Estados Unidos y Arabia Saudí han firmado el histórico acuerdo 123 de cooperación nuclear civil, un pacto que abre de par en par el mercado saudí a los reactores estadounidenses —incluidos los pequeños reactores modulares (SMR)— y marca un punto de inflexión en la transición energética del mayor exportador de petróleo del mundo. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, rubricaron el texto el pasado 22 de julio, según confirmaron ambos departamentos energéticos.
Un mercado multimillonario para los reactores y SMR de Estados Unidos
El mecanismo, que toma su nombre de la Sección 123 de la Ley de Energía Atómica de 1954, establece el marco legal para una cooperación nuclear civil de 30 años con un potencial económico que Washington cifra en “varios miles de millones de dólares”. Sin este acuerdo, ningún reactor, combustible ni componente nuclear importante de origen estadounidense puede exportarse a un país socio. Ahora, las empresas norteamericanas tendrán vía libre para competir en la construcción del primer parque nuclear saudí, un proyecto que el reino llevaba años madurando.
El apetito es concreto: Arabia Saudí proyecta una primera central con dos reactores de 1,4 GW cada uno, una potencia total de 2.800 MW que, con un factor de capacidad del 90 %, generará unos 22,1 TWh al año, casi el 5 % de la electricidad que produce el país. Para las compañías estadounidenses, el pastel no se limita a los grandes reactores de agua ligera: la nueva generación de SMR, más pequeños y modulares, encaja en un reino que busca diversificar su mix y electrificar zonas remotas con una huella de carbono baja.
El gran “pero”: la exigencia de normalización con Israel
Vamos a la letra pequeña. El presidente Donald Trump ha condicionado la cooperación nuclear a que Riad normalice sus relaciones con Israel, una línea roja que el príncipe heredero Mohamed bin Salmán ha vinculado a la creación de un Estado palestino con Jerusalén Este como capital. Es decir, el despliegue del programa nuclear civil estadounidense en Arabia Saudí —y los miles de millones que conlleva— depende de una ecuación geopolítica aún sin resolver. La Casa Blanca insiste en que el pacto “refuerza la no proliferación”, pero el verdadero candado no es técnico, sino diplomático.
El acuerdo prohíbe expresamente el enriquecimiento de uranio en territorio saudí, un blindaje clave contra cualquier riesgo de proliferación. Arabia Saudí, que posee reservas de uranio y aspiraba a dominar el ciclo completo del combustible, acepta ahora depender de suministros externos. Para los estándares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), esta cláusula representa un anclaje de gobernanza no menor, aunque la condicionalidad geopolítica añade una capa de incertidumbre que los inversores responsables no pasan por alto.

Por el momento, el acuerdo debe ser sometido a revisión del Congreso estadounidense, un trámite que, si bien suele ser fluido, la tensión sobre el enriquecimiento podría reabrir debates. Las fuentes oficiales no detallan un calendario para la construcción de la primera planta, aunque la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que, tras las licencias, un reactor puede tardar unos cinco años o más en estar operativo.
El acuerdo no es solo un contrato de exportación: es una palanca para que el mayor exportador de crudo reduzca su dependencia del petróleo para generar electricidad.
La energía nuclear como palanca de descarbonización en Arabia Saudí
Ahora, la otra lectura de este pacto es la climática. Arabia Saudí quemó en 2023 alrededor del 28 % del petróleo y la totalidad del gas natural que produjo para consumo interno, según los últimos datos oficiales. De sus 431,9 TWh de generación eléctrica, la práctica totalidad procede de hidrocarburos, lo que lastra las emisiones y reduce los barriles disponibles para la exportación, justo cuando la demanda mundial de crudo empieza a mirar hacia el techo que pronostica la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
La central nuclear prevista —con sus 22,1 TWh anuales— sustituirá generación fósil por electricidad limpia y estable. Aunque la fuente original no detalla las toneladas de CO2 evitadas, el impacto en la descarbonización del mix saudí es estructural: por primera vez, el reino pondrá en servicio una fuente de carga base sin emisiones directas, alineada con los objetivos climáticos de su plan Visión 2030. Además, liberará crudo que hoy se quema en centrales térmicas, potenciando las exportaciones en un contexto de transición global.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 evitado: No detallado en la fuente oficial, pero la generación nuclear sustituirá hidrocarburos, contribuyendo significativamente a la descarbonización del mix eléctrico saudí.
- Capacidad / magnitud: 2.800 MW (dos reactores de 1.400 MW), con una generación anual estimada de 22,1 TWh.
- Inversión: Varios miles de millones de dólares en el despliegue de tecnología estadounidense a lo largo de 30 años.
- Equivalencia tangible: Cubre casi el 5 % de la generación eléctrica actual de Arabia Saudí y libera petróleo que hoy se quema para el mercado de exportación.
Más allá del petróleo: el papel de la nuclear en la transición energética global
Para entender la magnitud de este movimiento, conviene mirar a los vecinos. Emiratos Árabes Unidos ya opera la planta de Barakah, con 5.600 MW nucleares que cubren un cuarto de su electricidad. Ahora, Arabia Saudí se suma a la tendencia de los grandes productores de hidrocarburos que apuestan por la fisión para diversificar su economía, mejorar su intensidad de emisiones y, de paso, blindar su influencia energética sin depender exclusivamente del crudo en un mundo que electrifica su demanda. Con esta firma, el reino no solo adquiere reactores, sino también un aliado tecnológico con décadas de experiencia en seguridad nuclear.
Eso sí, la letra pequeña de la exigencia israelí imprime un ritmo difícil de prever. Si la normalización no avanza, el despliegue de los primeros 2.800 MW podría dilatarse más allá de los plazos técnicos. No obstante, el solo hecho de que un país que produce el 11 % del crudo mundial planee sustituir el 5 % de su generación con energía nuclear envía una señal inequívoca al mercado: la transición energética es ya un asunto de competitividad, y la tecnología limpia —sea renovable o nuclear— se impone incluso en la cuna del petróleo.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 22,1 TWh/año de electricidad sin emisiones directas, reduciendo la quema doméstica de hidrocarburos y liberando crudo para exportación.
- Modelo que cambia: El principal exportador de petróleo incorpora la energía nuclear como base de su mix, acelerando la diversificación y la descarbonización en Oriente Medio.
- Para las próximas generaciones: el acuerdo sienta las bases de una economía saudí menos dependiente de los combustibles fósiles, con un sistema eléctrico más limpio que heredarán los ciudadanos del futuro.





