona, instrumentos ancestrales, pone banda sonora a un paseo que despierta los sentidos.

Los sabores del medievo: embutidos, miel y vino de la tierra
El mercado despliega más de medio centenar de paradas que recrean la estética de los antiguos mercaderes. En ellas, los artesanos trabajan en vivo el cuero, la cerámica, la forja y los tejidos, ofreciendo piezas únicas difíciles de encontrar en los circuitos comerciales convencionales. La oferta gastronómica no se queda atrás: los visitantes pueden degustar embutidos artesanos elaborados en la comarca, dulces con miel de romero y, sobre todo, los vinos de la Denominación de Origen Penedès, protagonistas indiscutibles de la zona enológica habilitada junto al castillo.
Los productores locales explican al visitante las virtudes de cada alimento: la longaniza seca curada en los secaderos de la sierra, el requesón de oveja con miel de brezo, el pan de espelta cocido en horno de leña. Las catas de vino, maridadas con quesos y aceites de la tierra, se han convertido en una de las actividades más demandadas. Los caldos blancos de xarel·lo y macabeo, frescos y aromáticos, contrastan con los tintos de merlot y cabernet sauvignon, más estructurados, reflejando la diversidad de microclimas del Penedès.
«No hay intermediarios; aquí tratas directamente con quien ha elaborado el queso o ha cultivado la uva», explican desde la organización municipal. Esta cercanía impulsa la economía de la comarca y permite al viajero llevarse a casa un pedazo auténtico del territorio.
Guía práctica: horarios, entradas y acceso a la feria
El recinto ferial abre sus puertas de 11:00 a 21:00 horas tanto el sábado como el domingo. La asistencia es gratuita, con la excepción de las visitas teatralizadas al castillo y las guiadas a la iglesia, que tienen un coste de 5 euros (menores de diez años, gratis). La organización recomienda llevar calzado cómodo, ya que las calles son empedradas y hay pendientes pronunciadas.
Sant Martí Sarroca se encuentra a sesenta kilómetros de Barcelona, un trayecto que se cubre en aproximadamente una hora. Para los conductores, la ruta más rápida discurre por la autopista AP-7 hasta la salida de Vilafranca del Penedès, y desde allí, en diez minutos por carretera secundaria, se alcanza el municipio. Aparcar cerca del casco antiguo puede resultar complicado en hora punta; se habilita un párking disuasorio a las afueras.
Quienes prefieran el transporte público pueden tomar la línea R4 de Cercanías de Renfe hasta Vilafranca del Penedès y, desde la estación, un autobús interurbano que conecta con Sant Martí Sarroca. Las frecuencias de los autobuses se reducen los fines de semana, por lo que conviene planificar la vuelta.
Una vez en la feria, el acceso al conjunto monumental puede hacerse a pie, ascendiendo por las empinadas calles del casco antiguo, o bien mediante un tren turístico que parte de la avenida del Castell al módico precio de un euro. Este pequeño ferrocarril facilita la llegada a las zonas más elevadas, especialmente útil para familias con niños pequeños o personas con movilidad reducida.

Josep Puig i Cadafalch: el hombre que salvó Santa María
La iglesia de Santa María no siempre lució el esplendor que hoy se aprecia. Durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), la fortaleza de Sa Roca sufrió graves daños que también afectaron al templo. El abandono posterior aceleró su deterioro, hasta que en 1906 el arquitecto y político Josep Puig i Cadafalch asumió su restauración, en lo que se considera el primer gran encargo documentado de recuperación patrimonial en Cataluña.
Puig i Cadafalch, figura clave del modernismo catalán y posterior presidente de la Mancomunitat, intervino con sensibilidad tanto en el interior como en el exterior del edificio. Respetó la estructura románica original, pero incorporó elementos decorativos que realzaron su valor artístico. Los frescos rescatados bajo capas de cal, los capiteles esculpidos con motivos vegetales y la cripta abovedada son algunos de los hallazgos que el público puede admirar hoy gracias a aquella intervención pionera.
Durante las visitas guiadas de la feria, los guías ponen especial énfasis en esta restauración, mostrando fotografías del antes y el después, y relatando cómo el arquitecto logró armonizar el pasado medieval con los criterios conservacionistas del siglo XX. La historia de este rescate patrimonial añade una capa más de profundidad a la experiencia del mercado medieval.
Dormir entre murallas: el castillo por 822 euros
Más allá del evento, el Castell de Sa Roca esconde una curiosidad que sorprende a muchos visitantes: puede alquilarse para celebraciones privadas. El precio para disponer del castillo íntegro es de 822 euros, aunque también existe la opción de alquilar salas individuales por 217 euros. Bodas, banquetes y eventos corporativos han encontrado en esta fortaleza medieval un marco incomparable, dominando las llanuras salpicadas de viñedos.
Esta doble vida —monumento histórico y espacio para eventos— refleja la filosofía del municipio: conservar el patrimonio, pero al mismo tiempo insuflarle vida con usos contemporáneos. La feria medieval es el máximo exponente de esta vocación, pero no el único; a lo largo del año se organizan otras actividades culturales que aprovechan la magia del enclave.
Cada otoño, el castillo de Sa Roca vuelve a vestirse de época, los tambores retumban en la colina y los artesanos despliegan sus mercancías. Mientras haya vecinos dispuestos a representar a sus antepasados y viajeros que se dejen llevar por la música del laúd, la historia seguirá latiendo en este rincón del Penedès, a una hora escasa de Barcelona pero a siglos de distancia.



