Regulación de IA en los mercados: El Banco de Inglaterra pide un ‘botón del pánico’

La vicegobernadora Sarah Breeden admite que aún no existe un diseño operativo del mecanismo y avisa de que los supervisores deben prepararse ya. La Fed, el BCE y el BIS comparten el diagnóstico sobre algoritmos que reaccionan igual.

La regulación de la IA en los mercados sube un escalón: el Banco de Inglaterra diseña un botón de emergencia. El banco central británico reconoce que todavía no sabe cómo funcionaría ese mecanismo, pero sostiene que los supervisores no pueden esperar a que la negociación mediante agentes autónomos sea mayoritaria para empezar a construir la respuesta.

Claves de la operación

  • Un apagado todavía sin diseño. El Banco de Inglaterra estudia un mecanismo de emergencia para detener sistemas de IA que amenacen la estabilidad financiera, sin concretar su arquitectura ni quién tendría la potestad de activarlo.
  • El diagnóstico ya es compartido. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Pagos Internacionales alertan de operaciones correlacionadas, colusión tácita entre algoritmos y dislocaciones de liquidez en episodios de estrés.
  • España tiene la infraestructura, no la norma. BME aplica rangos estáticos y dinámicos de precios desde hace más de una década, pero no existe un instrumento equivalente y público para desconectar agentes autónomos.

Sarah Breeden, vicegobernadora del banco central británico, admitió en un podcast de la Wharton School que el diseño sigue abierto. Su advertencia no era sobre la herramienta, sino sobre el calendario: ‘No creo que vayamos tarde, pero tampoco estoy segura de que nos quede demasiado tiempo’.

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El riesgo que nadie sabe medir: agentes que se copian entre sí

El temor del Banco de Inglaterra apunta a un mecanismo concreto. Que distintos agentes de IA reaccionen de forma similar ante una misma señal, se coordinen de manera implícita o retroalimenten sus propias decisiones. Una orden de venta puede desencadenar nuevas ventas en cuestión de segundos y transformar una corrección ordinaria en una espiral de volatilidad, problemas de liquidez y caídas abruptas de precios.

La Reserva Federal lleva meses recorriendo el mismo terreno. Su informe de estabilidad financiera advierte de que una utilización generalizada de algoritmos que reaccionan de forma parecida ante los mismos acontecimientos puede exacerbar la volatilidad y provocar movimientos bruscos, episodios de flash crash y dislocaciones en los mercados. No es solo un riesgo de precio, sino de estructura de mercado: operaciones correlacionadas, colusión entre algoritmos, manipulación y una mayor concentración.

Michael Barr, exvicepresidente de Supervisión de la Fed, llegó a señalar que algoritmos diseñados para maximizar beneficios podrían aprender por sí mismos comportamientos que desembocaran en colusión tácita o manipulación, además de estrategias capaces de generar volatilidad significativa. La gobernadora Lisa Cook insistió después en la diferencia con los algoritmos tradicionales: la IA generativa se adapta y resulta difícil de interpretar incluso para los humanos que la diseñan.

El mercado ya no se mueve por lo que deciden los operadores, sino por lo que aprenden miles de sistemas cuya reacción bajo estrés nadie sabe anticipar.

La Fed, el BCE y el BIS comparten el diagnóstico, no la herramienta

El Banco Central Europeo ha empezado a poner a prueba estos riesgos con simulaciones. Un estudio de la entidad reprodujo el comportamiento de distintas arquitecturas de inteligencia artificial y concluyó que determinados algoritmos de aprendizaje por refuerzo alcanzaban un elevado grado de coordinación y podían generar dinámicas extremas comparables a una corrida bancaria. Los modelos de lenguaje mostraron menos tendencia a esos episodios, pero comportamientos más heterogéneos, e impredecibles. La propia arquitectura del modelo se convierte en fuente de inestabilidad.

El Banco de Pagos Internacionales comparte el diagnóstico y añade un matiz operativo. La IA acelera las operaciones y los ajustes de cartera: en condiciones normales mejora la eficiencia, pero en episodios de estrés intensifica las fluctuaciones de precios y presiona la liquidez. El organismo alerta además de la dependencia de un puñado de proveedores de modelos, nube y datos, una vulnerabilidad que no es de mercado, sino de infraestructura.

riesgo sistémico IA

Los supervisores reconocen que la IA no tiene por qué aumentar necesariamente la inestabilidad. La Fed señala que los modelos capaces de procesar más información también pueden diversificar las señales que usan los inversores y reducir conductas gregarias. El problema es de ritmo. La tecnología avanza más rápido que la capacidad de supervisión, y nadie puede garantizar hoy cómo se comportarán millones de sistemas autónomos en el próximo episodio de estrés.

Qué puede hacer España si el algoritmo se desboca

La discusión llega a Madrid con una paradoja. El mercado español opera con rangos estáticos y dinámicos de precios desde hace más de una década, un mecanismo heredado de la reforma de 2010 y mantenido por BME, hoy integrado en el grupo suizo Six tras la opa cerrada en 2020. Esos rangos detienen una orden, no una estrategia. España tiene la infraestructura, pero no la norma que permita desconectar a un agente autónomo que esté amplificando una caída.

Añadamos otro elemento. MiFID II obliga desde 2018 a notificar y registrar los algoritmos de negociación ante el supervisor, y el CNMV mantiene esa vigilancia. Lo que no existe es una herramienta de intervención sobre modelos que aprenden en tiempo real. El Reglamento Europeo de IA no sitúa la negociación algorítmica entre los usos de alto riesgo que enumera su anexo, y el reglamento de resiliencia operativa digital, en aplicación desde enero de 2025, cubre el riesgo tecnológico de las entidades, no la interacción entre modelos de terceros. Ninguna norma obliga a declarar qué hace un modelo por dentro.

En esta redacción entendemos que el ‘botón del pánico’ resuelve el relato, no el problema. Apagar un sistema exige saber qué está haciendo, con qué señal y a qué velocidad, y esa trazabilidad sigue sin resolverse. Una autoridad que pulse el interruptor sin poder reconstruir la cadena de decisiones puede convertir una corrección en un cierre desordenado.

El botón de emergencia no sustituye la obligación de trazabilidad. El hito que conviene vigilar llegará con los informes de estabilidad financiera que la Fed y el BCE publican en el tramo final del año: si ninguno concreta un protocolo de intervención, la advertencia de Breeden seguirá siendo exactamente eso, una advertencia.


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