Leapmotor B10 Zaragoza: el eléctrico más vendido de España se fabricará este año

El SUV compacto de origen chino ha liderado las matriculaciones de eléctricos puros en julio con un motor de última generación. La planta de Zaragoza comenzará la producción en los próximos meses, reforzando el clúster industrial aragonés.

El Leapmotor B10 ha llegado al mercado español y ya es noticia. En julio, este SUV compacto se convirtió en el coche eléctrico más vendido en España, superando a modelos consolidados. Lo hace con una propuesta difícil de ignorar: 22.500 euros de precio de partida, un diseño sin estridencias y una habitabilidad que supera a rivales de mayor tamaño. Pero el dato que transforma la anécdota en un hito industrial es otro: se fabricará en Zaragoza antes de que termine 2026.

El protagonista de esta historia es un modelo de origen chino que la alianza entre Leapmotor y Stellantis ha escogido para conquistar el mercado europeo. La planta aragonesa de Figueruelas, que lleva décadas ensamblando modelos del grupo automovilístico, asumirá la producción del B10 en una operación que tiene tanto de logística como de estrategia comercial.

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Un eléctrico que convence a base de precio y pragmatismo

Los datos de matriculaciones de julio reflejan que el B10 ha calado en un segmento donde el coste sigue siendo la principal barrera. Con un precio de acceso que se queda por debajo de lo que cuestan muchos utilitarios de combustión equivalentes, el vehículo ofrece autonomía homologada en el entorno de los 400 kilómetros y un equipamiento de serie que incluye pantalla central, conectividad y sistemas de asistencia a la conducción. Nada de concesiones habituales en las versiones de entrada.

He visto unidades de este coche circulando por la periferia de Zaragoza y la sensación que transmite es de producto maduro. No hay vibraciones extrañas, los ajustes interiores son correctos y el espacio trasero es muy superior al que uno espera al mirar la carrocería desde fuera. La marca ha decidido atacar el mercado por la vía práctica y los números le están dando la razón.

Zaragoza toma el testigo de la electrificación nacional

La confirmación de que el B10 se ensamblará en la factoría de Stellantis en Figueruelas este mismo año añade una capa de relevancia a la noticia. La instalación, que ya produce modelos como el Opel Corsa o el Citroën C3, incorporará las líneas de montaje necesarias para dar salida a una previsión de demanda que apunta a varios miles de unidades al año, según fuentes cercanas a la compañía.

El movimiento no es improvisado. La producción en serie comenzará en el último trimestre de 2026, con el objetivo de atender el mercado ibérico y liberar capacidad en otras plantas para suministrar a Europa. Se habla de un ritmo que podría rozar las 20.000 unidades anuales en en una primera fase, aunque la cifra no ha sido confirmada oficialmente.

Que el coche más vendido se ensamble en suelo español no es solo una victoria comercial: es un síntoma de que la electrificación se juega en la cadena de suministro.

El fabricante chino que encontró en Stellantis el socio perfecto

La historia del B10 en España no se explica sin la joint venture entre Leapmotor y Stellantis, sellada en 2024. El acuerdo permite a la firma china eludir los aranceles europeos a los eléctricos asiáticos y, al mismo tiempo, ofrece al grupo automovilístico un modelo con el que llenar sus factorías y mantener volúmenes de producción en un momento en que otras tecnologías pierden fuelle.

Este esquema —tecnología china, ensamblaje europeo y precio competitivo— está siendo observado con atención por otros fabricantes. Algunos lo consideran una concesión de soberanía industrial, pero los números hablan claro: sin vehículos asequibles, la transición al coche enchufable se atragantaría. Y España, con un tejido industrial que depende del automóvil en un 10% del PIB, necesita que sus fábricas sigan rodando.

El B10 aterriza sin estridencias pero con una eficacia demoledora. Las comparaciones con un Kia Sportage, modelo que cuesta 10.000 euros más, se han convertido en un lugar común entre quienes ya han probado el coche. Ese diferencial explica en buena medida su éxito: no se trata de un capricho ecológico, sino de una decisión de compra racional que la coyuntura económica convierte en casi inevitable.

La pregunta no es si Zaragoza se consolidará como un nodo relevante en la electrificación europea. Eso ya está pasando. La cuestión es cuántos modelos seguirán el camino del B10 cuando Bruselas revise sus políticas comerciales y los consumidores terminen de abandonar el miedo a la autonomía. El tiempo dirá, pero la apuesta aragonesa tiene toda la pinta de haber llegado en el momento justo.


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